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El Deseo del Amaranta Hank Trio

6980 palabras

El Deseo del Amaranta Hank Trio

La noche en el antro de Polanco estaba caliente como el chile en nogada. Las luces neón parpadeaban sobre la pista, el reggaetón retumbaba en mis huesos y el olor a tequila reposado se mezclaba con el sudor de cuerpos pegados. Yo, Amaranta, con mi vestido negro ajustado que dejaba poco a la imaginación, me movía al ritmo, sintiendo las miradas clavadas en mis curvas. Neta, esa noche quería algo más que bailar. Quería sentirme viva, deseada, hasta el fondo.

Ahí los vi: Hank y Trio. Hank, el moreno alto con ojos que prometían travesuras, camisa entreabierta mostrando su pecho tatuado. Trio, su carnal, más delgado pero con una sonrisa pícara que te deshace las rodillas, pelo revuelto y jeans que marcaban justo lo necesario. Wey, eran como un imán. Me acerqué a la barra, pedí un michelada con sal y limón fresco, y sentí su presencia antes de que hablaran.

¿Qué pedo, preciosa? ¿Bailamos o qué? dijo Hank, su voz grave rozándome la oreja como una caricia.

Me giré, sonriendo con picardía. "Órale, cabrones, pero agárrense que yo no soy de las que se deja". Reímos los tres, y de ahí fluyó. Platicamos de la vida en la CDMX, de cómo el tráfico te hace pendejo pero las noches te compensan. Hank me contó que él y Trio eran compas de la prepa, inseparables, y que juntos formaban el Amaranta Hank Trio esa noche, porque yo acababa de bautizarlos con mi presencia. Trio soltó una carcajada, su mano rozando mi brazo, enviando chispas por mi piel.

El deseo empezó chiquito, como un cosquilleo en el estómago. Bailamos pegados, sus cuerpos contra el mío. Sentía el calor de Hank en mi espalda, su verga semi-dura presionando mis nalgas al ritmo del bajo. Trio al frente, sus caderas guiando las mías, su aliento con sabor a cerveza en mi cuello. Olía a colonia barata pero sexy, a hombre listo para todo. Mi concha se humedecía con cada roce, el aire cargado de feromonas y promesas.

Acto primero: la chispa. Salimos del antro riendo, el viento fresco de la medianoche refrescando mi piel ardiente. Caminamos por las calles iluminadas de Masaryk, luces de tiendas de lujo parpadeando. ¿Vamos a mi depa? Está cerca y tiene vista chida al skyline, propuso Hank. Asentí, el pulso acelerado. Trio me tomó de la mano, sus dedos entrelazados con los míos, fuertes y cálidos. En el elevador, el silencio era espeso, solo roto por nuestras respiraciones. Me mordí el labio, imaginando qué vendría.

El depa era moderno, minimalista, con ventanales enormes mostrando la ciudad brillando. Puse música suave, un poco de rancheras electrónicas para ambientar. Nos servimos tequilas en shots, el líquido quemando la garganta, soltando las inhibiciones. "Salud por el Amaranta Hank Trio", brindamos, y sus ojos se clavaron en mí, hambrientos.

Me acerqué a Hank primero, mis labios rozando los suyos. Su boca sabía a sal y deseo, lengua invadiendo con urgencia. Trio observaba, su mano bajando por mi espalda, desabrochando el vestido. Lo dejé caer, quedando en tanga y bra negro de encaje. Qué mamacita, murmuró Trio, su voz ronca. Sus manos exploraron mis tetas, pezones endureciéndose bajo sus pulgares. Hank me besaba el cuello, mordisqueando suave, mientras yo palpaba su paquete, duro como piedra.

El medio acto ardía. Nos tumbamos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi piel caliente. Hank se quitó la camisa, revelando abdominales marcados, sudor perlando su piel morena. Trio igual, su cuerpo atlético brillando bajo la luz tenue. Yo en el centro, reina del Amaranta Hank Trio. Les ordené chupenme, y obedecieron. Hank lamió mis tetas, succionando fuerte, enviando descargas a mi clítoris. Trio bajó, besando mi ombligo, luego mi monte de Venus. Separó mis piernas, inhalando mi aroma almizclado de excitación. Su lengua encontró mi concha empapada, lamiendo lento, saboreando mis jugos dulces y salados.

Dios, qué rico... no paren, weyes...

Mi mente era un torbellino: Esto es lo que necesitaba, dos machos adorándome, sus lenguas y manos en cada centímetro. Neta, soy la puta más afortunada de México. Gemí, arqueando la espalda, el sonido de sus chupadas húmedas llenando la habitación. Hank subió, metiendo su verga en mi boca. La chupé ansiosa, sintiendo sus venas pulsantes, el sabor salado de su pre-semen. Trio metió dos dedos en mí, curvándolos contra mi punto G, mientras lamía mi clítoris hinchado. El placer crecía en olas, mi cuerpo temblando, pero no quería correrme aún. Los detuve, jadeante.

"Quiero sus vergas adentro, ahora". Se pusieron condón, reluciendo con lubricante. Me puse a cuatro patas, invitándolos. Hank entró primero por atrás, su verga gruesa estirándome delicioso. ¡Ay, cabrón, qué grande! empujó profundo, sus bolas golpeando mi clítoris. Trio al frente, yo lo mamé mientras Hank me taladraba. El ritmo sincronizado, sus gruñidos mezclándose con mis alaridos. Olía a sexo puro: sudor, lubricante, mi excitación goteando por mis muslos.

Cambiaron. Trio en mi concha, más rápido, sus caderas chocando con un plaf plaf rítmico. Hank en mi boca, follándome la garganta suave. Sentía sus pulsos acelerados, venas latiendo contra mis labios. Esto es el paraíso, el Amaranta Hank Trio en acción plena. La tensión subía, mis paredes contrayéndose alrededor de Trio, ordeñándolo. Él gimió "Me vengo, Amaranta", explotando en el condón. Hank lo relevó, embistiéndome feroz, sus manos en mis caderas magullándome de placer.

El clímax del acto final. Me voltearon, yo encima de Hank, cabalgándolo como amazona. Su verga tocaba mi cervix, ondas de éxtasis recorriéndome. Trio se paró sobre nosotros, yo lo chupé mientras rebotaba. El sudor nos unía, piel resbaladiza, bocas devorándose. Siento sus corazones latiendo conmigo, somos uno. Grité, el orgasmo rompiéndome en mil pedazos, jugos salpicando, cuerpo convulsionando. Hank se corrió segundos después, rugiendo mi nombre. Trio eyaculó en mi boca, tragué su leche caliente, salada y espesa.

Colapsamos, enredados, respiraciones entrecortadas. El aroma a sexo impregnaba el aire, sábanas revueltas testigos de nuestra locura. Hank me besó la frente, Trio acarició mi pelo. "Eres increíble, Amaranta. El mejor Amaranta Hank Trio ever", dijo Hank riendo bajito. Yo sonreí, saciada, el cuerpo pesado de placer residual.

Esta noche cambió todo. No solo follamos, conectamos. Mañana quién sabe, pero esta conexión mexicana, ardiente y real, se queda conmigo para siempre.

Nos quedamos así hasta el amanecer, la ciudad despertando afuera, mientras nosotros dormíamos en paz, marcados por el deseo cumplido.

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