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Culonas en Trío Ardiente

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Culonas en Trío Ardiente

La noche en la playa de Playa del Carmen estaba cargada de ese calor húmedo que se pega a la piel como una promesa. El sonido de las olas rompiendo suave contra la arena se mezclaba con el ritmo pesado del reggaetón que retumbaba desde el bar playero. Yo, Juanito, acababa de llegar de la CDMX buscando un poco de aventura, y vaya si la encontré. Ahí estaban ellas, Sofia y Carla, dos culonas de esas que hacen que cualquier carnal se detenga a mirar. Sofia con su vestido rojo ceñido que acentuaba esas nalgas redondas y firmes, meneándose al ritmo de la música, y Carla a su lado, en shorts diminutos que apenas contenían su trasero carnoso, riendo con esa picardía mexicana que te calienta la sangre.

Me acerqué con una cerveza en la mano, sintiendo el olor salado del mar mezclado con el perfume dulce de sus cuerpos.

Órale, carnal, ¿qué pedo? ¿Vienes solo o qué?
me soltó Sofia con una sonrisa que prometía problemas del bueno. Su voz ronca, con ese acento yucateco que suena como miel caliente. Carla me guiñó el ojo, rozando su cadera contra la mía accidentalmente —o no tan accidental—. Neta, estas morras son puro fuego, pensé mientras charlábamos de todo y nada: de la vida en la playa, de lo chido que era Cancún de noche, de cómo el calor nos tenía sudando.

La tensión creció rápido. Sofia me tomó de la mano y me jaló a bailar, su culazo presionándose contra mi entrepierna al compás de la música. Sentí el calor de su piel a través de la tela delgada, el sudor perlado en su espalda baja que brillaba bajo las luces neón. Carla se pegó por detrás, sus tetas suaves aplastándose contra mí, sus manos explorando mi pecho.

¿Te late un trío con nosotras, guapo? Somos culonas en trío, lo mejor que vas a probar en tu vida
, susurró Carla al oído, su aliento cálido oliendo a tequila y menta. Mi verga se endureció al instante, latiendo contra el pantalón. ¿Esto está pasando de veras? Dos diosas mexicanas queriendo comerme vivo.

Nos fuimos del bar sin pensarlo dos veces, caminando por la arena tibia bajo la luna llena. El viento traía el aroma de cocos y mariscos asados de los puestos lejanos. Llegamos a la suite de ellas en un resort chido, con vista al Caribe. La puerta se cerró con un clic que sonó como el inicio de algo épico. Sofia me empujó contra la pared, besándome con hambre, su lengua danzando con la mía, saboreando a sal y deseo. Carla se arrodilló, desabrochándome el pantalón, liberando mi verga tiesa que saltó ansiosa.

Acto uno completo, ahora viene lo heavy, me dije mientras las luces tenues del cuarto iluminaban sus curvas. Sofia se quitó el vestido, revelando unas chichis grandes y firmes, pezones oscuros endurecidos. Carla hizo lo mismo, su culo enorme rebotando al quitarse los shorts. Ambas eran puro pecado: piel morena brillante de sudor, nalgas que pedían ser azotadas suavemente. Me tumbaron en la cama king size, las sábanas frescas contrastando con el calor de sus cuerpos.

Empezaron lento, construyendo la tensión como expertas. Sofia se montó en mi cara, su coño depilado rozando mis labios, oliendo a excitación pura, jugoso y dulce.

Lame, pendejo rico, lame mi clítoris hasta que grite
, ordenó con voz jadeante. Lamí con ganas, saboreando sus jugos que goteaban en mi boca, mi lengua girando alrededor de ese botón hinchado mientras ella gemía bajito, ay, qué rico, carnal. Carla, meanwhile, chupaba mi verga como diosa, succionando la cabeza con labios carnosos, su saliva caliente resbalando por el tronco. Sentía su lengua trazando venas, sus manos masajeando mis huevos pesados. El sonido de succiones húmedas llenaba el cuarto, mezclado con los jadeos de Sofia que se mecía sobre mi rostro, sus nalgas aplastándome las mejillas.

La intensidad subió cuando cambiaron posiciones. Sofia se bajó y se puso a cuatro, su culazo en alto invitándome. Métela, Juanito, fóllame duro, rogó. Empujé mi verga dentro de su coño apretado, caliente como volcán, sintiendo cómo sus paredes me apretaban, succionándome. El slap-slap de mi pelvis contra sus nalgas resonaba, rojo el sonido de carne contra carne. Carla se acostó debajo de ella, lamiendo donde nos uníamos, su lengua rozando mi verga y el clítoris de Sofia al mismo tiempo.

¡Sí, así, culonas en trío es lo máximo, neta!
gritó Sofia, sus tetas balanceándose, sudor goteando de su frente.

Mi mente era un torbellino:

Estas morras me van a matar de placer, pero qué chingón morir así
. Cambiamos otra vez. Carla se montó en mí, su culo gigante rebotando mientras cabalgaba, up and down, sus nalgas chocando contra mis muslos con un ¡plaf! que vibraba en todo mi cuerpo. Sofia se sentó en mi pecho, frotando su coño mojado contra mi piel, besándome mientras sus jugos me empapaban. Olía a sexo puro: almizcle, sudor, lubricante natural. Mis manos amasaban esos culos legendarios, dedos hundiéndose en carne suave y elástica, sintiendo contracciones cuando gemían alto.

La escalada fue brutal. Carla aceleró, su coño apretándome como puño, gritando ¡me vengo, cabrón, me vengo!. Su orgasmo la sacudió, jugos chorreando por mis bolas, su cuerpo temblando. Sofia tomó el relevo, montándome reverse cowgirl para que viera su culazo en acción, rebotando hipnótico. La follé desde abajo, embistiendo fuerte, mis caderas chocando. Carla lamía sus chichis, mordisqueando pezones, haciendo que Sofia se arqueara. El calor, los gemidos, el olor... todo me lleva al borde.

El clímax llegó como tsunami. Sofia se vino primero, su coño convulsionando alrededor de mi verga, gritando

¡Ay, Diosito, qué rico tu vergón!
, uñas clavándose en mis muslos. Eso me empujó al límite. Me salí y eyaculé chorros calientes sobre sus nalgas, pintando esos culos perfectos de leche espesa que goteaba lenta. Carla lamió todo, succionando restos de mi verga y de la piel de Sofia, un beso final entre ellas compartiendo mi semen, saboreándolo con lenguas entrelazadas.

Nos derrumbamos en la cama, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. El aire acondicionado zumbaba suave, trayendo brisa fresca a nuestra piel ardiente. Sofia acarició mi pecho,

Qué chido estuvo ese trío, carnal. Eres un semental
. Carla rio bajito, besando mi cuello, su aliento aún agitado. Neta, esto es lo que necesitaba: puro placer sin complicaciones, con dos culonas que saben lo que quieren.

Nos quedamos así un rato, escuchando las olas lejanas, el corazón latiendo en sincronía. Mañana sería otro día en el paraíso, pero esta noche, culonas en trío, había sido inolvidable. Un cierre perfecto, con promesas de más en el aire salado.

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