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Mi Trio con Culonas Irresistibles

5828 palabras

Mi Trio con Culonas Irresistibles

La noche en Puerto Vallarta olía a sal marina y coco tostado, con el rumor de las olas rompiendo suave contra la arena. Yo, un wey de treinta tacos que andaba de vacaciones, me topé con ellas en la fiesta de la playa. Ana y Luisa, dos culonas de esas que te hacen babear nomás de verlas caminar. Ana, con su piel morena brillando bajo las luces de neón, meneando ese culazo redondo que parecía desafiar la gravedad. Luisa, un poquito más clara, con curvas que gritaban ven y tócalas. Neta, desde el primer vistazo supe que este trio con culonas iba a ser el highlight de mi viaje.

Estábamos en la barra, pidiendo chelas heladas, cuando Ana se acercó con una sonrisa pícara. "Órale, guapo, ¿vienes solo o qué?" dijo, rozando mi brazo con sus dedos calientes. Su perfume, una mezcla de vainilla y algo salvaje, me envolvió como una ola. Luisa se pegó por el otro lado, su cadera chocando contra la mía, y sentí el calor de su cuerpo a través del vestido ajustado que apenas contenía esas nalgas firmes. "Nosotras tampoco, carnal", soltó Luisa, guiñándome el ojo. Hablamos pendejadas, riéndonos de los turistas borrachos bailando reggaetón. Pero el aire entre nosotros se cargaba de electricidad, como antes de una tormenta.

¿De veras va a pasar esto? Dos culonas así, queriendo lo mismo que yo. Mi verga ya palpitaba solo de imaginarlo.

El deseo creció mientras bailábamos. Sus cuerpos se movían contra el mío, Ana presionando su culo contra mi entrepierna, girando lento al ritmo de Despacito. Sentí la suavidad de su piel sudada bajo mis manos, el roce de su tanga fina. Luisa me besaba el cuello, su aliento caliente oliendo a tequila y menta. "Te vemos chido, wey", murmuró Ana en mi oído, mordisqueándome el lóbulo. Mi corazón latía como tambor, y el bulto en mis shorts ya no se disimulaba. Les propuse ir a mi suite en el resort, y ellas asintieron con ojos brillantes de lujuria. Caminamos por la playa, arena tibia entre los dedos, el viento trayendo risas lejanas.

En la habitación, con vista al mar iluminado por la luna, el ambiente se encendió. Cerré la puerta y Ana me empujó contra la pared, besándome con hambre. Sus labios carnosos sabían a ron dulce, su lengua explorando mi boca mientras Luisa se arrodillaba y me bajaba los shorts. "Mira qué rica verga traes", dijo Luisa, lamiendo la punta con deleite. El sonido de su saliva chupando me volvía loco, un slurp húmedo que resonaba en la penumbra. Ana se quitó el vestido, revelando tetas grandes y ese culazo que rebotaba al moverse. La toqué, amasando sus nalgas firmes, oliendo su aroma almizclado de excitación.

Luisa se unió, ambas de rodillas ahora, turnándose para mamarme. Sentí sus bocas calientes envolviéndome, lenguas danzando alrededor del tronco, succionando las bolas. "¡Ay, qué sabroso!" gemía Ana, mientras Luisa me miraba con ojos de fuego. Me recargué en la pared, jadeando, el sudor corriéndome por la espalda. Las subí a la cama king size, con sábanas frescas de algodón egipcio. Ana se puso a cuatro patas, meneando el culo como invitación. "Vente, métemela", rogó. La penetré despacio, sintiendo su concha apretada y húmeda tragándome entero. El plaf de mis caderas contra sus nalgas era música, piel contra piel resonando.

Este trio con culonas es puro paraíso. Sus cuerpos perfectos, gimiendo mi nombre, me tienen al borde.

Luisa se recostó frente a Ana, abriendo las piernas para que su amiga le comiera el pito. Vi a Ana lamer esa concha rosada, chupando el clítoris con avidez, mientras yo la taladraba por atrás. Luisa arqueaba la espalda, sus tetas temblando, gritando "¡Sí, así, pinche rica!". Cambiamos posiciones: ahora Luisa cabalgándome, su culazo aplastándome las bolas al bajar. Sentí cada centímetro de ella apretándome, su jugo chorreando por mis muslos. Ana se sentó en mi cara, su coño sabroso a fresas y miel, moliéndome la lengua. Lamí profundo, sorbiendo sus fluidos, oliendo su esencia femenina embriagadora.

La intensidad subía. Sudor everywhere, cuerpos resbalosos chocando. "Más duro, cabrón", pedía Ana, mientras yo la cogía en misionero, sus piernas envolviéndome. Luisa nos besaba a ambos, dedos en mi culo estimulándome. Gemidos llenaban la habitación: "¡Ay, Dios! ¡Me vengo!" gritó Luisa primero, convulsionando sobre mi mano. Ana la siguió, su concha contrayéndose alrededor de mi verga, ordeñándome. No aguanté más; saqué y eyaculé sobre sus culos gloriosos, chorros calientes pintando esas nalgas perfectas. Ellas se voltearon, lamiendo el resto de mi leche, besándose con mi semen en la boca.

Caímos exhaustos en la cama, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El mar susurraba afuera, una brisa fresca entrando por la ventana. Ana se acurrucó en mi pecho, su piel aún tibia y pegajosa. "Qué chingón estuvo ese trio con culonas, ¿no?", dijo riendo bajito. Luisa asintió, trazando círculos en mi abdomen. "Neta, carnal, regresa pronto". Hablamos suave, de la vida, de sueños locos bajo las estrellas mexicanas. Sentí una paz profunda, como si hubiera tocado el cielo con las manos.

Al amanecer, con el sol tiñendo el horizonte de naranja, las besé despacio. Sus cuerpos desnudos brillaban, curvas suaves invitando a más. Pero sabíamos que era un recuerdo perfecto, un trio con culonas que me marcaría para siempre. Me vestí mientras ellas dormían, dejando una nota: "Gracias por la noche de mi vida. Wey eternally grateful". Salí a la playa, arena fresca bajo los pies, el sabor de ellas aún en mis labios. Neta, México sabe complacer.

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