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Trio Neza Desenfrenado

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Trio Neza Desenfrenado

En las luces parpadeantes de un antro chido en Neza, Ana sintió el pulso de la música reggaetón retumbar en su pecho como un corazón acelerado. El aire olía a tequila fresco y sudor mezclado con perfumes dulces, y el calor de la noche de verano pegaba la blusa escotada a su piel morena. Tenía veintiocho años, soltera y con ganas de aventura, cuando Marco y Luis, sus compas de la uni, la invitaron a esa fiestota. Marco, con su sonrisa pícara y tatuajes en los brazos fuertes, siempre había sido el que la hacía reír. Luis, más callado pero con ojos que prometían travesuras, era el que la ponía nerviosa con solo una mirada.

¿Qué pedo conmigo esta noche? pensó Ana mientras bailaba entre ellos, sus caderas rozando las de Marco accidentalmente al principio, pero luego con más intención. El dembow los mecía como olas, y el roce de sus cuerpos generaba chispas. Luis se acercó por detrás, su aliento cálido en su cuello, oliendo a mentitas y cerveza. "Estás cañona, Ana", le murmuró al oído, su voz grave vibrando contra su piel. Ella se giró, riendo, pero el fuego ya ardía en su vientre.

Salieron del antro pasadas las dos, riendo como pendejos, caminando por las calles iluminadas de Neza donde los puestos de elotes todavía humeaban con su aroma dulce y mantecoso. "Vamos a mi depa, wey, que la noche está joven", propuso Marco, y nadie se opuso. El departamento de él estaba en un fraccionamiento decente, con balcón y vista a las luces de la ciudad. Adentro, el aire fresco del ventilador contrastaba con el calor de sus cuerpos, y pusieron música suave, cumbia rebajada que invitaba a pegarse.

Ana se sentó en el sofá de piel sintética, que crujió bajo su peso, y aceptó un trago de mezcal que Luis le pasó. El líquido ahumado bajó ardiente por su garganta, despertando sabores terrosos en su lengua. Marco se sentó a su lado, su muslo musculoso presionando el de ella, y Luis enfrente, mirándola con hambre.

"Neta, chicas como tú no se ven todos los días en Neza", dijo Luis, su voz ronca.
Ana sintió un cosquilleo en la piel, el deseo creciendo como una ola lenta.

El beso empezó inocente, con Marco inclinándose para rozar sus labios, suaves y con sabor a sal de las papas fritas que habían compartido. Ana respondió, abriendo la boca para que su lengua explorara, cálida y juguetona. Luis observaba, su respiración pesada, hasta que se unió, besando su cuello, mordisqueando la piel sensible justo bajo la oreja. Esto es una locura, pero qué chingón se siente, pensó ella, mientras sus manos subían por sus camisetas, sintiendo el calor de sus pechos firmes bajo la tela.

La ropa voló en segundos: la blusa de Ana cayó al piso con un susurro, revelando sus senos redondos, pezones endurecidos por el aire y la excitación. Marco gimió, bajando la cabeza para lamerlos, su lengua áspera trazando círculos que enviaban descargas eléctricas directo a su entrepierna. Luis desabrochó su brasier, liberándola, y chupó el otro pezón con succión suave pero insistente, el sonido húmedo llenando la habitación junto a los jadeos de Ana. Ella arqueó la espalda, el sofá hundiéndose bajo ellos, oliendo a su aroma almizclado de mujer en celo.

El trio Neza se estaba armando sin palabras, solo con miradas y toques. Ana metió las manos en los pantalones de ambos, sintiendo sus vergas duras como piedras, palpitando bajo la tela. "Qué ricas, cabrones", susurró ella, mexicana y directa, mientras las liberaba. Marco era grueso, venoso, con una gota de pre-semen brillando en la punta; Luis más largo, curvado, listo para entrar en acción. Los masturbó despacio, el sonido de piel contra piel rítmico, sus pulgares rozando las cabezas sensibles que las hacían saltar.

Se movieron al cuarto, el colchón king size crujiendo al recibirlos. Ana se quitó el short, quedando en tanga negra que Marco deslizó con los dientes, oliendo su excitación húmeda y salada. La puso de rodillas, y ella tomó la verga de Luis en la boca primero, saboreando su esencia salobre, chupando con labios carnosos mientras Marco lamía su clítoris desde atrás. La lengua de él era mágica, plana y presionando, luego puntiaguda en círculos, haciendo que sus jugos fluyeran como miel caliente. No aguanto, me voy a venir ya, pensó, gimiendo alrededor de la polla de Luis, vibraciones que lo hicieron gruñir "¡Puta madre, Ana!".

El clímax la sacudió primero, olas de placer contrayendo su coño en espasmos, el olor de su squirt mojando las sábanas. Marco la volteó, penetrándola de un empujón suave pero profundo, su grosor estirándola deliciosamente. "Sí, así, pendejo, dame duro", jadeó ella, clavando uñas en su espalda. Luis se arrodilló frente a su cara, y ella lo mamó con avidez, garganta profunda, saliva goteando por su barbilla. El slap-slap de caderas contra culo llenaba el aire, mezclado con gemidos guturales y el crujir de resortes.

Cambiaron posiciones como en un baile bien ensayado. Ana encima de Luis, cabalgándolo con movimientos circulares, su clítoris frotándose contra su pubis peludo, sintiendo cada vena de su verga dentro. Marco detrás, lubricando su ano con saliva y sus propios jugos, introduciendo un dedo primero, luego dos, abriéndola con cuidado.

"¿Quieres el trio neza completo, mi reina?", preguntó Marco, voz temblorosa de deseo.
"¡Órale, métela ya!", rogó ella, empoderada y en control.

La doble penetración fue explosiva: Luis embistiendo arriba, Marco atrás, sincronizados en un ritmo que la llenaba por completo. Sentía sus pollas rozándose a través de la delgada pared, pulsando, el sudor goteando de sus frentes al olía a sexo puro, almizcle y testosterona. Ana gritaba, "¡Me vengo, chingados!", su cuerpo convulsionando, ordeñándolos. Marco se corrió primero, caliente chorros inundando su culo, gimiendo su nombre. Luis siguió, llenando su coño con semen espeso, el exceso chorreando por sus muslos.

Colapsaron en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El ventilador zumbaba, secando el sudor de sus pieles, y el aroma persistía, íntimo y satisfactorio. Ana yacía entre ellos, cabeza en el pecho de Marco, mano en la verga flácida de Luis. Nunca imaginé un trio neza así de perfecto, reflexionó, sonriendo en la penumbra.

"¿Y ahora qué, weyes?", preguntó ella, voz ronca pero juguetona. Marco besó su frente, oliendo a su shampoo de coco. "Repetimos cuando quieras, neta". Luis acarició su pelo, "Eres la mejor, Ana. Neza nunca fue tan caliente". Rieron bajito, el afterglow envolviéndolos como una manta suave. Afuera, la ciudad dormía, pero ellos sabían que esta noche había cambiado todo, dejando un fuego latente para más aventuras.

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