Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Avril Lavigne Intenta Callarme Avril Lavigne Intenta Callarme

Avril Lavigne Intenta Callarme

6998 palabras

Avril Lavigne Intenta Callarme

El antro en Polanco estaba a reventar esa noche, con luces neón parpadeando como estrellas locas y el bajo retumbando en el pecho de todos. Sudor, perfume caro y chelas frías flotaban en el aire, mientras la gente se movía al ritmo de reggaetón mezclado con rock alternativo. Yo, Alex, estaba recargado en la barra, con una cerveza helada en la mano, sintiendo el fresco vidrio contra mi palma sudorosa. Había venido solo, buscando distraerme del pinche trabajo que me tenía hasta la madre, pero el ambiente cargado de hormonas ya me tenía la piel erizada.

Entonces la vi. Una chava que parecía salida de un video de Avril Lavigne en sus mejores tiempos: pelo negro teñido con mechas rubias desprolijas, delineador corrido a propósito, falda de cuero ajustada que marcaba sus caderas anchas y una playera rota de Let Go que dejaba ver el encaje negro de su brasier. Se movía como si el mundo le valiera verga, canturreando bajito mientras bailaba sola en la pista. Sus labios pintados de rojo gritaban rebeldía, y cuando volteó, sus ojos verdes me clavaron en el sitio. ¿Será posible? Parece clavada a Avril, pensé, mientras un cosquilleo subía por mi espinazo.

Me acerqué, empujando entre la multitud, el olor a su perfume dulzón —mezcla de vainilla y algo picante— ya me llegaba antes de tocarla. "Órale, ¿fan de Avril Lavigne?", le grité por encima de la música. Ella se rio, una risa ronca que vibró en mi pecho, y se pegó a mí sin pensarlo dos veces. "¡Más que fan, carnal! Avril Lavigne try to shut me up, pero nadie me calla", dijo con acento chilango puro, guiñándome un ojo mientras su mano rozaba mi brazo. Su piel era suave, cálida como el tequila recién servido, y sentí cómo mi verga empezaba a despertar bajo los jeans.

Charlamos entre shots de tequila reposado, el líquido quemándome la garganta con sabor a agave ahumado. Se llamaba Lena, veintiocho pirulos, diseñadora gráfica que odiaba su jefe pendejo tanto como yo al mío. "Ven, bailemos", me jaló hacia la pista, su culo rozando mi cadera con cada paso. El sudor nos unía, sus tetas presionando contra mi pecho cuando la música se ponía lenta. Olía a deseo puro, a esa humedad entre las piernas que se nota en el aire caliente.

Pinche chava, me va a volver loco. Quiero probarla ya
, me dije, mientras mis manos bajaban a su cintura, sintiendo los músculos tensos bajo la tela delgada.

La tensión crecía como el calor en el antro. Sus labios rozaron mi oreja, aliento caliente con sabor a limón y tequila. "No hablas mucho, ¿eh? ¿Quieres que te calle como Avril?", murmuró, mordisqueándome el lóbulo. Mi pulso se aceleró, el corazón latiéndome en las sienes, y la besé ahí mismo, en medio de la pista. Su boca era fuego líquido, lengua juguetona explorando la mía con urgencia, saboreando el salado de mi piel. Gemí bajito, mis manos apretando sus nalgas firmes, el cuero crujiendo bajo mis dedos.

Acto dos: la escalada. Salimos del antro hechos un desmadre, riendo como pendejos bajo las luces de la Reforma. Tomamos un Uber hasta su depa en la Condesa, un loft chido con ventanales enormes y posters de Avril pegados en las paredes. Apenas cerramos la puerta, se lanzó sobre mí, empujándome contra la pared fría. "Aquí mando yo", dijo, sus uñas arañando mi camisa mientras la arrancaba. Su piel brillaba bajo la luz tenue, pezones duros asomando por el encaje, olor a su excitación llenando la habitación —musk dulce y salado que me ponía la cabeza a volar.

La cargué hasta la cama king size, las sábanas de algodón egipcio suaves como su piel. Se quitó la falda de un tirón, revelando un tanga negro empapado que delineaba su concha hinchada. "Tócame, Alex, pero despacio", ordenó, voz ronca de puro antojo. Mis dedos temblaron al rozar su interior, húmeda y caliente como miel derretida, el clítoris palpitando bajo mi pulgar. Ella arqueó la espalda, gimiendo fuerte, el sonido rebotando en las paredes. Su sabor... joder, necesito lamerla.

Me arrodillé entre sus piernas abiertas, inhalando profundo ese aroma embriagador de mujer en celo. Mi lengua trazó su raja despacio, saboreando el jugo salado y ácido, mientras ella enredaba sus dedos en mi pelo, jalando con fuerza. "¡Sí, cabrón, así! Avril Lavigne try to shut me up con tu boca", jadeó entre risas y gemidos, refiriéndose a la rola que sonaba bajito en su Spotify. Lamí más rápido, chupando su clítoris hinchado, sintiendo cómo sus muslos temblaban contra mis mejillas barbadas. Mi verga dolía encerrada en los jeans, pre-semen mojando la tela.

La volteé, poniéndola a cuatro patas, su culo perfecto alzado como ofrenda. Me quité la ropa a la carrera, mi pinga saltando libre, venosa y tiesa, goteando. Ella volteó, ojos hambrientos: "Métemela ya, no seas mamón". Empujé despacio, centímetro a centímetro, su concha apretándome como puño de terciopelo caliente. El slap de piel contra piel empezó lento, luego furioso, sus nalgas rebotando contra mi pubis. Sudábamos a chorros, el olor a sexo crudo impregnando todo. "¡Más fuerte, pendejo!", gritaba, mientras yo la embestía, bolas golpeando su clítoris.

La puse encima, cabalgándome como amazona salvaje. Sus tetas saltaban hipnóticas, pezones rosados duros como piedras. Agarré sus caderas, guiándola, sintiendo cada contracción de su interior ordeñándome.

No aguanto más, se siente demasiado chingón
. Ella se inclinó, besándome salvaje, mordiendo mi labio inferior hasta sacar sangre salada. "Cállate tú ahora", susurró, acelerando, su clítoris frotándose contra mi pelvis.

La tensión llegó al límite, mis huevos apretados listos para explotar. "Me vengo, Lena", gruñí, y ella apretó más, ordeñándome. Eyaculé en chorros calientes dentro de ella, el placer cegador como relámpago, mientras su orgasmo la sacudía, concha convulsionando, jugos mezclándose con mi leche chorreando por sus muslos. Gritó mi nombre, voz quebrada, uñas clavadas en mi pecho dejando marcas rojas ardientes.

Nos derrumbamos, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos. El aire olía a nosotros, a sexo satisfecho y sábanas revueltas. Ella se acurrucó contra mí, cabeza en mi hombro, su pelo tickleando mi nariz con olor a shampoo de coco. "Eso fue let go total", murmuró riendo, refiriéndose otra vez a Avril. Yo la besé la frente, sintiendo el pulso calmándose, el mundo afuera olvidado.

En la media luz, con su mano trazando círculos en mi pecho, pensé en cómo una noche cualquiera se volvió esto. No era solo cogida; era conexión, esa chispa que quema y calienta el alma. "Avril Lavigne try to shut me up, pero contigo no hay silencio que valga", le dije bajito, y ella sonrió, sellando mis labios con un beso suave, prometiendo más noches como esta. El afterglow nos envolvió, cálido y eterno, mientras el amanecer teñía las cortinas de rosa.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.