Matlab Try Catch Caliente
Estaba yo en la oficina de la uni aquí en la CDMX, sudando la gota gorda con este pinche código de Matlab que no jalaba pa' ningún lado. Era medianoche y el edificio de ingeniería estaba casi vacío, solo el zumbido de las máquinas y el olor a café quemado flotando en el aire. Mis dedos volaban sobre el teclado, pero cada vez que corría el script, ¡pum! Error tras error. Órale, wey, ¿qué pedo? pensé, mientras me jalaba el cabello en una coleta deshecha.
Ahí entró él, Alex, mi compañero de la maestría en sistemas. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me ponía la piel chinita cada vez que lo veía en clase. Llevaba una chamarra ligera sobre su playera ajustada, y olía a jabón fresco mezclado con algo terroso, como después de la lluvia en el DF. "
¿Qué onda, carnala? ¿Otra vez batallando con Matlab?" dijo, acercándose a mi cubículo con esa voz grave que me hacía cosquillas en el estómago.
Le conté mi drama, y él se sentó a mi lado, tan cerca que sentí el calor de su muslo rozando el mío. Sus manos grandes tomaron el mouse, y empezó a teclear. "
Mira, aquí está el pedo. Necesitas un try catch pa' manejar los errores. Así no se cae todo si algo sale mal." Sus dedos se movían rápidos, seguros, y yo no podía dejar de mirar cómo sus antebrazos se tensaban. El cuarto olía ahora a él, a hombre, y mi corazón latía como tambor en fiesta de pueblo.
La tensión empezó chiquita, como un cosquilleo. Mientras él explicaba el Matlab try catch, su rodilla presionaba la mía accidentalmente, o eso creí al principio. Yo me mordí el labio, sintiendo un calor subir desde mi entrepierna. Neta, este wey me trae loca, pensé, mientras imaginaba esas manos en mi cuerpo en vez del teclado. "¿Ves? Try catch salva el día", dijo, girando la cara hacia mí. Nuestros ojos se clavaron, y el aire se puso espeso, cargado de promesas.
Acto seguido, su mano rozó mi brazo al señalar la pantalla. Fue eléctrico, como un corto circuito. "
¿Estás bien, güey? Te ves... agitada." murmuró, con los ojos bajando a mis labios. Yo tragué saliva, el sabor salado de mi propia ansiedad en la boca. "Sí, nomás... el calor", mentí, pero mi voz salió ronca. Él sonrió, esa sonrisa de ya sé qué traes, y se inclinó más. Olía a menta de su chicle, y su aliento cálido me erizó la nuca.
Nos quedamos así un rato, fingiendo revisar el código, pero las miradas se cruzaban cada dos por tres. Mi piel ardía donde nos tocábamos, y empecé a mover la pierna contra la suya a propósito. Él no se apartó; al contrario, presionó de vuelta. "
Este try catch de Matlab es como nosotros, ¿no? Intentas algo, si falla, lo agarras y sigues." dijo bajito, su voz vibrando en mi pecho. Yo reí nerviosa, pero el deseo ya me tenía mojadita, el pantalón vaquero apretándome delicioso.
De repente, no aguanté más. Me giré y lo besé, mis labios chocando contra los suyos con hambre de loba. Él respondió al instante, su lengua invadiendo mi boca, saboreando a café y deseo. Sus manos subieron a mi nuca, enredándose en mi pelo, tirando suave para arquearme hacia él. ¡Qué rico sabe este pendejo! pensé, mientras gemía bajito. El beso era salvaje, dientes rozando, saliva mezclándose, el sonido húmedo rebotando en las paredes vacías.
Me levantó de la silla como si nada, sentándome en el escritorio. Papeles volaron, pero qué importaba. Sus manos bajaron mi blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco de la noche. Las lamió, chupó mis pezones duros como piedras, y yo arqueé la espalda, oliendo mi propio aroma de excitación subiendo. "Estás cañona, wey", gruñó contra mi piel, su barba raspándome rico. Yo le quité la playera, palpando sus músculos firmes, el sudor salado en mi lengua cuando lo besé en el pecho.
La cosa escaló rápido. Le desabroché el cinturón, metiendo la mano en su bóxer. Su verga estaba dura como fierro, palpitando en mi palma, caliente y venosa. "
Chíngame con la mano primero", jadeó, y yo lo hice, masturbándolo lento al principio, sintiendo cada vena, el pre-semen untándose en mis dedos. Él gemía, "órale, así, no pares", mientras sus dedos bajaban mi zipper, colándose en mi calzón. Tocó mi clítoris hinchado, frotando círculos que me hacían ver estrellas. El sonido de mi humedad era obsceno, chapoteando en la quietud.
Pero queríamos más. Me bajó los pantalones, y yo lo jalé hacia mí. Se paró entre mis piernas abiertas, frotando su pija contra mi coño empapado. "
¿Lista pa' el try catch real?" bromeó, y yo reí, "sí, atrápame toda, cabrón". Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Gemí fuerte, el dolor placer mezclándose, su grosor llenándome hasta el fondo. Olía a sexo puro, a sudor y fluidos, el escritorio crujiendo bajo nosotros.
Empezó a bombear, lento primero, cada embestida mandándome ondas de placer. Mis uñas se clavaron en su espalda, raspando, mientras él me mordía el cuello. "Más fuerte, wey", supliqué, y él obedeció, clavándomela profundo, el slap-slap de carne contra carne llenando el cuarto. Sudábamos como locos, piel resbalosa, mi clítoris rozando su pubis con cada thrust. Pensaba en el código, en cómo el Matlab try catch nos había unido, pero ahora era puro instinto animal.
La intensidad subió. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo en la silla giratoria. Sus manos en mis caderas, guiándome, yo rebotando, mis tetas saltando. Lo veía desde arriba, ojos oscuros de lujuria, boca abierta jadeando. "
Te aprietas rico, pinche rica", gruñó, pellizcándome las nalgas. Yo aceleré, sintiendo el orgasmo venir como tsunami, mis paredes contrayéndose alrededor de su verga. "¡Me vengo!", grité, explotando en espasmos, jugos chorreando por sus bolas.
Él no tardó. Dos embestidas más y se tensó, eyaculando dentro, chorros calientes pintándome por dentro. Rugió mi nombre, temblando, mientras yo lo ordeñaba con contracciones. Nos quedamos pegados, respirando agitados, el olor a corrida y coño fresco impregnando todo.
Después, en el afterglow, nos vestimos despacio, riendo bajito. Me besó la frente, suave. "
El mejor try catch de Matlab ever", dijo, y yo asentí, sintiendo un calorcito en el pecho que no era solo físico. Salimos tomados de la mano, la noche mexicana envolviéndonos con su brisa tibia y luces de la ciudad. Sabía que esto no acababa aquí; el código corría perfecto ahora, y nosotros también. Neta, qué chingón debuggear la vida así.