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Alex Lora El Tri Selección Mexicana Pasión Desbordada

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Alex Lora El Tri Selección Mexicana Pasión Desbordada

El bar La Verde en el corazón de la Condesa estaba a reventar esa noche. La pantalla gigante transmitía el partido de la Selección Mexicana contra Brasil en el Mundial. Gritos, chelas espumosas y el olor a tacos al pastor flotaban en el aire cargado de sudor y emoción. Yo, Lora, me abrí paso entre la multitud con mi jersey verde ajustado que marcaba mis curvas, el corazón latiéndome fuerte con cada jugada. Neta, nada me prende más que ver a los mexicanos darlo todo en la cancha.

De repente, un wey alto y guapísimo se sentó a mi lado en la barra. Ojos cafés intensos, sonrisa pícara y una playera negra de El Tri con la cara de Alex Lora estampada en el pecho. "¡Órale, carnala! ¿Tú también eres fan de la Selección?" me dijo, su voz grave retumbando sobre el rugido de la gente. Le sonreí, sintiendo un cosquilleo en el estómago. "¡Simón, y de Alex Lora también! Esa rola de Abuso de Autoridad me vuela la cabeza."

Se presentó como Alex, ingeniero de sistemas, pero con alma de rockero mexicano. Pedimos unas chelas frías, el vidrio helado sudando en mis manos, y platicamos mientras la Selección metía un golazo. Sus risas eran contagiosas, su aroma a colonia fresca mezclada con el humo de cigarro me envolvía. "Alex Lora es el mero mero de El Tri", dijo él, acercándose tanto que sentí el calor de su muslo contra el mío. Mi piel se erizó, un calor húmedo empezaba a crecer entre mis piernas. Neta, este vato me estaba encendiendo sin tocarme.

¿Qué pedo? ¿Por qué este cuate me hace sentir así de viva? Como si el Tri y la Selección se hubieran fundido en su mirada.

El partido terminó con victoria mexicana, y el bar explotó en euforia. Alex me jaló a la pista improvisada donde sonaba Triste Canción de Amor de El Tri. Bailamos pegaditos, sus manos en mi cintura firme pero suave, mi culo rozando su entrepierna dura. El sudor nos unía, olía a deseo puro, salado y masculino. "Ven a mi depa, Lora. Tengo todos los discos de Alex Lora y El Tri", murmuró en mi oído, su aliento caliente haciendo que mis pezones se endurecieran bajo la blusa.

Acto dos: La escalada

Salimos tambaleándonos de risa y besos robados en el taxi. Su departamento en Polanco era chido: posters de la Selección Mexicana en las paredes, vinilos de El Tri apilados junto al estéreo. Puso Piel de Barro a todo volumen, las guitarras roncas llenando el aire. Nos sentamos en el sofá de piel negra, todavía con las jerseys puestas. "Cuéntame de ti, Lora. ¿Qué te prende de Alex Lora?", preguntó, sus dedos trazando círculos en mi rodilla.

Le hablé de cómo las letras de El Tri me hacían sentir libre, rebelde, lista para follar sin culpas. Él asintió, su mano subiendo por mi muslo, el roce enviando descargas eléctricas directo a mi clítoris. "A mí me pasa igual con la Selección. Ese fuego, esa entrega total", dijo, y me besó. Sus labios eran suaves al principio, probando, luego fieros, lengua invadiendo mi boca con sabor a cerveza y menta. Gemí contra él, mis manos enredándose en su cabello negro revuelto.

Nos quitamos las playeras lento, como en un ritual. Su pecho moreno y musculoso brillaba bajo la luz tenue, olor a jabón y hombre. Lamí sus pezones duros, sintiendo su verga palpitar contra mi panza. "¡Qué chingona eres, Lora!", gruñó, bajándome los jeans. Mis tetas saltaron libres, grandes y firmes; él las amasó con hambre, chupando un pezón mientras sus dedos rozaban mi tanga empapada. El aroma de mi excitación llenaba la habitación, dulce y almizclado.

Su toque es como un solo de guitarra de El Tri: crudo, intenso, me está rompiendo por dentro.

Lo empujé al sofá, desabroché su chamarra y jeans. Su verga saltó erecta, gruesa, venosa, con una gota de precum brillando en la punta. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, y la lamí desde la base hasta la cabeza, saboreando su sal. Alex jadeó, "¡Pinche Lora, me vas a matar!", sus caderas empujando. Lo chupé profundo, garganta relajada, bolas en mi mano, mientras él me jalaba el pelo suave, guiándome.

Me levantó como pluma, me llevó a la cama king size. Hojaldras crujieron bajo nosotros. Me abrió las piernas, besó mi concha a través de la tanga, luego la arrancó. Su lengua en mi clítoris fue fuego: círculos lentos, chupadas fuertes, dedos curvados dentro frotando mi punto G. Olas de placer me sacudían, jugos corriendo por mis muslos. "¡Sí, Alex, así! ¡Como Alex Lora en el escenario!", grité, mis uñas clavándose en sus hombros.

Él se puso condón –siempre responsable, el cabrón– y se hundió en mí de un empujón lento. Llenándome, estirándome, su grosor pulsando contra mis paredes. Empezamos despacio, misionero, mirándonos a los ojos, sudores mezclándose, el slap-slap de pieles resonando con la música de El Tri de fondo. Aceleramos, él embistiendo duro, yo arqueándome, tetas rebotando. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo como yegua salvaje, mis caderas girando, su verga golpeando profundo. "¡Estás en la Selección Mexicana de las nalgas!", jadeó él, azotándome suave.

La tensión crecía, mis músculos apretándolo, su respiración entrecortada. "Vente conmigo, Lora", ordenó, y explotamos juntos. Mi orgasmo fue un tsunami: contracciones violentas, grito ahogado, visión borrosa. Él gruñó como bestia, llenando el condón mientras yo colapsaba sobre su pecho jadeante.

El afterglow perfecto

Nos quedamos así, enredados, piel pegajosa y tibia. El olor a sexo impregnaba las sábanas, mezclado con nuestro sudor y el eco de El Tri bajito ahora. Alex me acarició el cabello, besó mi frente. "Eres increíble, Lora. Como si Alex Lora y la Selección Mexicana se hubieran aliado para follarte", bromeó. Reí suave, mi cuerpo aún temblando de réplicas.

Esto no fue solo un polvo. Fue conexión pura, mexicana hasta los huevos: pasión, ritmo, entrega total.

Platicamos de conciertos de El Tri, de los próximos partidos de la Selección Mexicana, planeando ir juntos. Su mano en mi culo me hacía prometer más noches así. Salí al amanecer con el sol tiñendo la ciudad de oro, piernas flojas pero alma llena. Neta, Alex Lora, El Tri y la Selección Mexicana habían bendecido esta follada épica. Y sabía que habría más.

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