No Hay Intento Solo Traduccion Del Placer
Entraste al departamento de Luisa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas de lino blanco. El aire olía a jazmín fresco y a un leve toque de vainilla de su perfume, que te envolvió como una caricia invisible. Ella era tu maestra de inglés, una morra de unos veintiocho, con curvas que se marcaban bajo un vestido negro ajustado, el cabello negro suelto cayendo en ondas sobre sus hombros bronceados. Sus ojos cafés te miraron con esa picardía mexicana que te ponía la piel de gallina.
Wey, siéntate aquí, dijo con esa voz ronca, señalando el sofá de piel suave. Te sentaste cerca, sintiendo el calor de su muslo rozando el tuyo accidentalmente. O no tan accidental. Venías por clases particulares porque querías impresionar en tu chamba, pero desde la primera sesión, la tensión sexual flotaba como el humo de un buen mezcal.
—Hoy practicamos frases de películas —anunció, abriendo su laptop en la mesita de centro—. ¿Sabes la de Star Wars? Do or do not, there is no try.
Tú la miraste, sintiendo un cosquilleo en el estómago. —There is no try... ¿cuál es la traduccion?
Ella se rio, un sonido gutural que te vibró en el pecho. —No hay intento, wey. O lo haces o no lo haces. Nada de medias tintas. —Sus labios se curvaron en una sonrisa pícara, y se acercó más, su aliento cálido con sabor a menta rozando tu oreja—. En la vida, ¿no?
El corazón te latía fuerte, como tamborazo en una fiesta. Olías su piel, un aroma salado mezclado con loción de coco. Tus manos sudaban un poco sobre tus jeans.
¿Y si le digo que la deseo desde el primer día? No hay intento, cabrón, solo hazlo, pensaste, recordando sus palabras.
Luisa cerró la laptop de golpe. —Olvídemonos de las clases un rato. ¿Quieres un tequila? —Sin esperar respuesta, se levantó con gracia felina, sus caderas balanceándose, y fue a la barra de la cocina abierta. Te sirvió dos shots en vasos de cristal tallado, el líquido ámbar brillando bajo la luz.
Brindaron, el tequila quemándote la garganta como fuego líquido, soltándote la lengua. —Luisa, desde que te vi, no paro de pensar en ti. En there is no try, ¿no? Solo acción.
Ella te miró fijo, mordiéndose el labio inferior. —Exacto, pendejo. No hay intento en el deseo. —Dejó su vaso y se sentó a horcajadas sobre ti, sus muslos firmes apretando los tuyos. Sus pechos rozaron tu pecho, duros bajo la tela delgada. El calor de su panocha se sentía a través de la ropa, húmedo y prometedor.
Tus manos subieron por su espalda, sintiendo la suavidad de su piel bajo el vestido. Ella gimió bajito, un sonido que te endureció al instante. Sus labios capturaron los tuyos en un beso salvaje, lenguas danzando con sabor a tequila y hambre. Olías su excitación, ese musk dulce que te volvía loco.
—Quítame esto, murmuró contra tu boca, tirando de tu playera. Te la arrancaste, y ella lamió tu cuello, mordisqueando, dejando un rastro húmedo que te erizó el vello. Tus dedos encontraron el zipper de su vestido, bajándolo lento, revelando sus tetas perfectas, pezones oscuros endurecidos como chocolate amargo.
La levantaste en brazos, sus piernas envolviéndote la cintura, y la llevaste al cuarto. El colchón king size crujió bajo su peso cuando la acostaste. La habitación olía a sábanas limpias de lavanda y a su sudor incipiente. Ella se quitó el vestido del todo, quedando en tanga negra de encaje, su culazo redondo invitándote.
Te desvestiste rápido, tu verga saltando libre, palpitante y gruesa. Luisa la miró con ojos hambrientos. —Qué chingona, wey. Ven aquí. —Te jaló hacia ella, su mano envolviéndote, masturbándote lento, el tacto suave y firme enviando chispas por tu espina.
Te tumbaste sobre ella, besando cada centímetro: el hueco de su clavícula salado, sus tetas rebotando con cada lamida, pezones duros entre tus dientes. Ella arqueaba la espalda, gimiendo ¡ay, cabrón!, sus uñas clavándose en tus hombros. Bajaste más, oliendo su aroma íntimo, almizclado y dulce como miel de maguey. Separaste sus labios con la lengua, saboreándola, chupando su clítoris hinchado. Estaba empapada, jugos resbalando por tus labios.
—¡No pares, pinche rico! —gritó, sus caderas moviéndose contra tu cara, el sonido húmedo de su excitación llenando el cuarto. Tus dedos entraron en ella, calientes y apretados, curvándose para tocar ese punto que la hacía temblar.
Pero la tensión crecía, un nudo en tu vientre. Ella te empujó hacia arriba, montándote como amazona. —No hay intento, amor. There is no try, solo traduccion al placer puro. —Se empaló en tu verga de un jalón, un gemido largo escapando de su garganta. Estabas dentro, su calor vaginal envolviéndote como terciopelo mojado, apretándote en pulsos rítmicos.
Cabalgaba duro, tetas saltando, sudor perlando su piel dorada. El slap-slap de carne contra carne, sus jadeos roncos mezclados con tus gruñidos. Olías el sexo crudo, salado y embriagador. Tus manos en sus caderas, guiándola, sintiendo los músculos contraerse.
Esto es la neta, no hay vuelta atrás, pensaste, perdido en el ritmo.
La volteaste, poniéndola a cuatro patas. Su culo alto, invitador. Entraste de nuevo, profundo, el ángulo perfecto rozando su punto G. —¡Cógeme fuerte, wey! ¡Dame todo! —exigía, empujando contra ti. Aceleraste, el cuarto lleno de sonidos obscenos: piel chocando, su panocha chorreando, tus bolas golpeando.
El clímax se acercaba como tormenta. Sentías su interior apretarse, ordeñándote. —Me vengo, cabrón... ¡ahora! —gritó, temblando, jugos calientes empapando tus muslos. Eso te lanzó al borde. Empujaste una última vez, explotando dentro de ella, chorros calientes llenándola mientras el mundo se volvía blanco, pulsos interminables de placer puro.
Colapsaron juntos, sudorosos y jadeantes, el aire pesado con olor a sexo satisfecho. Ella se acurrucó contra tu pecho, su corazón latiendo contra el tuyo. Besaste su frente, saboreando el salado de su piel.
—No hay intento, susurró, riendo bajito. —Solo esto. La mejor traduccion del deseo.
Te quedaste ahí, envuelto en su calor, sabiendo que las clases nunca serían iguales. El sol se ponía, tiñendo la habitación de naranja, y el mundo afuera podía esperar. Aquí, en este momento, todo era perfecto, consensual, ardiente y tuyo.