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Buzzfeed Try Guys Nuestra Versión Cachonda

6719 palabras

Buzzfeed Try Guys Nuestra Versión Cachonda

Eres Juan, un wey de veintiocho años que vive en un depa chido en la Condesa, en la CDMX. Tú y tus tres cuates más cercanos —Pedro, Luis y Marco— son fans empedernidos de los Buzzfeed Try Guys. Neta, cada vez que sale un video nuevo de esos gringos probando comida rara, deportes locos o challenges de baile, se ponen a verlo con chelas en mano, riéndose a carcajadas. Pero esta noche, después de unas cuantas Indias frías y un joint de hierba bien rica —todo legal y consensual, órale—, la plática toma un rumbo diferente.

¿Y si nosotros hiciéramos nuestra propia prueba? sugiere Pedro, con esa sonrisa pícara que siempre trae. Pedro es el más guapo del grupo, con pelo negro ondulado, ojos cafés intensos y un cuerpo atlético de tanto ir al gym. Luis, el flaco intelectual con lentes y barba de tres días, asiente emocionado. Marco, el grandote tatuado y con voz grave, se ríe y dice:

¡No mames, wey! ¿Qué íbamos a probar? ¿Quién aguanta más sin acabarse?
Tú sientes un cosquilleo en el estómago, el aire del depa cargado con el olor a tequila reposado y el humo dulce de la mota flotando como niebla sensual.

La idea nace de ahí: una versión nuestra de los Buzzfeed Try Guys, pero privada, solo para nosotros. Prueba número uno: masaje erótico extremo. Nada de cámaras, solo confianza total entre cuates de toda la vida. Todos adultos, todos de acuerdo, neta que el ambiente vibra con esa tensión juguetona. Se quitan las playeras, revelando torsos bronceados por el sol de Chapultepec, músculos que brillan bajo la luz tenue de las lamparitas. Tú sientes el piso de madera cálida bajo tus pies descalzos, el corazón latiéndote como tambor en un antro.

Pedro empieza contigo. Se echa aceite de coco en las manos —huele a playa caribeña, dulce y exótico— y te dice: Ríete, carnal, pero esto va a estar chingón. Sus palmas grandes y callosas rozan tu espalda, firmes pero suaves, deslizándose desde los hombros hasta la curva de tu cintura. Cada roce despierta nervios que no sabías que tenías; sientes el calor de su piel contra la tuya, el leve sudor que empieza a perlarse, mezclándose con el aceite resbaloso.

¿Por qué carajos me está poniendo tan duro esto?
piensas, mientras tu verga se despierta dentro del bóxer, palpitando con cada presión de sus dedos en tus lumbares.

Luis y Marco no se quedan atrás. Luis masajea a Marco, sus manos delgadas explorando el pecho ancho del grandote, pellizcando pezones oscuros que se endurecen al instante. Marco gime bajito, un sonido gutural que llena el cuarto como ronroneo de motor. ¡Órale, qué chido! exclama Luis, y de pronto todos ríen, pero la risa se transforma en jadeos. Tú volteas y ves cómo Marco agarra la mano de Luis, guiándola más abajo, hacia el bulto evidente en sus shorts. El aire huele ahora a hombre: ese aroma almizclado de axilas frescas, vergas endureciéndose y piel caliente.

La tensión sube como termómetro en mayo. Pedro te voltea boca arriba, sus ojos clavados en los tuyos con un hambre juguetona.

¿Listo para la segunda ronda, wey? Como los Buzzfeed Try Guys, pero sin filtros
, murmura. Sus labios rozan tu cuello, barba raspando deliciosamente, enviando chispas eléctricas directo a tu entrepierna. Tú respondes besándolo, torpe al principio, pero luego feroz, lenguas enredándose con sabor a cerveza y deseo crudo. Sientes su verga dura presionando contra tu muslo, gruesa y caliente como hierro forjado.

El medio tiempo es puro fuego lento. Luis se une, quitándote el bóxer con dientes, su aliento caliente sobre tu pubis. Puta madre, qué rica verga traes, Juan, dice con voz ronca, y te la chupa despacio, lengua girando alrededor del glande hinchado, saboreando la gota salada de precum. Marco, meanwhile, se pone de rodillas frente a Pedro, mamándosela con expertise de quien ha practicado en secreto. Los sonidos son obscenos: chupetazos húmedos, gemidos ahogados, piel chocando piel. Tú agarras el pelo de Luis, guiándolo, sintiendo cómo tu pulso retumba en las sienes, el cuarto girando en un torbellino de testosterona y lujuria.

Pero no es solo físico; hay algo más profundo.

Estos weyes son mi familia, mi crew. ¿Por qué se siente tan correcto?
reflexionas mientras Pedro te monta a horcajadas, untando más aceite en tu pecho, frotándose contra ti. Sus nalgas firmes rozan tu verga, lubricadas y listas. Todos se miran, asintiendo en silencio —consenso total, empoderamiento puro. Marco penetra a Luis por detrás, lento, con cuidado, mientras Luis sigue chupándote. El olor a sexo impregna todo: semen fresco, aceite, sudor salado. Tocas el culo de Pedro, dedos hundiéndose en carne suave y tensa, preparándolo.

La intensidad crece. Pedro se empala en ti, centímetro a centímetro, su ano apretado envolviéndote como guante de terciopelo caliente. ¡Aaaah, cabrón! grita, pero con placer, ojos en blanco. Tú embistes desde abajo, sintiendo cada vena de tu verga rozando sus paredes internas, pulsos sincronizados. Luis se corre primero, chorros calientes salpicando tu abdomen mientras Marco lo folla más duro, gruñendo como bestia. El slap-slap de carne contra carne es hipnótico, mezclado con suspiros y ¡sí, wey, así!.

Tú sientes el clímax acercándose, ese nudo en el estómago desenredándose. Pedro cabalga más rápido, su verga goteando en tu pecho, mano masturbándola furiosa.

No aguanto más, pendejos. ¡Me vengo!
explotas dentro de él, oleadas de placer cegador, semen llenándolo mientras él eyacula sobre ti, caliente y pegajoso, marcando territorio. Marco ruge su orgasmo, llenando a Luis, quien tiembla exhausto. Caen todos en un montón sudoroso, respiraciones jadeantes, risas entrecortadas.

El afterglow es perfecto. Se acurrucan en el colchón king size, pieles pegajosas, el cuarto oliendo a victoria compartida. Pedro te besa la frente: Mejor prueba que los Buzzfeed Try Guys, ¿no?. Luis asiente, limpiándose con una toalla suave. Marco trae más chelas del refri, frías y condensadas. Tú sientes una paz profunda, el cuerpo relajado pero vivo, músculos doloridos de tanto placer.

Esto no cambia nada... o lo cambia todo para bien
, piensas, abrazándolos.

La noche termina con promesas de más pruebas, risas y un vínculo más fuerte. En la CDMX bulliciosa, bajo luces de neón lejanas, habéis creado vuestra propia leyenda erótica, inspirados en esos gringos locos pero superada con creces.

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