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Imagenes Tentadoras de Trios HMH

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Imagenes Tentadoras de Trios HMH

Todo empezó una noche calurosa en mi depa de la Roma, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, estaba sola en la cama, con mi cel en la mano, scrolleando sin rumbo fijo. Marco, mi morro, andaba en un viaje de compas por Monterrey, y el pedo de la soledad me tenía caliente como jalapeño. Neta, necesitaba algo que me prendiera el ánimo.

Ahí fue cuando busqué imagenes de trios hmh. ¿Por qué? Porque siempre he tenido esa fantasía cabrona: un hombre-mujer-hombre, dos vergas duras para mí, manos por todos lados, lenguas explorando. Las imágenes saltaron como chispas: cuerpos entrelazados, sudados, con miradas de puro vicio. Una morra en medio, chupando una mientras la otra la embestía por atrás. El sonido imaginado de gemidos me erizó la piel, y sentí mi panocha humedecerse al instante. Olía a mi propia excitación, ese aroma dulzón y salado que me volvía loca.

¿Y si esto pasa de verdad? ¿Y si Marco se anima? Wey, sería épico.

Le mandé un screenshot a Marco por Whats. "Mira esto, carnal. ¿Qué onda con unas imagenes de trios hmh pa'la realidad?". Él contestó rápido: "¡Jajaja, pinche loca! Ya verás cuando llegue". Su voz en mi cabeza era ronca, juguetona, y supe que la idea le prendió fuego.

Acto siguiente: Marco regresó dos días después, con una sonrisa de pendejo y una botella de tequila reposado. Nos echamos unos tragos en el balcón, con el skyline de la CDMX brillando a lo lejos y el tráfico zumbando abajo. "Órale, Ana, cuéntame de esas imagenes de trios hmh", dijo, acercándose hasta que su aliento a tequila me rozó el cuello. Su mano subió por mi muslo, bajo la falda corta, y yo jadeé, sintiendo su calor contra mi piel fresca.

Esto va en serio, pensé, mientras lo besaba con hambre, mordiéndole el labio inferior. Nuestras lenguas bailaron, saboreando el agave y el sudor ligero de su piel. "Quiero probarlo", murmuré, "pero con alguien de confianza. ¿Tu carnal Alejandro?". Alejandro era su compa de la uni, alto, moreno, con ojos que te desnudan. Marco se rio: "Neta lo harías. Llámalo". El pulso me latía en las sienes, una mezcla de nervios y deseo puro.

Lo llamamos esa misma noche. Alejandro llegó en media hora, con una playera ajustada que marcaba sus músculos y un olor a colonia cítrica que invadió la sala. "Qué pedo, wey", saludó a Marco con un choque de puños, pero sus ojos se clavaron en mí, recorriéndome como si ya estuviéramos en acción. Servimos más tequila, pusimos música de Natalia Lafourcade bajita, y el aire se cargó de tensión. Hablamos de pendejadas primero: el tráfico, el pinche clima, pero pronto Marco sacó el tema. "Ana encontró unas imagenes de trios hmh que nos volvieron locos".

Alejandro alzó las cejas, sonriendo pícaro. "Muéstrenmelas, no seas". Le pasé el cel, y él scrolleó, su respiración acelerándose. "Carajo, esto está chido. ¿Y si lo hacemos?". Lo dijo mirándome fijo, y sentí un escalofrío delicioso bajarme por la espalda. Marco me jaló a su regazo, sus manos amasándome los pechos por encima de la blusa, mientras Alejandro se acercaba por el otro lado. Sí, esto es real. Dos hombres para mí. Mi fantasía cobrando vida.

La cosa escaló despacio, como buena película. Marco me quitó la blusa con calma, besando mi cuello, lamiendo el hueco de mi clavícula donde sabía que me ponía sensible. Su barba raspaba suave, enviando chispas a mi entrepierna. Alejandro observaba, tocándose por encima del pantalón, su verga ya marcada dura. "Estás rica, Ana", gruñó, y se unió, besándome la boca mientras Marco chupaba mis tetas. Sentí sus lenguas, una en mi pezón derecho, la otra en mi boca, sabores mezclados: sal de piel, dulzor de saliva, y ese toque ahumado del tequila.

Me recargué en el sofá, piernas abiertas, con el corazón tronándome en el pecho. Marco bajó mi tanga, oliendo mi humedad. "Mira cómo está de mojada, carnal", dijo, y hundió dos dedos en mí, moviéndolos lento, curvándolos justo ahí, en el punto G. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes. Alejandro se sacó la verga, gruesa y venosa, y me la acercó a la boca. La lamí de abajo arriba, probando su sabor almizclado, salado, mientras Marco me comía el coño con lengua experta. El ruido era obsceno: chapoteos húmedos, mis jadeos ahogados, sus respiraciones pesadas.

No puedo creerlo. Dos vergas, dos bocas, todo para mí. Soy la reina de esta noche.

La intensidad subió como volcán. Me pusieron de rodillas en la alfombra, Marco detrás, embistiéndome despacio al principio. Su verga me llenaba, estirándome delicioso, cada embestida rozando profundo. "¡Ay, cabrón!", grité, mientras chupaba a Alejandro con ganas, tragándomela hasta la garganta. Él gemía, agarrándome el pelo suave, guiándome. Olía a sexo puro: sudor masculino, mi jugo chorreando por mis muslos, el leve aroma a cuero del sofá. Tocaban todo: manos en mi clítoris, pellizcos en nalgas, besos en la espalda.

Cambiaron posiciones, escalando el vicio. Alejandro se acostó, y yo me monté en él, sintiendo su polla pulsar dentro, dura como acero. Rebotaba, mis tetas saltando, mientras Marco me metía por atrás, lubricado con mi propia saliva. Doble penetración, como en esas imagenes de trios hmh. El roce era intenso, sus vergas separadas solo por una delgada pared, frotándose mutuamente. Grité de placer, oleadas de calor subiendo desde el estómago. "¡Más fuerte, weyes! ¡No paren!", suplicaba, y ellos obedecían, sudando, gruñendo como animales.

El clímax llegó en avalancha. Primero Alejandro, corriéndose dentro de mí con un rugido, su leche caliente llenándome. Eso me disparó: mi orgasmo explotó, coño contrayéndose, visión borrosa, gusto metálico en la boca. Marco salió y se vino en mi espalda, chorros calientes resbalando por mi piel. Colapsamos en un enredo de cuerpos, respiraciones jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos. El cuarto olía a sexo crudo, a satisfacción profunda.

Después, en la cama, con sábanas frescas y agua fría, nos reímos bajito. Marco me besó la frente: "Pinche Ana, eres una diosa". Alejandro acarició mi muslo: "Repetimos cuando quieran". Me sentía empoderada, llena, como si hubiera conquistado el mundo. Esas imagenes de trios hmh habían sido solo el inicio; la realidad era mil veces mejor.

Ahora, cada vez que veo esas fotos, sonrío recordando el tacto de sus manos, el sabor de sus besos, el eco de nuestros gemidos. Neta, la vida es pa'vivirla así, sin frenos.

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