Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo La Playera de Alkaline Trio que Enciende Pasiones La Playera de Alkaline Trio que Enciende Pasiones

La Playera de Alkaline Trio que Enciende Pasiones

6765 palabras

La Playera de Alkaline Trio que Enciende Pasiones

Estaba en ese antro de rock en el corazón de la Condesa, con el aire cargado de humo de cigarro y sudor fresco de la pista. La música punk retumbaba en mis huesos, y yo tomaba una chela fría, sintiendo el vidrio helado contra mi palma. De repente, la vi: una chava con playera de Alkaline Trio, ajustada como segunda piel, marcando sus curvas perfectas. El negro del algodón contrastaba con su piel morena, y el logo desgastado parecía gritar rebeldía. Sus jeans rotos abrazaban sus caderas, y el cabello negro revuelto le caía sobre los hombros. Neta, mi verga dio un brinco solo de mirarla bailar sola, moviendo las nalgas al ritmo de un riff pesado.

Me acerqué, el corazón latiéndome como batería de batería. ¿Qué pedo, carnal? ¿No te late más la banda? le dije, gritando por encima del ruido. Ella volteó, ojos cafés intensos, labios carnosos pintados de rojo. Sonrió pícara, mostrando dientes blancos.

"Neta que sí, pero bailo mejor con compañía. ¿Tú qué, traes hueva?"
Su voz ronca, con ese acento chilango puro, me erizó la piel. Olía a vainilla y algo más, como deseo crudo. Nos pegamos a bailar, su espalda contra mi pecho, sintiendo el calor de su cuerpo filtrarse a través de la playera de Alkaline Trio. Mis manos en su cintura, suave como terciopelo, y ella se arqueó, restregando su culo contra mí. Ya estaba duro, presionando contra sus jeans.

La noche avanzaba, chelas van, chelas vienen. Hablamos de la banda, de cómo Alkaline Trio nos había salvado en noches de mierda. Ella se llamaba Ana, 28 años, diseñadora gráfica que odiaba su jefe pendejo. Yo, Marco, 30, mecánico de motos con tatuajes que contaban mis guerras internas. Pinche conexión, wey, pensé, mientras su mano rozaba mi muslo bajo la mesa. El antro apestaba a cerveza derramada y perfume barato, pero su aroma me volvía loco. Salimos a la calle, el viento fresco de la noche mexicana nos golpeó, y nos besamos contra la pared. Sus labios sabían a tequila y menta, lengua juguetona explorando mi boca. Gemí bajito, manos subiendo por su playera, tocando la piel caliente de su abdomen.

Acto primero: la chispa. Llegamos a mi depa en Polanco, un loft chiquito pero chido, con posters de punk en las paredes y luces tenues. Ana se quitó los zapatos, descalza sobre el piso de madera que crujía. Yo puse música baja, un playlist de Alkaline Trio para ambientar. Ella se recargó en la barra de la cocina, mirándome con ojos de fuego.

"Quítate la chamarra, Marco. Quiero verte sudar."
Me la quité, quedando en playera blanca ajustada. Nos acercamos lento, como en un ritual. Mis dedos rozaron el borde de su playera de Alkaline Trio, subiéndola despacio, revelando su ombligo piercingado y un sostén de encaje negro. Olía a su sudor dulce, mezclado con el mío. La besé el cuello, saboreando la sal de su piel, mientras ella jadeaba, uñas clavándose en mis hombros.

La llevé al sillón, tumbándola suave. Sus manos bajaron mi playera, lamiendo mi pecho, mordisqueando pezones. ¡Qué rico, cabrona! pensé, el pulso acelerado como motor de Harley. Le quité la playera por completo, la tela rasgándose un poco en el proceso, y ahí estaba, tetas firmes, pezones duros como piedras. Las chupé, succionando fuerte, oyendo sus gemidos roncos: "¡Ay, wey, no pares!" Bajé a su vientre, desabrochando jeans, oliendo su excitación húmeda. Calzón negro, empapado. Lo arranqué con dientes, lengua directa a su clítoris hinchado. Sabía a miel salada, jugos calientes fluyendo. Ana se retorcía, caderas alzándose, gritando ¡pendejo delicioso! mientras yo la lamía sin piedad, dedos adentro, curvados en su punto G.

El calor subía, el aire denso con olor a sexo. Ella me jaló el pelo,

"Métemela ya, Marco. Te necesito adentro."
Me paré, quitándome todo, verga tiesa palpitando, venas marcadas. Ana se arrodilló, mirándome con lujuria pura, y se la tragó entera. Su boca caliente, lengua girando en la cabeza, saliva chorreando. Gemí fuerte, pinche diosa, sintiendo bolas apretarse. La detuve antes de explotar, la cargué al cuarto. Cama king, sábanas frescas de algodón egipcio. La puse a cuatro patas, admirando su culo redondo, coño reluciente. Entré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo paredes apretadas ordeñándome. ¡Qué chingón! Ella empujaba hacia atrás, pidiendo más duro.

Acto segundo: la escalada. Embestí rítmico, piel contra piel chapoteando, sudor goteando de mi frente a su espalda. Manos en sus caderas, jalando pelo suave. Ana volteaba, besos salvajes, mordidas en labios. Cambiamos: ella arriba, cabalgándome como amazona, tetas rebotando, uñas en mi pecho dejando surcos rojos.

"¡Sí, así, cabrón! ¡Dame todo!"
Su clítoris frotando mi pubis, yo pellizcando pezones, oliendo su esencia almizclada. El cuarto olía a nosotros, a placer crudo mexicano. Sentí su orgasmo venir, coño contrayéndose, gritando ¡me vengo, wey! Temblores la sacudían, jugos empapando sábanas. Yo aguanté, volteándola boca arriba, piernas en hombros, penetrando profundo. Sus ojos en los míos, conexión total, almas chocando.

El clímax se acercaba, tensión en cada músculo. No aguanto más, pensé, embestidas furiosas, testículos golpeando. Ana me arañó la espalda, ¡Córrete adentro, amor! Explote con rugido, semen caliente llenándola, pulsos interminables. Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos. Besos lentos, lenguas perezosas. Su playera de Alkaline Trio tirada en el piso, testigo muda de nuestra locura.

Acto tercero: el eco. Nos duchamos juntos, agua caliente cascando sobre pieles sensibles. Jabón en sus curvas, dedos explorando aún, risas compartidas.

"Neta que esa playera trae suerte, ¿no?"
bromeó ella, secándose el cabello. Cenamos tacos de la esquina, suavecitos de suadero, salsa picosa quemando lenguas. Hablamos de todo: sueños, miedos, la banda que nos unió. La llevé a la cama de nuevo, pero esta vez tierno, cucharita, entrando lento mientras dormitábamos. Mañana llegó con sol filtrándose por cortinas, café negro humeante. Ana se vistió, poniéndose la playera arrugada, oliendo a nosotros. Se va, pero esto no termina, supe por su beso largo.

Quedó su aroma en las sábanas, el recuerdo de su gemido en mis oídos. Salí a la calle, CDMX vibrante, motos rugiendo. Esa noche, la playera de Alkaline Trio no solo fue tela: fue el detonante de una pasión que aún quema. Neta, la vida es punk, cabrones.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.