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Tri Iron Folic Despierta Mi Fuego

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Tri Iron Folic Despierta Mi Fuego

Era un jueves chido de esos en que el sol de la Ciudad de México me pegaba directo en la cara mientras manejaba mi Jetta por Insurgentes. Yo, Ana, treintañera con curvas que no me quejo, andaba hecha un trapo por el pinche trabajo en la agencia de publicidad. Neta, las juntas eternas y los clientes pendejos me tenían sin energía. Mi carnala Laura, que es nutrióloga, me había pasado unas cajitas de Tri Iron Folic, un suplemento nuevo que juraba que te ponía las pilas con hierro, ácido fólico y un chorro de vitaminas. "Tómalo, güey, te vas a sentir como leona en celo", me dijo riéndose.

Llegué a mi depa en la Condesa, ese rincón con balconcito y vista al parque México. Luis, mi vato de hace tres años, ya estaba ahí, fresco del gym, con su playera ajustada marcando pectorales. Siempre ha sido guapo el cabrón, alto, moreno, con esa sonrisa que me hace mojar. Pero últimamente nuestras folladas eran rápidas, como de microondas: calentar y ya. Le di un beso rápido y me fui a la cocina a preparar mi shake con Tri Iron Folic. El polvo se disolvió en el agua con un sabor dulzón, como a frutas tropicales. Me lo eché de un trago, sintiendo un cosquilleo leve en el estómago.

¿Y si de veras funciona? Neta necesito sentirme viva, no esta zombie que soy

La cena fue tacos de suadero de la taquería de la esquina, con cilantro fresco y cebolla crujiente que chorreaba jugo en mi boca. Luis me contaba del gym, pero yo ya sentía algo raro: mi piel erizada, como si el aire del ventilador me acariciara las chichis bajo el brasier. Nos echamos en el sofá a ver Netflix, su mano en mi muslo, pero esa noche no pasó de besos. Me dormí con el olor a su colonia mezclado con el mío, soñando con manos fuertes explorándome.

Al día siguiente, órale, desperté con el cuerpo encendido. El Tri Iron Folic me había dado un subidón brutal. Mi clítoris palpitaba solo, y al mirarme en el espejo del baño, vi mis pezones duros como piedras, rosaditos contra mi piel morena. Me toqué un poco, sintiendo la humedad entre las piernas, ese olor almizclado a excitación que me volvía loca. Pinche suplemento, ¿qué le echan? Me vestí con una falda corta y blusa escotada, sintiendo cada roce de la tela como una promesa.

En la oficina, no podía concentrarme. Cada vez que cruzaba las piernas, un escalofrío me subía por la espalda. Pensaba en Luis, en su verga gruesa que tanto me gustaba mamar. Le mandé un whatsapp: "Hoy llegamos y te chupo hasta que grites, cabrón". Su respuesta: "¿Qué te pasa, mi amor? Ya quiero verte". El día se me hizo eterno, con el sol filtrándose por las persianas, el ruido de los coches allá abajo, y mi pulso acelerado latiéndome en las sienes.

Llegué a casa sudando un poco, el bochorno de la tarde pegándome en la piel. Luis me esperaba con cervezas frías, el ambiente lleno del aroma a limón y sal. Nos besamos en la puerta, y ¡chingado!, su lengua en mi boca sabía a menta y deseo. Lo empujé al sillón, me subí encima, frotándome contra su entrepierna que ya se ponía dura como fierro.

Esto es gracias al Tri Iron Folic, lo juro. Me siento poderosa, como si pudiera comérmelo entero

Estás caliente hoy, Ana —me dijo con voz ronca, sus manos grandes apretándome las nalgas por encima de la falda.

Sí, mi rey, es el pinche Tri Iron Folic. Me puso cañona —le contesté mordiéndole el lóbulo de la oreja, oliendo su sudor fresco del día.

Le quité la camisa despacio, lamiendo sus abdominales salados, sintiendo los músculos contraerse bajo mi lengua. Él gimió bajito, ese sonido grave que me eriza la piel. Me levantó la blusa, chupándome las tetas con hambre, los pezones enviando chispas directo a mi chochito. Olía a su excitación, ese musk masculino que me hace babear.

Nos quitamos la ropa como animales, piel contra piel en el piso de la sala, el tapete suave rozándonos las rodillas. Su verga saltó libre, venosa y tiesa, apuntándome. La tomé en la mano, caliente y pulsante, masturbándolo lento mientras él metía dos dedos en mí, chapoteando en mi jugo abundante. Qué rico el sonido, húmedo y obsceno.

Te voy a follar hasta que no puedas caminar —gruñó, volteándome boca abajo.

Me abrí de piernas, sintiendo el aire fresco en mi culo expuesto. Entró despacio primero, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Gemí fuerte, el dolor placentero mezclándose con el placer. Empezó a bombear, sus bolas golpeándome el clítoris con cada embestida, el slap-slap de carne contra carne llenando la habitación. Sudábamos juntos, el olor a sexo crudo invadiendo todo, salado en mi boca cuando lamí su cuello.

Cambié de posición, montándolo como vaquera, mis caderas girando, sintiendo su pito tocar mi punto G profundo. Él me amasaba las tetas, pellizcando, mientras yo rebotaba, mis nalgas cacheteando sus muslos. ¡Ay, cabrón, qué duro estás! Mi orgasmo vino en olas, contrayéndome alrededor de él, chillando como loca, el mundo explotando en colores detrás de mis ojos cerrados.

No paró. Me puso a cuatro, metiéndomela más fuerte, sus manos en mi cintura marcándome con los dedos. Sentía cada vena, cada pulso, el calor subiendo por mi espina. Él jadeaba en mi oído:

Me vengo, mi amor, agárrate.

Se vació dentro, chorros calientes llenándome, su gruñido animal vibrando contra mi espalda. Colapsamos, pegajosos y temblando, el corazón latiéndonos al unísono.

Después, en la cama con sábanas revueltas, él acariciándome el pelo húmedo, yo pensando en lo jodidamente perfecto que fue. El Tri Iron Folic no solo me dio energía; desató algo salvaje en mí, algo que nos unió más. Lo besé suave, probando el salado de su piel.

Desde mañana, más Tri Iron Folic. Esto apenas empieza, wey

Luis se rio bajito, abrazándome fuerte. Afuera, la ciudad zumbaba, pero adentro, solo quedábamos nosotros, saciados y conectados como nunca.

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