Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Mi XXX Casero Trio Inolvidable Mi XXX Casero Trio Inolvidable

Mi XXX Casero Trio Inolvidable

6539 palabras

Mi XXX Casero Trio Inolvidable

Todo empezó en esa tarde calurosa de verano en mi depa de la Roma, con el sol colándose por las cortinas y el olor a tacos de la esquina flotando en el aire. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, curvas que no me avergüenzo de presumir y un morrito que me traía loca desde la uni: Luis, mi carnal en la cama, alto, tatuado y con esa sonrisa pícara que me derretía. Habíamos estado platicando de fantasías una noche con unas chelas, y neta, la idea de un xxx caseros trio nos prendió como mecha de cohete. No era la primera vez que lo mencionábamos, pero esa vez, con mi mejor amiga Karla de visita, el ambiente se cargó de electricidad.

Karla, esa morra de ojos verdes y pelo negro azabache que siempre andaba en shorts ajustados, se recargó en el sofá con una cerveza en la mano. ¿Y si lo hacemos de una vez? pensé, mientras sentía el calor subiéndome por las nalgas. Luis me guiñó el ojo desde la cocina, y yo supe que era ahora o nunca. "Oye, Karla, ¿qué tal si armamos algo chido los tres? Un xxx caseros trio pa'l recuerdo", le solté con voz juguetona, el corazón latiéndome como tambor de cumbia.

Ella se rio, pero sus mejillas se pusieron rojas como chile de árbol. "¡Estás loca, Ana! Pero neta, siempre he querido probar con ustedes. Luis es un padre en la cama, ¿verdad?". El aire se espesó, olía a su perfume mezclado con el sudor ligero de la tarde, y mis pezones se endurecieron bajo la blusa ligera. Luis se acercó, su mano rozando mi cintura, enviando chispas por mi piel. "Si las reinas quieren, yo soy su rey", dijo con esa voz ronca que me hacía mojarme al instante.

¡Pinche deseo que me quema por dentro! ¿Y si Karla se echa pa'trás? No, sus ojos brillan, quiere esto tanto como yo.

Nos miramos los tres, el silencio roto solo por el zumbido del ventilador. Lentamente, Karla se paró y me jaló hacia ella, sus labios suaves chocando con los míos en un beso que sabía a menta y promesas. Su lengua exploró mi boca, tibia y húmeda, mientras Luis nos observaba, su verga ya marcando en los jeans. El beso se profundizó, mis manos enredándose en su pelo, oliendo su shampoo de coco que me volvía loca.

Luis no se quedó atrás. Se pegó por detrás, besando mi cuello, su aliento caliente contra mi oreja. "Eres una diosa, Ana", murmuró, mientras sus dedos bajaban por mi espalda, desabrochando mi bra. Sentí su dureza presionando mis nalgas, dura como piedra, y un gemido se me escapó. Karla se apartó un segundo, jadeando, y nos quitó la ropa con urgencia. Mi blusa voló, sus tetas perfectas quedaron al aire, pezones rosados erectos como botones. El cuarto se llenó del aroma almizclado de nuestra excitación, piel contra piel, sudor salado en la lengua cuando lamí su clavícula.

Caímos al colchón king size que crujió bajo nuestro peso, las sábanas frescas contra mi espalda ardiente. Luis se arrodilló entre nosotras, su boca devorando mis senos primero, chupando con fuerza que me hacía arquearme. ¡Ay, cabrón, qué rico! Karla se unió, lamiendo el otro pezón, sus dientes rozando suave. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes, mis manos apretando sus cabezas. Bajaron juntas, besos húmedos por mi vientre, hasta mi concha depilada que palpitaba de necesidad.

"Mírenla, qué ricura", dijo Luis, separando mis labios con los dedos. Karla sopló aire caliente ahí, haciendo que mi clítoris se hinchara más. Su lengua entró primero, lamiendo lento, saboreando mis jugos que corrían como miel. Luis metió dos dedos, curvándolos justo en mi punto G, mientras chupaba mi muslo interno, dejando marcas rojas. El placer era un torbellino: el roce áspero de su barba, el suave de su lengua, los jadeos de Karla vibrando contra mí. No aguanto, me voy a venir ya, pensé, pero me contuve, queriendo más.

Cambié posiciones, poniéndome a cuatro patas. Karla debajo de mí, boca abierta lista para mi concha. Bajé despacio, frotándome en su cara, oliendo mi propio aroma mezclado con el suyo. Luis se posicionó atrás, su verga gorda y venosa rozando mi entrada. "Dime si quieres, mi amor", gruñó. "¡Sí, métela toda, pendejo!", grité, y embistió profundo. El estirón fue delicioso, llenándome hasta el fondo, sus bolas golpeando mi clítoris con cada empujón.

Karla lamía donde nos uníamos, su lengua en mis labios y en la base de su verga, saliva chorreando. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, piel chocando, mis gemidos roncos mezclados con los suyos agudos. Sudábamos a mares, el cuarto olía a sexo puro, ese almizcle que te enloquece. Luis aceleró, sus manos amasando mis nalgas, un dedo en mi ano apretado, lubricado con mis jugos. ¡Joder, esto es el paraíso!

Siento sus pulsos acelerados, su piel ardiente contra la mía. Karla gime debajo, su concha frotándose en mi muslo, dejando rastro resbaloso.

La tensión crecía como volcán. Cambiamos: Karla a cuatro, yo lamiéndole la concha mientras Luis la cogía fuerte. Ella gritaba "¡Más, Luis, rómpeme!", su culo rebotando contra él. Yo metí la lengua profundo, probando su sabor salado-dulce, dedos en su clítoris girando. Luis salió de ella, brillante de sus jugos, y me lo metió en la boca. Saboreé a Karla en él, venoso y palpitante, hasta la garganta. Tosí un poco, pero seguí mamando con hambre, saliva goteando por mi barbilla.

El clímax se acercaba. Luis nos puso a las dos de rodillas frente a él, verga en mano. "Vengan, putitas mías". Nos turnamos chupando, lenguas enredadas alrededor de su glande, bolas pesadas en nuestras manos. Él rugió, chorros calientes salpicando nuestras caras, tetas, bocas abiertas. Tragamos lo que pudimos, el resto chorreando pegajoso. Yo exploté entonces, masturbándome furiosa, olas de placer sacudiéndome mientras Karla me besaba, compartiendo su leche.

Caímos exhaustos, enredados en las sábanas revueltas, el aire pesado con olor a corrida y sudor. Luis nos abrazó, besos suaves en frentes perladas. "Eso fue un xxx caseros trio de antología", murmuró riendo. Karla suspiró contra mi pecho. "Neta, las mejores amigas y amantes".

Me quedé ahí, sintiendo sus respiraciones calmándose, el pulso volviendo a normal. Esto nos cambió, nos unió más. ¿Repetimos pronto? El sol se ponía, tiñendo el cuarto de naranja, y supe que este recuerdo nos calentaría por noches. Empoderadas, satisfechas, listas para más aventuras caseras.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.