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La Pasión de Asma Triada

6979 palabras

La Pasión de Asma Triada

Imagina que estás en una villa frente al mar en Cancún, el sol del atardecer tiñe el cielo de naranjas y rosas, mientras el sonido de las olas rompiendo contra la playa te envuelve como un susurro caliente. El aire huele a sal y a jazmín del jardín, y tú, con una cerveza fría en la mano, observas a Asma Triada recostada en una hamaca. Es una chava de unos veintiocho, con curvas que parecen esculpidas por los dioses aztecas: tetas firmes que se marcan bajo su bikini rojo, caderas anchas y un culazo que te hace tragar saliva. Su piel morena brilla con aceite de coco, y su cabello negro cae en cascada hasta la cintura. Neta, desde que la viste entrar a la fiesta de tu carnal, no has podido quitarle los ojos de encima.

¿Qué chingados tiene esta morra que me pone así de caliente? piensas, mientras sientes cómo tu verga se despierta en los shorts. Asma te pilla mirándola y te guiña un ojo, con una sonrisa pícara que dice ven pa'cá, wey. Te acercas, el corazón latiéndote como tambor de mariachi, y ella se incorpora, rozando su muslo contra el tuyo. El contacto es eléctrico, su piel suave y cálida te eriza el vello.

—Órale, guapo —te dice con esa voz ronca, como si fumara habanos—. ¿Vienes a refrescarme o qué?

Su aliento huele a tequila y limón, dulce y ardiente. Le contestas algo pendejo sobre el calor, pero ella se ríe, una carcajada que vibra en tu pecho, y te jala de la mano hacia la piscina infinita. El agua está tibia, como su cuerpo cuando salpica y te moja la camisa, pegándola a tu torso. Ahí notas sus pezones duros bajo el bikini, rosados y jugosos, pidiendo a gritos ser chupados.

La tensión crece mientras chapan en el agua, sus labios carnosos saben a sal y deseo, su lengua baila con la tuya en un ritmo frenético. Sientes sus tetas presionadas contra ti, blandas pero firmes, y tus manos bajan a su nalgas, amasándolas como masa de tamales. Ella gime bajito, un sonido que te pone la verga como fierro.

Quiero más —susurra en tu oído, mordiéndote el lóbulo—. Tengo una amiga... una asma triada que nos va a volver locos.

¿Asma triada? Suena como un código secreto, pero lo dice con tal lujuria que no preguntas. Minutos después, aparece Lupe, su compa de toda la vida, una güera culona con ojos verdes y labios pintados de rojo fuego. Ambas son maestras en la primaria, pero esta noche son diosas del placer, adultas y empoderadas, listas para devorarte.

La noche cae como un manto negro salpicado de estrellas, y entran a la villa, el aire acondicionado les eriza la piel. Asma Triada te empuja al sofá de cuero, que cruje bajo tu peso, y se arrodilla entre tus piernas. Lupe se une, sus manos suaves desabrochando tu pantalón. El olor a su excitación llena la habitación: ese aroma almizclado, dulce como miel de maguey, mezclado con perfume de vainilla.

—Mira qué verga tan chula tienes, carnal —dice Asma, lamiéndose los labios—. Vamos a hacerla nuestra.

Te sientes como rey, el pulso acelerado, el sudor perlando tu frente. Asma Triada envuelve tu pija con su boca caliente, succionando con maestría, su lengua girando alrededor del glande como un torbellino. Sientes cada vena latiendo, el calor húmedo de su garganta cuando te traga hasta el fondo. Lupe no se queda atrás: besa tu cuello, mordisquea tus tetillas, sus uñas arañando tu pecho con justo el dolor que duele rico. El sonido de chupadas y gemidos llena el aire, chapoteo obsceno que te hace cerrar los ojos.

Pero no es solo físico; en tu mente, un torbellino. Estas dos morras me están volviendo loco, neta que esto es un sueño. Asma Triada con su mirada de fuego, Lupe con su culo rebotando... ¿cómo carajos llegué aquí? La culpa pasa fugaz —tu novia te dejó hace meses, y esto es puro desmadre consensual— y te rindes al placer.

Las llevas a la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves como sus pieles. Asma se monta en tu cara, su concha depilada chorreando jugos que sabes a nectarina madura, salada y dulce. La lames con hambre, lengua hundiéndose en sus labios mayores, rozando el clítoris hinchado. Ella cabalga tu boca, gimiendo ¡ay, sí, cabrón, así!, sus jugos empapándote la barba. Lupe se empala en tu verga, centímetro a centímetro, su interior apretado y aterciopelado apretándote como guante. Sientes cada contracción, el calor abrasador envolviéndote.

El ritmo se acelera, cuerpos chocando con palmadas húmedas, sudor resbalando entre pechos y espaldas. Cambian posiciones: tú de perrito con Lupe, su culo blanco rebotando contra tu pubis, mientras Asma Triada besa a su amiga, tetas rozándose, lenguas enredadas. El olor a sexo es intenso, almizcle y sudor, el aire pesado. Tus bolas se contraen, el orgasmo acechando como tormenta.

En el clímax del medio acto, una pequeña pausa: se acurrucan contigo, dedos trazando patrones en tu piel. Asma confiesa su fantasía de la asma triada, ese lazo de tres que las une desde la uni, puro amor libre y empoderamiento femenino. Tú, con el corazón abierto, admites que nunca habías sentido tal conexión. El conflicto interno —¿y si esto es solo una noche?— se disuelve en besos tiernos, lenguas explorando bocas con devoción.

La intensidad sube de nuevo. Asma Triada se acuesta boca arriba, piernas abiertas como invitación. Tú la penetras despacio, sintiendo su coño palpitante, paredes vaginales masajeando tu verga. Lupe se sienta en su cara, y las tres lenguas —la tuya en tetas, la de ellas en mutuo placer— crean sinfonía. Gemidos se convierten en gritos: ¡Cógeme más duro, wey! ¡Qué rico tu verga! El colchón tiembla, cabezas de espuma crujiendo.

El olor a orgasmo inminente impregna todo, ese almizcle acre. Tus embestidas se vuelven salvajes, piel contra piel chapoteando, tetas botando hipnóticas. Asma Triada arquea la espalda, sus uñas clavándose en tus hombros, un grito gutural liberándose mientras su coño se aprieta en espasmos, chorros calientes empapando las sábanas. Lupe sigue, temblando sobre la boca de su amiga, jugos goteando.

Tú no aguantas más: sacas la verga reluciente, ellas se arrodillan, bocas abiertas. Chorros espesos de leche caliente salpican sus lenguas, caras, tetas. Saborean, lamiendo mutuamente, ojos brillando de satisfacción. El sabor salado en sus labios, el calor pegajoso en la piel.

En el afterglow, yacen enredados, el ventilador zumbando suavemente, olas lejanas arrullando. Asma Triada acaricia tu mejilla, su voz un ronroneo:

—Esto fue la asma triada perfecta, mi amor. ¿Repetimos?

Sientes paz, el cuerpo laxo, corazón lleno. No hay arrepentimientos, solo promesas de más noches ardientes. El amanecer pinta la habitación de dorado, y tú sabes que has encontrado algo real en este torbellino de placer.

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