Tri Bike Vs Road Bike El Duelo Ardiente
El sol de mediodía en el Valle de México te azota la espalda mientras pedaleas fuerte en tu tri bike, esa máquina aerodinámica que te hace sentir como un cohete en las competencias de triatlón. El viento silba entre los rayos de las ruedas delgadas, y el olor a tierra seca y eucaliptos del Bosque de Chapultepec te llena las fosas nasales. Sudas a chorros, la camiseta pegada al cuerpo, marcando cada curva de tus pechos firmes. Neta, no hay nada como esta chulada de bici para volar en la transición de natación a carrera.
De repente, un zumbido agudo te alcanza por detrás. Es él, un moreno alto y atlético en una road bike reluciente, con cuadro de carbono negro que brilla bajo el sol. Pasa a tu lado con una sonrisa pícara, las piernas musculosas bombeando como pistones. ¿Qué pedo con este wey? piensas, acelerando para no quedarte atrás. Él gira la cabeza, el sudor perlando su frente morena, y grita:
¡Órale, carnala! ¿Qué onda con esa tri bike? ¡Se ve chueca pa' las subidas, no mames!
Tú frenas un poco, poniéndote a su altura. El aroma de su sudor fresco, mezclado con el de su desodorante cítrico, te golpea como una ola. Sientes un cosquilleo en el estómago, esa tensión inicial que siempre precede a algo bueno. Tri bike vs road bike, piensas, esto va a estar interesante.
—No seas pendejo —le respondes jadeando, con la voz ronca por el esfuerzo—. La tri bike es pa' volar en plano y triatlones, no como tu road bike de mirrey que se cansa en las curvas.
Él se ríe, una carcajada grave que vibra en tu pecho. Sus ojos cafés te recorren de arriba abajo, deteniéndose en tus muslos tonificados por horas de pedaleo. El corazón te late más rápido, no solo por la subida que se avecina. Siguen juntos, hombro con hombro, el chirrido de las cadenas y el jadeo sincronizado llenando el aire. Cada bache en el asfalto envía vibraciones deliciosas por tu entrepierna, y te das cuenta de que su presencia te está encendiendo por dentro.
En la cima de la colina, paran para tomar agua. Él se baja primero, estirando esos brazos fuertes, los músculos del pecho asomando bajo la playera empapada. Tú desmontas, las piernas temblando un poco, y sientes su mirada clavada en tu culo mientras caminas. El viento trae el olor de pinos y asfalto caliente, y el sol calienta tu piel hasta hacerla arder.
—Mira, wey —dices, acercándote más de lo necesario, el calor de su cuerpo irradiando hacia ti—. La tri bike es puro aero, eficiencia pura. Tu road bike es pa' posers que quieren verse chidos en el grupo.
Él se acerca, su aliento cálido en tu oreja. Chingado, huele a hombre puro, piensas, el pulso acelerándose.
¿Quieres apuesta? Si gano la próxima bajada, me dejas probar esa tri bike tuya... de cerca.
Su mano roza tu brazo accidentalmente —o no—, enviando chispas por tu espina. Asientes, la boca seca, el deseo empezando a pulsar entre tus piernas.
La bajada es una locura. Él adelante en su road bike, tú persiguiéndolo en la tri bike, el viento azotando tu cabello suelto, el rugido de las llantas como un gemido colectivo. Lo alcanzas en una curva, rozando su cadera con la tuya. Sienten la electricidad, el roce de tela húmeda. Parano en un claro apartado, rodeado de árboles altos, el sonido lejano de la ciudad como un murmullo erótico.
Ahí empieza el verdadero tri bike vs road bike. Se miran, jadeantes, los pechos subiendo y bajando. Él te acorrala contra un tronco rugoso, su mano grande en tu nuca, atrayéndote para un beso feroz. Sus labios saben a sal y Gatorade, la lengua invadiendo tu boca con hambre. Tú gimes contra él, las manos en su pecho duro, sintiendo el latido desbocado bajo tus palmas.
Esto es mejor que cualquier pedaleo, piensas mientras él te muerde el labio inferior, suave pero posesivo. Sus dedos bajan por tu espalda, metiéndose bajo la playera, arañando la piel sensible. El olor a sudor nuestro se mezcla, embriagador, primitivo. Tú le quitas la camiseta de un jalón, revelando el torso esculpido por años de ciclismo: abdominales marcados, vello oscuro bajando hacia la cintura.
—Quítate todo, carnala —murmura ronco, los ojos oscuros de lujuria.
Te desprendes de la ropa con prisa, el aire fresco besando tu piel desnuda, pezones endureciéndose al instante. Él te devora con la mirada, luego se arrodilla, besando tu ombligo, bajando lento. Sientes su aliento caliente en tu monte de Venus, el cosquilleo volviéndote loca. Cuando su lengua toca tu clítoris, arqueas la espalda, un gemido escapando de tu garganta. No mames, qué chido. Lamidas expertas, succiones que te hacen temblar, el sabor de tu excitación en su boca mientras tus jugos corren por sus labios.
Tú lo jalas arriba, desabrochándole los shorts. Su verga salta libre, gruesa y venosa, palpitando contra tu vientre. La agarras, sintiendo el calor, la dureza de acero bajo terciopelo. Él gruñe, empujándote al suelo mullido de hojas secas. Te abre las piernas, frotando la punta contra tu entrada húmeda, torturándote.
—Dime quién gana, ¿tri bike o road bike? —te provoca, la voz entrecortada.
—Cógeme ya, pendejo —suplicas, clavando uñas en su culo firme.
Se hunde en ti de un solo empujón, llenándote por completo. Gritas de placer, el estiramiento delicioso, sus caderas chocando contra las tuyas en un ritmo frenético. El sonido de piel contra piel, húmedo y obsceno, se mezcla con sus jadeos y tus gemidos. Sientes cada vena, cada pulso dentro de ti, el roce contra tu punto G enviando olas de éxtasis. Sudas juntos, cuerpos resbalosos, el olor a sexo impregnando el aire.
Cambian posiciones: tú encima, cabalgándolo como en una sprint final. Tus tetas rebotan, él las agarra, pellizcando pezones mientras embistes. Es mío, todo mío, piensas, el control volviéndote salvaje. Él se incorpora, chupándote el cuello, mordiendo suave, dejando marcas que mañana dolerán rico.
La tensión sube, coiling como una subida interminable. Tus paredes lo aprietan, él hinchándose más dentro. —Me vengo —gruñe, y explota, chorros calientes llenándote, empujándote al borde. Tu orgasmo te sacude, visión nublándose, cuerpo convulsionando en espasmos interminables. Gritas su nombre —no sabes ni cómo se llama, pero suena perfecto—, olas de placer rompiendo una y otra vez.
Caen exhaustos, enredados en el suelo, el sol filtrándose entre hojas como confeti dorado. Su semen gotea de ti, cálido y pegajoso en tus muslos. Respiran agitados, risas suaves escapando. Él te besa la frente, tierno ahora.
—Neta, empate en el tri bike vs road bike —dice, acariciando tu cabello.
Tú sonríes, el cuerpo lánguido, satisfecho. Pero yo gané algo mejor. Se visten lento, robándose besos, promesas de más vueltas juntos. Montan de nuevo, cuerpos aún zumbando, el atardecer tiñendo el cielo de rosa y naranja. Pedalean lado a lado, no rivales ya, sino cómplices en esta pasión ciclista.
En casa, bajo la ducha caliente, el agua lava el sudor pero no el recuerdo. Tocas tu piel sensible, sonriendo al espejo. Mañana, otra ruta. Otra batalla. Pero esta vez, con él. Tri bike vs road bike, qué chingonería.