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El Trio Prno que Nos Consumio

7526 palabras

El Trio Prno que Nos Consumio

La noche en la playa de Cancún estaba cargada de ese calor húmedo que se pega a la piel como una promesa. Ana caminaba descalza por la arena tibia, el sonido de las olas rompiendo suave contra la orilla mezclándose con la música reggaetón que salía de la fiesta en la casa rentada. Llevaba un vestido ligero de algodón blanco que se adhería a sus curvas con cada brisa marina, y el olor a sal y coco de su loción la hacía sentir viva, deseable. Hacía meses que no se soltaba así, desde que terminó con su ex, un pendejo que no sabía ni dónde tocarla.

Ahí estaban Marco y Luis, dos cuates de la universidad que no veía desde la prepa. Marco, alto y moreno con esa sonrisa pícara que iluminaba sus ojos cafés, y Luis, más delgado, con tatuajes en los brazos que asomaban bajo su camisa guayabera desabotonada. Estaban bebiendo chelas frías, riendo con esa complicidad de carnales. Órale, qué chidos se ven, pensó Ana, sintiendo un cosquilleo en el estómago que bajaba directo entre sus piernas.

—¡Ana, wey! ¿Qué onda, ricura? —gritó Marco al verla, levantándose para abrazarla fuerte. Su cuerpo duro contra el de ella, el aroma a su colonia mezclada con sudor fresco, la hizo jadear bajito.

—Neta, estás más buena que nunca —agregó Luis, besándola en la mejilla, su aliento cálido rozando su oreja.

La charla fluyó fácil, como si no hubieran pasado años. Bailaron pegaditos bajo las luces de colores, sus manos explorando espaldas y caderas con esa tensión que crece despacio. Ana sentía el pulso acelerado, el roce de las erecciones contra su trasero cuando se movían al ritmo.

¿Y si les propongo algo loco? Un trio prno de esos que ves en internet, pero en la vida real. Neta, me muero por sentirlos a los dos
, se dijo, mordiéndose el labio mientras imaginaba sus bocas en su piel.

La fiesta se ponía más intensa, pero ellos tres se escabulleron hacia la playa oscura, solos con la luna testigo. Se sentaron en una manta, pasando una chela y compartiendo miradas cargadas de fuego.

—Chavos, ¿han pensado en un trio prno? —soltó Ana de repente, su voz ronca por la excitación. Los vio mirarse, sonriendo con picardía.

—Simón, carnala. Siempre quise verte así, abierta a todo —respondió Marco, acariciando su muslo desnudo.

—Y yo, neta. Eres la reina de mis sueños sucios —dijo Luis, besándola suave en los labios.

El beso se profundizó, lenguas danzando con sabor a cerveza y sal. Ana se rindió al momento, el corazón latiéndole como tambor en el pecho.

Subieron a la casa, riendo bajito para no despertar a los demás. La habitación era amplia, con una cama king size que olía a sábanas frescas y brisa marina entrando por la ventana abierta. Se desnudaron despacio, como en un ritual. Ana admiraba los cuerpos de ellos: Marco con su verga gruesa y venosa ya dura, apuntando al techo; Luis más larga, curva, palpitando con anticipación. Ella se quitó el vestido, quedando en tanga roja que apenas cubría su chocha húmeda.

Acto uno completo: el deseo encendido. Sus manos la tocaron por primera vez al mismo tiempo. Marco desde atrás, amasando sus tetas firmes, pellizcando pezones que se endurecieron como piedras. Luis de frente, besando su cuello, bajando a lamer sus labios mayores, el sabor salado de su sudor mezclándose con el dulzor de su excitación. Ana gemía bajito, qué chingón se siente esto, el aire cargado de su aroma almizclado a sexo inminente.

La llevaron a la cama, ella en el centro. Marco se acostó a su lado derecho, Luis al izquierdo. Besos en lluvia: bocas en su boca, en sus tetas, en su ombligo. Ana arqueaba la espalda, sintiendo el roce áspero de barbas contra su piel suave, el calor de sus alientos acelerados. Sus manos bajaron, una envolviendo la verga de Marco, masturbándola lento, sintiendo las venas pulsar; la otra en la de Luis, más resbalosa por el precum que ya goteaba.

—Qué rica verga tienen, cabrones —murmuró ella, lamiendo sus labios.

Marco gruñó, bajando a chupar su chocha por encima de la tanga. El calor húmedo de su lengua la hizo temblar, el olor a su propia humedad invadiendo la habitación. Luis le metió dos dedos en la boca, ella los succionó como si fueran su verga, saboreando la sal de su piel.

La tensión subía como marea. Ana quería más, necesitaba que la llenaran.

Esto es mejor que cualquier trio prno, es real, es nuestro
.

Le quitaron la tanga, exponiendo su chocha rosada y empapada. Luis se hincó entre sus piernas, lamiendo despacio desde el clítoris hasta el ano, círculos lentos que la hacían retorcerse. Marco besaba su boca, tragándose sus gemidos. El sonido de lengüetazos húmedos, de succiones, llenaba el aire junto con sus respiraciones jadeantes.

—Te voy a meter la verga, mi amor —dijo Marco, posicionándose. Ana asintió, abriendo las piernas. Él entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola con su grosor. ¡Ay, wey, qué llena me sientes! El roce interno era fuego puro, sus paredes contrayéndose alrededor de él.

Luis no se quedó atrás. Se arrodilló junto a su cabeza, ofreciéndole su verga. Ella la tomó ansiosa, mamándola profundo, el sabor salado-musgoso explotando en su lengua. Lo sentía golpear su garganta, saliva chorreando por su barbilla mientras Marco la cogía con embestidas lentas, profundas.

Cambiaron posiciones. Ana encima de Marco, cabalgándolo con furia, sus nalgas rebotando contra sus muslos, el plaf plaf rítmico como música erótica. Luis detrás, untando lubricante en su ano virgen. Primera vez así, pero con ellos me animo.

—Despacio, carnal —le pidió ella, y él obedeció, la punta entrando suave. Dolor placentero que se convirtió en éxtasis cuando ambos la llenaron por completo. Sentía sus vergas rozándose separadas solo por una delgada pared, pulsando en sincronía. El sudor corría por sus espaldas, goteando en su piel, el olor a sexo crudo impregnando todo.

Los gemidos subían de volumen: —¡Sí, cóganme así, pendejos calientes! —gritaba Ana, perdida en el placer. Marco desde abajo pellizcaba sus tetas, Luis azotaba suave sus nalgas, el ardor sumándose al fuego.

La intensidad crecía. Ana sentía el orgasmo aproximándose como ola gigante, sus músculos tensándose. Ellos aceleraron, embestidas brutales pero cariñosas. Primero ella explotó, chocha contrayéndose en espasmos, chorros de squirt mojando la cama, grito ronco escapando de su garganta. Marco la siguió, llenándola de leche caliente que rebosaba. Luis se sacó, eyaculando en su espalda, chorros calientes pintando su piel.

Colapsaron juntos, cuerpos entrelazados, respiraciones calmándose. El afterglow era dulce: besos suaves, caricias perezosas. Ana entre ellos, sintiendo sus corazones latir al unísono.

—Fue el mejor trio prno de mi vida —dijo Marco, riendo bajito.

—Neta, repitámoslo pronto —agregó Luis, besando su hombro.

Ana sonrió, el cuerpo saciado pero el alma aún vibrando.

Esto no fue solo sexo, fue conexión, libertad. Mañana quién sabe, pero esta noche fue nuestra
. La brisa marina entraba, refrescando sus pieles pegajosas, mientras el mar susurraba promesas de más noches locas.

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