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El Tri en Vivo Enciende Mi Deseo

6905 palabras

El Tri en Vivo Enciende Mi Deseo

Era una noche de esas que se viven con el corazón en la garganta. Yo, Ana, estaba sentada en el sofá de mi departamento en la Condesa, con las luces bajas y la tele prendida a todo lo que daba. El Tri en vivo, carajo, México contra Argentina en las eliminatorias. Marco, mi carnal del alma, mi novio desde hace dos años, se había encargado de armar el changarro perfecto: chelas frías en el hielero, botanas de totopos con guac, y ese olor a limón y chile que flotaba en el aire. Llevábamos meses planeando esta noche, no solo por el pinche partido, sino porque sabíamos que el ambiente se iba a poner caliente.

Me recargué en su pecho ancho, sintiendo el calor de su piel a través de la playera del Tri que traía puesta. El estadio rugía en la pantalla, miles de voces gritando ¡México! ¡México! y yo sentía las vibraciones en mi cuerpo. Su mano descansaba en mi muslo, casual al principio, pero con esa promesa juguetona que siempre me erizaba la piel. Olía a su colonia fresca mezclada con el sudor ligero de la tarde, y neta, eso me ponía de nervios.

¿Por qué chingados el fútbol me prende tanto con él? Esas miradas rápidas, el roce accidental que no lo es tanto...

El partido arrancó con todo. Dos minutos y ya Chicharito mandaba un balazo que el portero atajó de milagro. Marco brincó del sofá, gritando ¡No mames, wey! y me jaló para que lo abrazara. Nuestros cuerpos chocaron, mis tetas contra su pecho duro, y ahí empezó el juego de verdad. Su mano subió un poquito más por mi muslo, rozando el borde de mis shorts cortitos. Yo me mordí el labio, el corazón latiéndome como el de los jugadores en la cancha.

El primer tiempo se puso intenso. Sudábamos con el calor de la ciudad que entraba por la ventana abierta, mezclado con el aroma de las chelas abiertas. Cada vez que el Tri atacaba, Marco me apretaba más, sus dedos trazando círculos lentos en mi piel suave. Yo giré la cara, rozando mi nariz en su cuello, inhalando ese olor masculino que me hacía mojarme sin remedio. Órale, Ana, contrólate, pensé, pero mi cuerpo ya decía otra cosa. Le pasé la lengua por la oreja, bajito, y lo sentí tensarse.

Al medio tiempo, con el marcador uno cero a favor, nos quedamos callados un rato, respirando pesado. La tele mostraba repeticiones, el estadio enloquecido. Marco me volteó, sus ojos cafés brillando con picardía. Estás rica esta noche, morra, murmuró, y me besó. Fue un beso suave al principio, labios carnosos probando los míos, sabor a cerveza y sal de las papas. Pero pronto se profundizó, su lengua invadiendo mi boca con hambre, y yo respondí enredando mis dedos en su cabello negro revuelto.

Acto dos de nuestra propia película. El segundo tiempo pitó inicio y nos sentamos otra vez, pero ya no era lo mismo. Yo me trepaba a horcajadas sobre sus piernas, sintiendo su verga dura presionando contra mi entrepierna a través de la tela. El sonido del narrador gritando ¡Gol de México! nos hizo brincar juntos, y en ese rebote, sus manos se colaron bajo mi blusa, amasando mis pechos. ¡Ay, cabrón! gemí bajito, los pezones endureciéndose bajo sus palmas ásperas de tanto gym.

Su toque es fuego puro, neta. Cada roce manda chispas directo a mi clítoris, que palpita como si quisiera explotar.

El partido se ponía cabrón, Argentina empataba con un penalazo. Marco maldecía, pero yo lo distraía lamiéndole el cuello, bajando por su clavícula. Olía a sudor fresco, a hombre excitado, y ese aroma me volvía loca. Le quité la playera de un jalón, exponiendo su torso marcado, músculos contraídos por la tensión del juego y la nuestra. Mis uñas arañaron suave su abdomen, bajando hasta el botón de sus jeans. Él jadeaba, mirándome con ojos de depredador mientras el Tri contraatacaba.

Nos movíamos al ritmo del balón. Cada pase largo era un beso en el cuello, cada tiro a puerta un apretón en el culo. Yo me frotaba contra él, sintiendo la humedad empapando mis panties. Te quiero adentro ya, pendejo, le susurré al oído, y él rio ronco, desabrochándome los shorts. Sus dedos encontraron mi coño resbaloso, deslizándose adentro con facilidad. Estás chingona de mojada, mi reina, dijo, y metió dos dedos, curvándolos justo donde me volvía loca. Gemí fuerte, ahogada por el rugido del estadio en la tele.

La intensidad subía como la marea. Sudor perlaba su frente, goteaba por su pecho, y yo lo lamía, salado y adictivo en mi lengua. Él me chupaba los pezones, mordisqueando suave, enviando descargas eléctricas a mi vientre. El aire olía a sexo ahora, a nuestra excitación mezclada con el chile de las botanas olvidadas. Nuestros corazones latían desbocados, sincronizados con los últimos minutos del partido. México lideraba dos uno, pero Argentina presionaba.

En un corner decisivo, Marco me levantó un segundo, bajándose los jeans. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando por mí. Yo me quité los shorts y panties de un tirón, montándome en él sin preámbulos. ¡Sí, así! gruñí al sentirlo llenarme, estirándome delicioso. Empezamos a movernos lento, mis caderas girando mientras el balón volaba en la pantalla. Cada embestida coincidía con los gritos del público, el ¡uuuy! del narrador amplificando nuestros jadeos.

La fricción era brutal, su pubis rozando mi clítoris hinchado, sus manos guiando mi culo arriba y abajo. Sudábamos como en la cancha, piel resbalosa chocando con sonidos húmedos. Yo clavaba las uñas en sus hombros, oliendo su esencia pura, probando el sudor de su labio superior.

Esto es el paraíso, wey. El Tri en vivo nos está follando a los dos.
Él aceleraba, profundo, golpeando ese punto que me hacía ver estrellas.

El pitazo final llegó con México ganando tres dos. El estadio explotó, y nosotros con él. Marco me penetró fuerte unas últimas veces, su verga hinchándose dentro de mí. ¡Me vengo, Ana! rugió, y sentí su leche caliente inundándome, disparadores que me catapultaron al orgasmo. Mi coño se contrajo alrededor de él, oleadas de placer sacudiéndome entera, gritando su nombre mezclado con ¡Gol! del locutor. Temblores en las piernas, pulso atronador en los oídos, el mundo reducido a su calor dentro de mí.

Nos quedamos así, unidos, respirando entrecortado mientras la tele mostraba festejos. Su semen chorreaba lento por mis muslos, cálido y pegajoso, y yo lo besé perezosa, saboreando el afterglow. El departamento olía a victoria, a nosotros. Marco me acarició el cabello, murmurando La mejor noche con El Tri en vivo, mi amor. Yo sonreí, el cuerpo lánguido, el alma plena. Mañana dolerían los músculos, pero valdría cada punzada. Porque con él, cada partido es una follada épica.

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