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La Cervélo Tri Bike que Despierta Mis Deseos

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La Cervélo Tri Bike que Despierta Mis Deseos

El sol de la madrugada en Cancún pegaba duro ya a las cinco de la mañana mientras yo ajustaba el sillín de mi Cervélo Tri Bike. Esa máquina chingona era mi orgullo mi amante de metal y carbono que me llevaba a límites que ni yo me creía capaz. Me subí con el lycra ajustado que me hacía sentir como una diosa del asfalto el sudor ya empezando a perlar mi piel morena. El aire salado del mar Caribe me rozaba las piernas tonificadas y el olor a goma quemada de los neumáticos me ponía en modo bestia. Hoy era día de entrenamiento largo para el Ironman y no podía fallar.

Pedaleaba por la costera la brisa marina lamiendo mis muslos expuestos cuando lo vi. Un güey alto fornido con una bici igual de pro que la mía pero él iba en una Specialized. Frenó a mi lado con una sonrisa pícara que me hizo erizar la piel. Órale qué chulo pensé mientras lo veía sudado el pecho marcado bajo el jersey abierto. Se llamaba Marco un triatleta local que había oído de mí en los grupos de WhatsApp.

¿Y tú quién eres para mirarme así pinche guapo? Mi corazón latió fuerte como tambor de banda sinaloense.

Órale carnalita —me dijo con esa voz ronca que olía a café y testosterona—. Se ve que tu Cervélo Tri Bike está pidiendo caña. ¿Me dejas echarle un ojo?

Nos paramos en una playa apartada las olas rompiendo suaves el olor a sal y algas invadiendo mis fosas nasales. Él se agachó junto a mi bici sus manos grandes y callosas rozando el cuadro aerodinámico. Sentí un cosquilleo cuando su dedo índice trazó la línea del tubo superior como si me estuviera acariciando a mí. Qué rico se ve concentrado mi cuerpo respondía con un calor que subía desde el vientre.

Está perfecta como tú —murmuró levantando la vista sus ojos cafés clavados en los míos. El sol naciente pintaba su piel bronceada de dorado y el sudor le corría por el cuello hasta perderse en el pecho velludo. Me mordí el labio el lycra entre mis piernas ya húmedo de anticipación.

Volvimos a pedalear juntos el ritmo de nuestras piernas sincronizándose como amantes en sintonía. El viento silbaba en mis oídos el clic-clac de los pedales marcando el pulso acelerado. Cada tanto su rodilla rozaba la mía chispas eléctricas subiendo por mi espina. Hablábamos de carreras de nutrición pero mis pensamientos eran puro fuego: Quiero sentir esas manos en mi piel arrancándome el lycra.

En el kilómetro quince paramos en una palapa abandonada el olor a coco y marisma envolviéndonos. Bebimos de nuestras cantimploras el agua fría cayendo por mi barbilla goteando hasta mis pechos que se marcaban duros bajo la tela. Marco se acercó su aliento cálido en mi oreja.

Me traes loco con ese culazo en la Cervélo Tri Bike —susurró su mano posándose en mi cadera. No lo detuve al contrario arqueé la espalda invitándolo. Sus labios encontraron los míos salados y urgentes la lengua explorando mi boca con sabor a electrolitos y deseo puro. Gemí bajito el sonido ahogado por el romper de las olas.

Esto es lo que necesitaba un hombre que entienda el fuego del triatlón que me folle como pedaleo sin piedad.

Sus manos bajaron por mi espalda desabrochando el cierre del jersey con maestría. El lycra cayó revelando mis tetas firmes los pezones erectos al aire marino. Él los lamió succionando con hambre el roce áspero de su barba enviando ondas de placer directo a mi clítoris. Olía a hombre sudado a esfuerzo físico esa fragancia que me volvía loca. Le quité el jersey sus abdominales duros bajo mis uñas el vello oscuro guiando mi boca hasta su ombligo.

Caímos sobre la arena tibia aún fresca del rocío mis manos en su verga ya dura palpitante bajo el short. La saqué gruesa venosa con una gota precúm que lamí saboreando su sal amarga. Qué chingona verga pensé mientras la chupaba profunda mi lengua girando alrededor del glande sus gemidos roncos como rugidos de león.

Qué rico la chupas mamacita —gruñó enredando los dedos en mi pelo negro largo. Pero yo quería más lo empujé boca arriba montándome a horcajadas. Me quité el short el aire fresco besando mi panocha empapada ya hinchada de ganas. Me restregué contra su polla dura el roce húmedo haciéndome jadear.

Despacio me hundí en él centímetro a centímetro su verga llenándome estirándome deliciosamente. El estirón ardiente pero placentero me hizo gritar ¡Ay cabrón qué rico! Empecé a cabalgar lento al principio el sonido de piel contra piel mezclándose con las gaviotas. Sus manos amasaban mis nalgas abriéndolas el pulgar rozando mi ano enviando descargas extras.

El ritmo subió mis caderas girando como pedaleando cuesta arriba el sudor chorreando entre mis tetas cayendo en su pecho. Él empujaba desde abajo fuerte profundo tocando ese punto que me hacía ver estrellas. Olía a sexo a arena mojada a nuestro sudor mezclado el sabor de su piel salada en mi lengua cuando lo besaba.

Nunca había sentido esto tan intenso como si mi Cervélo Tri Bike me hubiera llevado directo al orgasmo eterno.

La tensión crecía mis muslos temblando el orgasmo acechando como la meta de una carrera. Marco se incorporó chupándome las tetas mientras yo rebotaba más rápido más duro. Ya viene ya vengo grité mis paredes contrayéndose alrededor de su verga ordeñándolo. Él rugió ¡Me vengo pinche diosa! el calor de su leche llenándome explotando en oleadas que me arrastraron al clímax. Grité arqueándome el mundo disolviéndose en placer puro pulsos en cada nervio.

Colapsamos jadeantes el sol ya alto calentando nuestra piel pegajosa. Su semen goteaba de mí mezclándose con la arena el olor almizclado flotando en el aire. Me acurruqué en su pecho escuchando su corazón galopante calmándose poco a poco.

Eres la mejor jefa —murmuró besándome la frente—. Tu Cervélo Tri Bike y tú son imparables.

Nos vestimos riendo el lycra pegándose a la piel húmeda. Montamos de nuevo rumbo al hotel el recuerdo de su verga aún latiendo en mí. Ese día no solo entrené pedaleé hacia un nuevo vicio uno que combinaría con mi pasión por las carreras.

Ahora cada vez que toco mi Cervélo Tri Bike siento sus manos el fantasma de su polla el eco de nuestros gemidos. Y sé que esto apenas empieza.

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