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Aj Applegate Quiere Probar Anal

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Aj Applegate Quiere Probar Anal

La noche en Playa del Carmen estaba chida, con el aire cargado de sal marina y el rumor de las olas rompiendo a lo lejos. Tú estabas en el bar del hotel, un trago de tequila reposado en la mano, cuando la viste entrar. Rubia, con curvas que parecían sacadas de un sueño húmedo, ojos azules que brillaban bajo las luces neón. Aj Applegate, la mismísima estrella que habías visto en videos piratas, pero en carne y hueso. Vestía un vestido rojo ceñido que marcaba su culazo perfecto, y caminaba con esa confianza de quien sabe que todos la miran.

Se acercó a la barra, pidió un margarita con sal, y sus ojos se cruzaron con los tuyos.

Órale, wey, ¿será ella de verdad?
pensaste, mientras tu pulso se aceleraba. Le sonreíste, y ella te devolvió una mirada juguetona. "Hola, guapo", dijo con acento gringo mezclado con un español torpe pero sexy. "Soy Aj. ¿Vienes mucho por aquí?"

Charlaron toda la noche. Ella estaba de vacaciones, escapando del estrés de Los Ángeles, buscando algo real. Tú le contaste de tu vida en la Riviera Maya, de cómo el mar te volvía loco de deseo algunas noches. El tequila fluía, las risas se mezclaban con roces casuales: su mano en tu brazo, tu dedo trazando su rodilla. El olor de su perfume, vainilla y coco, te mareaba. Sentías el calor de su piel a través del vestido, suave como seda caliente.

Al final de la noche, ella se inclinó y susurró al oído: "Vamos a mi suite, cariño. Quiero algo más que plática". Tu verga ya estaba dura como piedra, latiendo con anticipación. Subieron en el elevador, solos, y ahí no aguantaste: la besaste con hambre, sus labios carnosos sabían a lima y deseo. Sus tetas presionaban contra tu pecho, pezones endurecidos rozando la tela.

En la suite, con vista al Caribe iluminado por la luna, todo escaló. La desvestiste despacio, admirando su cuerpo desnudo: piel pálida contrastando con las sábanas blancas, coño depilado brillando de humedad, culo redondo invitándote. Ella te jaló a la cama, gateando sobre ti como una tigresa.

Esto no puede ser real, wey. Aj Applegate en mis manos
, pensabas mientras ella te bajaba el pantalón y tomaba tu verga en la boca.

Su chupada era de otro mundo: lengua girando alrededor del glande, succionando con fuerza, saliva caliente chorreando por tus bolas. Gemías, agarrando su pelo rubio, oliendo su shampoo de frutas tropicales. "Qué rica mamada, Aj", le dijiste, y ella rio, ojos lujuriosos fijos en los tuyos. "Me encanta tu verga, papi. Gruesa y dura, perfecta para mí". Te montó, frotando su panocha mojada contra ti, clítoris hinchado rozando tu tronco. El sonido de piel húmeda contra piel, chapoteos suaves, llenaba la habitación.

La penetraste vaginal primero, lento, sintiendo sus paredes apretándote como un guante de terciopelo caliente. Ella cabalgaba, tetas rebotando, gritando "¡Sí, chíngame!". Sudor perlaba su frente, olor a sexo puro invadiendo el aire: almizcle, jugos dulces. Tú la volteaste a cuatro patas, embistiéndola fuerte, nalgas temblando con cada choque. Sus gemidos eran música: agudos, roncos, "¡Más duro, wey!".

Pero entonces, en el clímax de la tensión, ella se giró, jadeante, con las mejillas sonrojadas y los labios hinchados. Se mordió el labio inferior, mirándote con esa mezcla de nervios y fuego. "Aj Applegate lets try anal", murmuró en inglés, juguetona, adaptando su frase estrella como un secreto compartido.

Neta, ¿en serio? Mi culo virgen para ti
, parecía decir su mirada. Tú sentiste un rush eléctrico por la espina, tu corazón tronando como tambores mayas.

La tensión creció gradual. Primero, lubricante fresco de la mesita, olor a fresa artificial mezclándose con su aroma natural. Tus dedos exploraron su ano apretado, círculos suaves, sintiendo el músculo ceder poquito a poquito. Ella temblaba, vulnerable pero empoderada, susurrando "Despacio, amor. Quiero sentirte todo". Lamiste su culo, lengua plana lamiendo la entrada, sabor salado y dulce de su excitación. Gemía bajito, caderas moviéndose, pidiéndote más.

Te posicionaste detrás, verga palpitante untada en lubri, cabeza presionando su esfínter. "Respira, reina", le dijiste, y ella obedeció, relajándose. Entraste milímetro a milímetro, el calor apretado envolviéndote como un vicio imposible. Dolor y placer en su voz: "¡Ay, wey! Duele rico... sigue". Sentías cada vena de tu pija pulsando dentro de ella, paredes intestinales masajeándote, su culo tragándote entero. El sonido era obsceno: pop suave al entrar, luego slap-slap de tus bolas contra su coño goteante.

La follada anal fue una escalada de intensidad. Empezaste lento, dejando que se acostumbrara, sus paredes ajustándose a tu grosor. Ella empujaba hacia atrás, tomando control, "¡Ahora sí, métele verga!". Aceleraste, embistiendo profundo, sintiendo su próstata –no, su punto G anal– hacerla convulsionar. Sudor chorreaba por tu espalda, mezclándose con el de ella, piel resbalosa chocando. Olor a sexo anal crudo, intenso, adictivo. Sus uñas clavadas en las sábanas, gritando "¡Me vengo, pendejo!", cuerpo arqueándose en oleadas de orgasmo, coño squirteando sin tocarlo.

Tú aguantabas, el placer construyéndose como una ola caribeña. Internamente luchabas:

No te vengas ya, aguanta para ella
. La volteaste boca arriba, piernas sobre tus hombros, penetrándola visualmente: su cara de éxtasis, ojos entrecerrados, boca abierta en gemidos eternos. "Eres mi diosa, Aj", gruñiste, y ella sonrió, "Tú mi rey del culo". El ritmo se volvió frenético, tu verga hinchándose, bolas tensas. El clímax llegó como un tsunami: corridas calientes llenándola, chorros profundos mientras ella apretaba, ordeñándote. Gritaste su nombre, visión borrosa de placer puro.

Colapsaron juntos, jadeando, cuerpos entrelazados en afterglow pegajoso. Su ano palpitaba alrededor de ti, aún dentro, semen goteando lento. Besos suaves, lenguas perezosas saboreando sal. El mar susurraba afuera, brisa fresca secando el sudor. Ella acurrucó la cabeza en tu pecho, riendo bajito. "Neta que fue chido, wey. Mi primera vez anal, y contigo. Gracias por ser gentil".

Tú la abrazaste, sintiendo su calor residual, el latido compartido calmándose.

Esto no fue solo sexo, fue conexión
, pensaste, mientras el amanecer teñía el cielo de rosa. Se quedaron así, hablando susurros de futuras noches, promesas de más aventuras. Aj Applegate ya no era solo una fantasía; era tuya, real, empoderada en su placer descubierto. La tensión se disipó en paz, dejando un impacto que duraría noches enteras.

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