Relatos Salvajes
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Intenta en C Mas Mas

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Intenta en C Mas Mas

Estás sentado en tu cubículo del coworking en Polanco, con el aire acondicionado zumbando suave y el aroma a café recién molido flotando desde la máquina. Tus dedos vuelan sobre el teclado, depurando un código en C++ para un cliente que no para de pedir cambios. De repente, entra ella, Karla, la nueva freelance que todos voltean a ver. Lleva una blusa ajustada que marca sus curvas generosas, jeans que abrazan sus caderas como una promesa, y el pelo suelto negro azabache que huele a vainilla cuando pasa cerca.

¿Qué chingados hace aquí esta diosa? piensas, mientras tu pulso se acelera. Ella se acerca a tu escritorio con una sonrisa pícara, mordiéndose el labio inferior. "Wey, ¿me ayudas con este código? Es en C++, y no le atino", dice con esa voz ronca que te eriza la piel. Te muestra su laptop, y ahí está: un programa simple con un try catch mal puesto. "Intenta en C++ así, mira", le explicas, inclinándote para que tus brazos rocen los suyos. El calor de su piel te quema como brasa.

Pasan las horas, y la tensión crece. Cada vez que sus dedos rozan los tuyos al apuntar la pantalla, sientes un cosquilleo que baja directo a tu entrepierna. Huele a su perfume mezclado con el sudor ligero de la tarde, un olor que te pone cachondo sin remedio. "Eres un genio, wey", murmura ella, y su aliento cálido te acaricia la oreja. Levantas la vista y sus ojos cafés te clavan, llenos de hambre.

"¿Quieres que probemos algo más... intenso?"
susurra, y tu verga salta en los pantalones.

Acto seguido, cierran las laptops y salen al estacionamiento. Su coche, un Jetta último modelo, brilla bajo las luces neón. Adentro, el cuero de los asientos cruje cuando ella se sube a horcajadas sobre ti. Sus tetas grandes presionan contra tu pecho, y el sabor salado de su cuello te explota en la lengua cuando la besas. "Inténtalo conmigo", gime, mientras sus caderas se mueven lentas, frotando su calor contra tu dureza.

En su depa en la Roma, todo sube de nivel. La luz tenue de las velas parpadea sobre su piel morena, y el sonido de la ciudad allá abajo es un murmullo lejano. Te quita la camisa con uñas pintadas de rojo que rasguñan tu espalda, dejando surcos ardientes. Esto es mejor que cualquier try en C++, carnal, piensas mientras le bajas los jeans. Su panocha depilada brilla húmeda, oliendo a deseo puro, ese almizcle dulce que te hace tragar saliva.

La recuestas en la cama king size, con sábanas de algodón egipcio suaves como seda. Tus labios recorren su vientre, saboreando el sudor salado y el leve toque de su loción. Ella arquea la espalda, gimiendo "¡Ay, wey, no pares!", y sus manos te enredan el pelo. Bajas más, tu lengua explora sus labios hinchados, chupando el clítoris que palpita como un corazón acelerado. El sabor ácido y dulce de sus jugos te inunda la boca, y ella tiembla, sus muslos apretándote la cabeza como tenazas calientes.

Pero no es solo físico; hay algo más. En su mirada, ves la vulnerabilidad, la necesidad de conexión después de días de códigos fríos y deadlines. "Eres el único que me entiende", confiesa entre jadeos, y eso te calienta el alma. Tú respondes con los dedos, metiéndolos despacio, sintiendo cómo sus paredes se contraen, calientes y resbalosas. Try en C++, bromeas en voz baja, recordando su código fallido, y ella ríe, un sonido ronco que vibra en tu pecho. "Inténtalo más profundo, pendejo", replica juguetona, y el juego los enciende más.

La volteas boca abajo, admirando su culo redondo y firme. El azote suave que le das resuena en la habitación, y ella gime "¡Más!", el rojo de la marca floreciendo en su piel. Te pones de rodillas, tu verga gruesa y venosa latiendo contra su entrada. Entras lento, centímetro a centímetro, sintiendo el estiramiento ardiente, el roce aterciopelado que te hace gruñir. "¡Qué rico, cabrón!", grita ella, empujando hacia atrás para tomarte todo. El slap slap de carne contra carne llena el aire, mezclado con sus gemidos y tus resoplos jadeantes.

La intensidad sube como un loop infinito. Cambian posiciones: ella encima, cabalgándote con furia, sus tetas rebotando hipnóticas, pezones duros como piedras que pellizcas. El sudor les chorrea, salado en la lengua cuando se besan, un beso salvaje de lenguas enredadas. Sientes su orgasmo venir primero: sus uñas en tu pecho, el espasmo que aprieta tu verga como un puño, y el chorro caliente que moja tus bolas. "¡Me vengo, wey! ¡No pares!", aúlla, y su voz te empuja al borde.

Tú aguantas, la pones a cuatro patas otra vez, embistiéndola con todo. El olor a sexo impregna la habitación, espeso y embriagador. Tus bolas golpean su clítoris, y ella tiembla incontrolable. Finalmente, explotas dentro, chorros calientes que la llenan mientras gritas su nombre. El placer es cegador, pulsos que sacuden tu cuerpo entero, y colapsan juntos, jadeando, piel pegajosa contra piel.

En el afterglow, yacen enredados, el corazón de ella latiendo contra tu oído como un tambor suave. El aire huele a ellos, a vainilla quemada y semen. "Eso fue la mejor prueba ever", murmura Karla, trazando círculos en tu pecho con el dedo. Sonríes, besándole la frente húmeda.

"La próxima, intentamos en C#... o en vivo otra vez."
Ríen bajito, y en ese momento, sabes que esto es más que un polvo: es el inicio de algo real, codificado en sus almas.

La noche se estira, con caricias perezosas y promesas susurradas. Su piel aún vibra bajo tus manos, y el recuerdo de su sabor persiste en tu boca. Mañana volverán al código, pero ahora, en este nido cálido, el mundo es perfecto.

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