Tríos Caseros HMH que Encienden la Noche
Era una noche calurosa en el DF, de esas que te pegan el cuerpo al colchón con el ventilador zumbando como loco. Yo, Ana, estaba en mi depa chiquito pero chido en la Narvarte, con las cortinas corridas para que no entrara el ruido de los coches. Marco, mi carnal desde la uni, andaba por ahí con una chela en la mano, riéndose con su compa Luis, que acababa de llegar de un viaje por la costa. Los tres nos conocíamos de años, neta que éramos como familia, pero con ese toque de tensión que a veces se siente en el aire cuando hay alcohol de por medio.
Estábamos tirados en el sillón, viendo una película pendeja en Netflix, pero nadie le paraba bolas de verdad. El olor a tacos de la esquina se colaba por la ventana, mezclado con el humo de los cigarros que fumábamos. Marco me jaló pa'cá, su mano grande y callosa rozándome el muslo bajo la falda corta que me había puesto sin pensar. Órale, Ana, ¿por qué tan rica hoy?
me dijo con esa sonrisa pícara que me derretía. Luis lo vio y soltó una carcajada, pero sus ojos se clavaron en mis piernas un ratito de más.
Yo sentía el calor subiendo por mi piel, el pulso latiéndome en las sienes. ¿Qué pedo con esto? pensé, mientras el trago de tequila me quemaba la garganta. Hablamos de todo y nada, de las chavas que Luis se había echado en Puerto Vallarta, de cómo Marco y yo nos habíamos conocido en una peda épica. El tema se puso caliente cuando Luis sacó el celular y nos mostró unas fotos de playa. Mira, carnales, ahí vi unos tríos caseros HMH en una fiesta privada, pura pasión sin reglas.
Lo dijo como al rato, pero el ambiente cambió. Sentí un cosquilleo entre las piernas, como si el aire se hubiera espesado con promesas.
No sé si era el tequila o qué, pero de repente imaginé sus manos en mí, los tres enredados, sudando juntos. Neta, me mojé nomás de pensarlo.
Marco me miró de reojo, como leyendo mi mente. ¿Y si probamos algo así aquí, en casa? Tríos caseros HMH, pero nuestros, sin cámaras ni madres.
Su voz era ronca, juguetona. Luis levantó las cejas, pero no dijo que no. Yo tragué saliva, el corazón martillándome el pecho. ¿Están locos o qué? Pero... chido, va.
respondí, riendo pa' disimular los nervios.
El sillón se volvió pequeño de golpe. Marco me besó primero, su boca sabiendo a tequila y tabaco, lengua caliente explorando la mía con hambre. Sus manos subieron por mi blusa, pellizcando mis pezones hasta que gemí bajito. Luis nos veía, su respiración agitada, la verga ya marcada en el pantalón. Vengan, no mamen
dijo, y se acercó. Yo lo jalé por la camisa, sintiendo su pecho duro, olor a mar y sudor fresco de su viaje.
Nos fuimos al cuarto, tropezando con la ropa por el camino. La luz de la lámpara de noche pintaba sombras en las paredes, el ventilador moviendo el aire caliente que olía a nosotros tres: perfume mío, loción de Marco, sal de Luis. Me quitaron la falda entre risas y besos, sus dedos rozándome la piel como fuego. Su tacto era eléctrico, uno a cada lado, haciendo que mi cuerpo ardiera. Marco se hincó y me abrió las piernas, su lengua lamiéndome la concha despacio, saboreando mis jugos con un gruñido que vibró en mí. Luis me besaba el cuello, chupándome las tetas, mordisqueando hasta que arqueé la espalda.
El sonido de sus respiraciones jadeantes llenaba el cuarto, mezclado con mis ay cabrones ahogados. Sentía sus vergas duras presionándome: la de Marco gruesa y venosa contra mi muslo, la de Luis larga y curva rozándome la nalga. Te vamos a partir en dos, mi reina
murmuró Marco, mientras metía dos dedos dentro de mí, curvándolos pa' tocar ese punto que me hacía temblar. Luis se quitó el short y me la puso en la boca, salada y pulsante, yo chupándola con ganas, saboreando el precum que goteaba.
La tensión crecía como una tormenta. Cambiamos posiciones, yo de rodillas en la cama, Marco detrás embistiéndome con fuerza, su pelvis chocando contra mi culo con plafs húmedos. Cada empujón me hacía jadear alrededor de la verga de Luis, que me follaba la boca suave pero profundo. Olía a sexo puro: mi excitación empapando las sábanas, sudor resbalando por sus espaldas. ¿Cómo carajos llegamos aquí? Pero qué chingón se siente, ser el centro de su deseo.
¡Más duro, pendejos! No paren...les rogué, la voz ronca de placer.
Luis se salió de mi boca y se movió atrás, frotando su verga contra la de Marco, ambos untados en mis jugos. Me voltearon boca arriba, Marco se hundió en mi concha otra vez, lento al principio, mirándome a los ojos con esa intensidad que me enamoraba. Luis se trepó y me la metió por el culo, lubricada con saliva y mi propia humedad. El estiramiento dolió un segundo, pero luego fue puro éxtasis, sus vergas rozándose adentro de mí a través de la delgada pared. Gemían como animales, ¡Qué rica estás, Ana! Pura tríos caseros HMH de lujo
soltó Luis entre dientes.
El ritmo se aceleró, sus caderas chocando en sincronía, mis uñas clavadas en sus brazos. Sentía cada vena, cada pulso, el calor de sus cuerpos envolviéndome. El olor a semen inminente flotaba, mis pezones duros rozando el pecho peludo de Marco. El clímax me pegó como un rayo: grité, convulsionando, la concha apretándolos fuerte mientras chorros de placer me mojaban todo. Ellos no aguantaron; Marco se corrió adentro con un rugido, caliente y espeso, Luis sacándola pa' pintarme la panza y tetas con chorros blancos y pegajosos.
Caímos en un enredo de piernas y brazos, jadeando, el cuarto oliendo a orgasmo y sudor satisfecho. El ventilador secaba el sudor de nuestra piel, cosquilleando. Marco me besó la frente, Te amo, mi vida. Eso estuvo de puta madre.
Luis rio bajito, limpiándome con su playera. Sí, carnales, los mejores tríos caseros HMH que he vivido.
Nos quedamos ahí, platicando pendejadas, riéndonos de lo locos que éramos. Yo sentía una paz chida, empoderada, como si hubiéramos cruzado una línea y salido más unidos. El pulso se calmaba, pero el recuerdo de sus toques quedaría grabado, un fuego latente pa' la próxima noche. Afuera, la ciudad seguía su rollo, pero en mi depa, habíamos creado nuestro propio paraíso.