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Dale Una Probada Al Significado

6893 palabras

Dale Una Probada Al Significado

Tú llegas a la fiesta en Polanco con el corazón latiéndole a mil por hora. El aire de la noche mexicana huele a jazmín y a tacos de asador que alguien trajo de la esquina. La música ranchera moderna retumba suave, mezclada con reggaetón que hace mover las caderas de todos. Llevas ese vestido rojo ceñido que te hace sentir como una diosa, el tejido rozando tu piel suave con cada paso. Tus ojos recorren la terraza llena de luces colgantes y gente guapa, riendo con copas en la mano.

Ahí lo ves: Luis, el wey que todas tus amigas mencionan en sus chismes. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que promete problemas del bueno. Se acerca con un mezcal en la mano, su colonia amaderada invadiendo tu espacio personal de la mejor manera. ¿Qué pedo, preciosa? dice con esa voz grave que te eriza la piel. Charlan de todo: del pinche tráfico de Reforma, de lo chido que está el antro de al lado, y de pronto, la plática se pone interesante. Él te cuenta de su viaje a la playa en Tulum, tú le sueltas que andas en esa onda de probar cosas nuevas.

Y ahí, en tu mente, resuena: give it a try meaning. El verdadero significado de animarte a algo que te da cosquillita en el estómago. Neta, ¿por qué no?

La tensión crece como el calor de un tequila reposado bajando por tu garganta. Sus ojos te recorren sin disimulo, deteniéndose en el escote donde tu piel brilla bajo las luces. Tú sientes el pulso acelerado en el cuello, el roce de su brazo cuando se acerca más. ¿Quieres venir a mi depa? Está aquí nomás, a dos cuadras, te dice. No lo piensas dos veces. Sales con él, el viento fresco de la noche besando tus piernas desnudas, el eco de la fiesta desvaneciéndose atrás.

En su departamento, todo es lujo discreto: muebles de madera oscura, vistas al skyline de la Ciudad de México titilando como estrellas caídas. Cierra la puerta y te acorrala contra la pared con gentileza, sus labios rozando los tuyos. El beso empieza suave, sabe a mezcal y a menta, pero pronto se vuelve hambriento. Tus manos suben por su pecho firme, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa. Él gime bajito, un sonido que vibra en tu boca y te moja entre las piernas.

Te lleva al sofá, sus dedos hábiles desabrochando el vestido. Lo dejas caer al piso como una promesa rota. Quedas en lencería negra, tus pezones endureciéndose al aire fresco. Él se arrodilla, besando tu ombligo, bajando lento por tu vientre. Eres una mamacita de campeonato, murmura contra tu piel, su aliento caliente haciendo que tiembles. Tus manos enredan en su cabello negro, guiándolo más abajo. Cuando su lengua toca tu panocha por primera vez, arqueas la espalda. Es un roce eléctrico, húmedo, saboreando tu excitación con lapsos largos y circulares.

El sabor de ti lo enloquece, lo sabes por cómo gruñe, por cómo sus manos aprietan tus muslos. Tú gimes, el sonido rebotando en las paredes. Más, wey, no pares. Él obedece, chupando tu clítoris con succión perfecta, metiendo dos dedos dentro de ti, curvándolos justo ahí, en ese punto que te hace ver estrellas. El olor a sexo fresco llena el aire, mezclado con su sudor salado. Sientes el orgasmo construyéndose, una ola que sube desde tus pies hasta la cabeza.

Pero no quieres acabar así. Lo jalas arriba, desabrochando su pantalón con urgencia. Su verga salta libre, gruesa y venosa, palpitando en tu mano. La acaricias, sintiendo la piel aterciopelada sobre el acero duro. Él jadea, Qué chingón se siente eso. Te pones de rodillas ahora, es tu turno de dar. La tomas en la boca, saboreando el precum salado, lamiendo desde la base hasta la punta. Él empuja suave, follándote la boca con cuidado, sus manos en tu cabeza guiando sin forzar.

La noche avanza, el reloj marca la una, pero el tiempo se detiene. Lo montas en el sofá, su verga abriéndose paso en ti centímetro a centímetro. Estás empapada, el sonido de carne contra carne es obsceno, chapoteante. Rebotas sobre él, tus tetas saltando, sus manos amasándolas, pellizcando los pezones hasta que duele rico. Sudas, el brillo en tu piel reflejando la luz de la ciudad. Él te mira a los ojos, ¿Quieres probar algo más intenso, mi reina?

Ahí está otra vez: give it a try meaning. Darle una oportunidad al placer prohibido, al que te da nervios pero te intriga hasta el hueso.

Asientes, el deseo ganando a la duda. Lo guías a la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves como un sueño. Te pones a cuatro patas, el culo en pompa, ofreciéndote. Él saca lubricante de la mesita, el olor dulzón invadiendo. Empieza con dedos, uno, luego dos, estirándote con paciencia. Tú gimes, la presión extraña pero adictiva, ondas de placer irradiando desde tu centro. Relájate, nena, va a estar de poca madre, susurra, besando tu espalda.

Cuando la punta de su verga presiona tu ano, contienes el aliento. Entra despacio, milímetro a milímetro, el ardor inicial dando paso a un llenado imposible. ¡Chingado, qué prieta! gruñe él, deteniéndose para que te acostumbres. Tú empujas hacia atrás, tomando control, Dame todo, cabrón. Empieza a moverse, lento al principio, el roce frotando nervios que ni sabías que tenías. El placer es crudo, animal, tus gemidos volviéndose gritos ahogados.

Una mano suya baja a tu clítoris, frotando en círculos rápidos. Doble estimulación que te rompe. Sientes cada vena de su verga deslizándose dentro, el sudor goteando de su pecho a tu espalda, el slap-slap de sus bolas contra ti. El olor es puro sexo: almizcle, lubricante, fluidos mezclados. Tu corazón truena, el mundo reduce a esa fricción deliciosa. Él acelera, Me vengo si no paro, pero tú lo aprietas más, Adentro, lléname.

El clímax te golpea como un camión. Ondas convulsivas desde tu culo hasta la punta de los dedos, gritando su nombre mientras chorreas en la cama. Él se corre segundos después, caliente y profundo, pulsando dentro de ti. Colapsan juntos, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes sincronizándose. El afterglow es tibio, suaves caricias en tu cabello, besos perezosos en el hombro.

Minutos después, acurrucados, él enciende un cigarro –el humo huele a tabaco puro mexicano– y te dice, Ves, dar una probada al significado de animarte siempre vale la pena. Tú ríes, la piel aún sensible, el cuerpo saciado como nunca. Miras por la ventana, las luces de la ciudad parpadeando, y piensas que mañana será otro día, pero esta noche has descubierto un pedazo nuevo de ti.

Te vistes con calma, él te acompaña a la puerta. Un beso final, largo y dulce. Sales a la calle, el amanecer tiñendo el cielo de rosa, piernas flojas pero alma plena. Neta, give it a try lo cambia todo.

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