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Noche Ardiente con el Tri Vinyl

6052 palabras

Noche Ardiente con el Tri Vinyl

Era una de esas noches en el DF donde el aire huele a tacos de la esquina y a jazmines del balcón. Yo, Ana, acababa de llegar a mi depa en la Roma, con el corazón latiéndome fuerte porque sabía que él venía. Rodrigo, mi carnal del alma, el que me hacía sentir viva con solo una mirada. Habíamos quedado para una noche tranqui, pero neta, siempre terminaba en fuego.

Entró con su sonrisa pícara, oliendo a colonia barata y a cerveza fría. Traía una bolsa de vinilos viejos que había rescatado de un tianguis en la Lagunilla. "Órale, mira esto, morra", dijo sacando uno amarillito con la portada de el Tri vinyl. El disco de El Tri, ese que mi jefazo ponía en las fiestas pa' armar el desmadre. "Simón, ponlo, carnal", le contesté, sintiendo ya un cosquilleo en la piel.

Me acerqué a la tornamesa que teníamos en la sala, polvorienta pero chida. Limpié la aguja con cuidado, como si fuera algo sagrado. Rodrigo se paró detrás de mí, su aliento cálido en mi cuello. "¿Listo pa' la neta?", murmuré. Bajé la aguja y el riff de guitarra rasposo de El Tri llenó el aire. Triste canción de amor, esa rola que te pega en el pecho. El sonido crujiente del vinilo, como un susurro áspero, me erizó la piel. Olía a nostalgia, a sudor de conciertos pasados.

¿Por qué este pinche disco me prende tanto? Es como si las voces de Alex Lora me dijeran que me suelte, que deje de fingir.

Sentí las manos de Rodrigo en mi cintura, fuertes pero suaves. Bailamos pegaditos, mis caderas moviéndose al ritmo pesado del bajo. Su pecho contra mi espalda, el calor de su cuerpo filtrándose por mi blusa ligera. "Estás rica esta noche", me susurró al oído, su voz ronca como el vinilo rayado. Yo reí bajito, girándome para mirarlo a los ojos. Esos ojos cafés que me desnudaban sin tocarme.

La rola cambió a algo más rockero, Abuso de autoridad no, wait, algo más sensual en mi mente. El vinilo giraba hipnótico, la luz de la lámpara pintando sombras en su cara. Lo jalé más cerca, mis tetas rozando su camisa. Su boca encontró la mía, un beso lento, saboreando a tequila y a él. Lenguas jugando, húmedas, el sabor salado de su piel. Mis manos subieron por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la tela.

Acto uno, el comienzo del desmadre. Nos movíamos al son de El Tri, el vinilo contando historias de rebeldía que nos encendían. Mi coño ya palpitaba, húmedo de anticipación. Pero no quería apurarlo. Quería saborear cada segundo.

La música nos llevó al sillón, donde caímos riendo. Rodrigo me quitó la blusa con delicadeza, besando mi cuello mientras el vinilo seguía sonando. "Eres mi reina, Ana", dijo, y neta, me derretí. Sus labios bajaron por mi clavícula, chupando suave, dejando rastros húmedos que se enfriaban al aire. Olía a mi perfume mezclado con su sudor, un aroma que me volvía loca. Mis pezones se pusieron duros como piedras bajo su mirada hambrienta.

Yo le desabroché la camisa, arañando leve su pecho velludo. "Pinche hombre, qué rico estás", gemí. El sonido del vinilo crujía de fondo, como si El Tri aprobara nuestro pecado. Sus manos en mis chones, bajándolos despacio, exponiendo mi piel al fresco de la noche. Sentí el aire en mi monte de Venus, y luego sus dedos explorando, suaves al principio, círculos lentos en mi clítoris. ¡Qué chingón! Un jadeo se me escapó, profundo, mientras el ritmo de la música aceleraba mi pulso.

Pienso en cómo este el Tri vinyl nos une, como si las rolas fueran afrodisíacos. Su dedo entra, despacio, y yo me arqueo, queriendo más.

Escalada total. Lo empujé al sillón, montándome encima. Mi boca en su cuello, lamiendo el sudor salado. Desabroché su jeans, liberando su verga dura, palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo el calor, las venas marcadas. "Te la chupo, carnal", le dije juguetona. Bajé la cabeza, mi lengua rodeando la cabeza, saboreando el pre-semen salado. Él gruñó, sus manos en mi pelo, guiándome sin forzar. El vinilo saltó un poco, rasposo, añadiendo a la tensión.

Chupé más profundo, garganta relajada, el sonido húmedo mezclándose con la guitarra eléctrica. Rodrigo jadeaba, "¡Órale, morra, no pares!". Pero yo quería más. Me subí, frotando mi coño mojado contra su verga. La cabeza rozando mi entrada, resbalosa. "Métemela ya", supliqué, y él obedeció, empujando lento. ¡Ay, cabrón! Llenándome por completo, estirándome delicioso.

Cabalgamos al ritmo de El Tri. Mis caderas girando, arriba-abajo, sintiendo cada centímetro. Sus manos en mis nalgas, amasando, el slap de piel contra piel. Sudor goteando, oliendo a sexo puro. Mis tetas rebotando, él chupándolas, mordisqueando pezones. Gemidos míos, roncos, "Más duro, pendejo", le pedí riendo. Él aceleró, embistiéndome desde abajo, profundo.

El vinilo llegó a su lado B, rolas más intensas. Mi orgasmo se acercaba, como una ola. Tensión en el vientre, clítoris frotándose contra su pubis. "Voy a venirme", avisé. Él me abrazó fuerte, "Ven conmigo, mi amor". Explosión. Mi coño contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer sacudiéndome. Él gruñó, llenándome con su leche caliente, pulsos y pulsos.

Colapsamos, jadeantes, el vinilo terminando con un scratch final. Su semen chorreando de mí, cálido en mis muslos. Lo besé suave, oliendo nuestro aroma mezclado. "Qué chido fue eso", murmuró. Yo asentí, acurrucándome en su pecho. El DF rugía afuera, pero aquí, en nuestro mundo, solo quedábamos nosotros y el eco de El Tri.

Este el Tri vinyl será nuestro talismán. Cada rayón, cada rola, recordará esta noche de fuego eterno.

Nos quedamos así, piel con piel, hasta que el sueño nos venció. Mañana, otro vinilo, otra noche. Pero esta, con El Tri, fue inolvidable.

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