Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Inténtalo Más Tarde Inténtalo Más Tarde

Inténtalo Más Tarde

6010 palabras

Inténtalo Más Tarde

La noche en la casa de mi carnal en la Condesa estaba en su mero mole. El reggaetón tronaba por los speakers, el aire cargado de olor a tequila reposado y perfume dulzón de las chavas. Yo, Valeria, traía un vestido negro ceñidito que me hacía ver mis curvas como si fueran pecado puro. Sudor perlando mi piel, el calor de los cuerpos pegados en la pista improvisada. Ahí lo vi: Diego, un vato alto, moreno, con ojos que te desnudaban de un jalón. Su camisa blanca abierta un par de botones, mostrando pecho firme y un tatuaje que asomaba juguetón.

Nos cruzamos bailando, su mano en mi cintura, fuerte pero suave, como si supiera exactamente dónde tocar. Neta, su colonia invadió mis sentidos, un aroma amaderado con toque cítrico que me erizó la piel. Me pegó a él, sentí su verga semi-dura contra mi cadera, y ¡ay, cabrón! Mi concha se contrajo de puro antojo. Nos besamos, su lengua juguetona saboreando mis labios, mentas frescas mezcladas con ron. Mordisqueó mi oreja, susurrando ronco:

"Try later, nena. No te vayas lejos."

Su aliento caliente en mi cuello me dejó temblando. ¿Try later? ¿Qué pedo? Se separó con una sonrisa pícara, sus amigos lo jalaron pa'l otro lado. Yo me quedé ahí, polvorienta, con el corazón latiéndome como tamborazo zacatecano. Toda la noche lo busqué con la mirada, imaginando sus manos bajando mi cremallera, su boca en mis tetas. Me fui a la cama con las bragas empapadas, oliendo a mi propia excitación, tocándome despacito mientras repetía sus palabras en la cabeza. Try later. Neta, ese vato me tenía loca.

Al día siguiente, mi cel despertó vibrando. Mensaje de IG: "Listo pa' try later? Café en La Parroquia, 7pm". Mi pulso se aceleró, sonreí como pendeja frente al espejo. Me arreglé con jeans ajustados que me marcaban el culo redondo, blusa escotada mostrando el valle de mis pechos. El café olía a granos frescos tostados, vapor subiendo de las tazas humeantes. Llegó puntual, con jeans rotos y playera negra que le ceñía los bíceps. Nos sentamos cerca, sus rodillas rozando las mías bajo la mesa, chispas eléctricas subiendo por mis muslos.

Hablamos de todo: el pinche tráfico de la Roma, antojos de tacos al pastor, sueños locos de viajar a la playa en Tulum. Su risa grave vibraba en mi pecho, su mano casual en mi rodilla, subiendo poquito a poco. Me late este vato, pensé, mientras su dedo trazaba círculos en mi piel desnuda. "Vamos a mi depa, está cerca", dijo, ojos brillando con promesas. No lo dudé. En su coche, el cuero caliente pegándose a mis piernas, su mano en mi muslo apretando suave. Paramos luces en rojo, me besó feroz, lengua invadiendo, sabor a café y deseo puro.

Su depa en la Roma Norte era chido: minimalista, con ventanales que dejaban ver las luces de la ciudad parpadeando como estrellas caídas. Olía a sándalo de un difusor, música suave de Bad Bunny de fondo. Cerró la puerta y me acorraló contra la pared, sus labios devorando los míos. Sus manos grandes, quité su playera, piel morena y suave bajo mis uñas, músculos tensos respondiendo a mi toque. Bajé la cremallera de mis jeans, él gruñó bajito, "Qué chula estás, Valeria". Sus dedos colaron en mis calzones, rozando mi clítoris hinchado, resbaloso de jugos. Gemí contra su boca, el sonido ahogado por su lengua.

Me llevó al sillón, piel de gamuza fresca contra mi espalda desnuda. Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus labios en mis tetas, chupando el pezón duro, tirando suave con dientes. ¡Qué rico! Arqueé la espalda, mis manos enredadas en su pelo negro revuelto. Bajó más, lamiendo mi ombligo, hasta mis muslos temblorosos. Olía mi aroma almizclado de excitación, inhaló profundo: "Hueles a miel, nena". Su lengua en mi concha, plana y caliente, lamiendo de abajo arriba, saboreando mis labios hinchados. Metió un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí, el punto que me hacía ver estrellas. Mis caderas se movían solas, jadeos escapando, "¡Sí, Diego, así, cabrón!". El sonido húmedo de su boca chupándome, mis jugos corriendo por su barbilla.

Pero se detuvo, ojos traviesos.

"Try later pa' eso. Quiero sentirte toda."
Me volteó boca abajo, su verga dura presionando mi culo. La piel de mis nalgas contra su pelvis, calor irradiando. La escupió, lubricándola, y la frotó entre mis labios, teasing mi entrada. Por favor, rogué en silencio, pero él jugaba, entrando poquito, saliendo, building la tensión. Mi concha palpitaba, vacía y ansiosa. Finalmente, empujó profundo, llenándome de un jalón. ¡Ay, madre! Grueso y venoso, estirándome perfecto. Empezó lento, salidas largas, entradas firmes, sus bolas golpeando mi clítoris. El slap-slap de piel contra piel, sudor goteando, mezclando nuestros olores: salado, animal, delicioso.

Me volteó de nuevo, piernas en sus hombros, penetrándome hondo, ojos clavados en los míos. "Mírame, Valeria. Siente cómo te cojo". Cada embestida mandaba ondas de placer por mi espina, pechos rebotando, pezones duros rozando su pecho. Aceleró, gruñendo, mis uñas clavándose en su espalda. El clímax subió como ola en Puerto Vallarta: contracciones violentas en mi concha apretándolo, grito ahogado saliendo de mi garganta. Él se corrió segundos después, caliente dentro de mí, pulsos fuertes llenándome. Colapsamos, jadeando, su peso cómodo sobre mí, corazón latiendo contra el mío.

Después, enredados en sábanas frescas oliendo a sexo y nosotros, fumamos un cigarro en la ventana. La ciudad abajo, luces titilando. Me acarició el pelo, besó mi frente. "Try later fue lo mejor, ¿no?". Reí bajito, mi cuerpo aún zumbando de placer residual. Neta, sí. Algo había cambiado: no solo un polvo chido, sino conexión real, promesas de más noches así. Me dormí en sus brazos, sabiendo que "try later" ya no era tease, sino nuestro código pa' la eternidad.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.