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Alkaline Trio Radio Tab en Piel Ardiente

7053 palabras

Alkaline Trio Radio Tab en Piel Ardiente

Estaba solo en mi depa en la Condesa, con el ventilador zumbando como loco contra el bochorno de la noche mexicana. La radio sonaba bajito en la mesa de la sala, escupiendo rolas punk que me ponían la piel chinita. De repente, ¡órale! empezó a sonar esa rola de Alkaline Trio, la que siempre me revuelve las tripas. "Radio" se llamaba, neta, con ese riff que te clava en el pecho como un pinche tatuaje fresco.

Me picó el gusanito de tocarla en la guitarra. Agarré mi telecaster vieja pero chida, enchufé el ampli y saqué el celular. Tecleé rápido: alkaline trio radio tab. En segundos, ahí estaba la tablatura en la pantalla, con todos los bends y slides que hacen que suene tan cabrona. Me senté en el sillón de cuero, que ya estaba calientito por el calor, y empecé a rasguear. Las cuerdas vibraban bajo mis dedos, ásperas y frías al principio, pero pronto se calentaron con el sudor de mis manos. El sonido llenaba el aire, crudo y eléctrico, como un latido acelerado.

Escuché la llave en la chapa. Era Sofia, mi morra, llegando de su clase de yoga. Traía el pelo suelto, negro como la noche, y un top ajustado que marcaba sus chichis perfectas, sudados por el esfuerzo. Olía a coco y sal, a playa de Rosarito aunque estuviéramos en la ciudad. Sus ojos cafés se clavaron en mí, en la guitarra, en la radio que seguía escupiendo la rola de fondo.

Pinche Alex, siempre con tus rolas gringas punk... pero se ve que te prende, wey.

Me sonrió con esa dentadura blanca y picante, tirando la bolsa al piso. Se acercó despacio, moviendo las caderas como si bailara al ritmo del ampli. Se paró detrás de mí, sus manos suaves bajaron por mis hombros, tocando la piel desnuda de mi espalda porque nomás traía shorts. Su aliento caliente me rozó la oreja, oliendo a chicle de tamarindo.

—Sigue tocando, carnal —me susurró, con voz ronca—. Esa tab de Alkaline Trio Radio me moja las calzones.

Sentí su lengua en mi cuello, húmeda y tibia, probando el salitre de mi sudor. Dejé de tocar un segundo, el silencio cayó pesado, roto solo por su respiración agitada. Volví al riff, más fuerte, mientras ella se sentaba en mi regazo, frotando su culo firme contra mi verga que ya se paraba dura como piedra. El cuero del sillón crujía bajo nosotros, y el olor a su excitación empezó a mezclarse con el humo del ampli y el metal caliente de las cuerdas.

Acto uno cerrado: la deseo desde que entró, pero hay tensión. Hacía una semana que no nos veíamos bien, por el jale, y esa rola avivaba el fuego viejo. Sus tetas presionaban mi pecho cuando se giró a verme, besándome con hambre. Sus labios sabían a gloss de fresa y a deseo puro, lengua danzando con la mía, chupando como si fuera mi pito ya.

La subí a la mesa de centro, tirando la radio a un lado pero sin apagar la rola que seguía sonando en loop. Sus piernas se abrieron, invitándome, y metí las manos bajo su falda corta. No traía calzones, ¡la puta madre! Su coño estaba empapado, resbaloso, caliente como lava. Lo toqué con dedos temblorosos, sintiendo los labios hinchados, el clítoris duro palpitando. Ella gimió bajito, arqueando la espalda, sus uñas clavándose en mis brazos.

Chíngame con los dedos primero, pendejo —ordenó, con esa voz mandona que me encanta.

Metí dos dedos adentro, despacio al principio, sintiendo las paredes apretadas succionándome. El sonido era obsceno, juguito chorreando, mezclándose con el bajo distorsionado de la rola. Ella jadeaba, oliendo a mujer en celo, a feromonas que me nublaban la cabeza. Yo lamí su cuello, mordiendo suave, probando la sal de su piel. Mis shorts se bajaron solos, mi verga saltó libre, goteando pre-semen que ella agarró con la mano, masturbándome lento, el tacto aterciopelado de su palma me volvía loco.

Esta morra me tiene en la palma de la mano... literal. Su calor me quema, neta quiero perderme en ella.

La tensión subía como la rola en el coro, rápida y furiosa. La cargué al sillón, ella encima, frotando su coño mojado contra mi pito. Rozábamos, lubricándonos mutuo, piel contra piel resbalosa. Sus pezones duros se marcaban bajo el top, los chupé por encima de la tela, saboreando el algodón húmedo y el leche agria de su areola. Ella rebotaba, gimiendo más fuerte, el sillón traqueteando contra el piso de madera.

—Métemela ya, wey —suplicó, ojos vidriosos de puro antojo.

La penetré de un golpe, profundo, sintiendo su coño tragándoseme entero. Estrecho, caliente, pulsando alrededor de mi verga como un puño vivo. Empecé a bombear, lento primero, saboreando cada centímetro, el roce interno que me hacía ver estrellas. Ella clavaba las uñas en mi pecho, dejando marcas rojas que ardían delicioso. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, sudor volando, el aire cargado de olor a sexo crudo, a almizcle y guitarra electrificada.

La volteamos, yo atrás, agarrando sus caderas anchas, follando duro mientras la rola de Alkaline Trio seguía en la radio, ahora en shuffle con más punk agresivo. Su culo rebotaba contra mi pubis, suave y firme, mis bolas golpeando su clítoris. Ella se tocaba sola, círculos rápidos, gritando ¡ay, cabrón! con acento chilango puro. Sentí su orgasmo venir, su coño apretándose como tenaza, ordeñándome. Yo resistí, mordiendo mi labio, el corazón retumbando en los oídos como el bombo del ampli.

La puse de rodillas en el piso, fresco contra mi piel caliente. Su boca se abrió, tragando mi verga hasta la garganta, saliva chorreando por la barbilla. La chupada era experta, lengua girando en la cabeza sensible, saboreando mi esencia salada. La cogí del pelo suave, guiándola, pero suave, consensual, ella mandaba el ritmo. Sus ojos me miraban arriba, traviesos, pendeja sexy.

La subí de nuevo, misionero en el sillón, piernas en mis hombros. La follé profundo, lento ahora, sintiendo cada vena de mi pito rozando sus paredes. Nuestros alientos se mezclaban, besos sucios con lengua y dientes. El clímax se acercaba, su coño convulsionaba otra vez, ordeñándome fuerte. ¡Me vengo! gritó ella, cuerpo temblando, jugos calientes bañándome. Yo exploté adentro, chorros calientes llenándola, pulsos interminables, el placer cegador como un solo de guitarra distorsionado.

Colapsamos, jadeando, piel pegajosa de sudor y semen. La radio seguía, ahora una balada punk suave de Alkaline Trio, la tablatura olvidada en el celular. La abracé, su cabeza en mi pecho, oyendo mi corazón calmarse. Olía a nosotros, a sexo satisfecho, a coco y tabaco de su pelo.

Neta, esta noche con la alkaline trio radio tab fue épica. Sofia es mi musa punk, mi todo.

Nos quedamos así, riendo bajito, planeando la siguiente rola para follar. El bochorno afuera no importaba, nuestro calor era perfecto. Ella me besó el pecho, suave, y supe que esto no acababa aquí.

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