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Videos XXX Trios que Prenden el Fuego

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Videos XXX Trios que Prenden el Fuego

La noche en mi depa de la Condesa estaba calientísima ese viernes. El aire olía a tacos de la esquina y a ese perfume dulzón que usa Marco, mi morro desde hace dos años. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi pelo negro suelto hasta la cintura y unas curvas que siempre llaman la atención, me recosté en el sofá de piel sintética que cruje con cada movimiento. Marco, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me moja en segundos, traía unas chelas frías de la refri. Y luego llegó Luis, el carnal de Marco, igual de guapo pero con un aire más salvaje, tatuajes en los brazos y esa mirada que dice "quiero comerte viva".

—Órale, wey, ¿qué pedo con esta noche? —dijo Luis mientras se aventaba al sillón, su pierna rozando la mía por accidente, o eso creí al principio. El roce fue como una chispa, piel contra piel, cálida y firme. Marco rio y sacó su cel.

—Neta, carnal, busquemos unos vídeos xxx trios pa' ponernos en sintonía. Ana siempre dice que le prenden el ánimo.

Mi corazón dio un brinco. Yo había visto unos cuantos en solitario, imaginándome en el centro de la acción, pero ¿con ellos dos? El calor subió por mi pecho, mis pezones se endurecieron bajo la blusa ligera de algodón.

¿Y si pasa algo? ¿Estoy lista pa' volar la cabeza de los dos?
Asentí, mordiéndome el labio, el sabor salado de mi gloss en la lengua.

Marco conectó el cel al tele grande, y ahí estaban: cuerpos entrelazados, gemidos roncos llenando la habitación. Una chava en medio de dos vatos, chupando una verga mientras la otra la penetraba por atrás. El sonido de piel chocando, húmedo y rítmico, como olas en Acapulco. Olía a popó de chela y a mi propia excitación empezando a filtrarse entre mis piernas. Luis se acercó más, su muslo presionando el mío, y sentí su calor irradiando.

Puta madre, qué rico —murmuró él, su voz grave vibrando en mi oído. Marco me jaló a su regazo, sus manos grandes amasando mis tetas por encima de la blusa. El video seguía: la chava gritando de placer, el slick de fluidos corporales audible incluso en la pantalla.

La tensión crecía como un volcán. Mi respiración se aceleró, el corazón latiéndome en la garganta. No pares, pensé, mientras Marco me besaba el cuello, su aliento caliente con sabor a cerveza y menta.

El beso de Marco fue el detonador. Sus labios suaves pero firmes devoraron los míos, lengua explorando, saboreando mi calor. Luis no se quedó atrás; su mano subió por mi muslo, dedos ásperos rozando la piel sensible del interior, hasta llegar al borde de mis panties de encaje.

Esto es real, no un pinche video. Dos vergas pa' mí, neta voy a explotar.

—¿Quieres que paremos, mi amor? —preguntó Marco, su voz ronca, ojos brillando de deseo. Sacudí la cabeza, jadeando.

—Al contrario, pendejos, ¡sigan! —reí, empoderada, tomando el control.

Me puse de pie, quitándome la blusa con lentitud, dejando que vieran mis tetas llenas rebotar libres. El aire fresco besó mis pezones duros como piedras. Luis gruñó, se levantó y me cargó como si no pesara nada, sus brazos musculosos apretándome contra su pecho ancho. Olía a sudor limpio y colonia barata, excitante. Marco se paró detrás, desabrochándome el jeans, bajándolo con mis tangas, exponiendo mi panocha ya empapada, labios hinchados brillando.

En el piso alfombrado, me arrodillé entre ellos. Sus vergas saltaron libres: la de Marco gruesa y venosa, la de Luis más larga, curvada, ambas palpitando. El olor almizclado de su excitación me golpeó, embriagador. Lamí primero la de Marco, salada y caliente en mi lengua, gimiendo mientras la chupaba profundo, garganta relajada. Luis se acercó, frotando su punta en mi mejilla, pre-semen goteando, sabor salobre.

—Qué mamada tan chida, Ana —gimió Marco, enredando dedos en mi pelo.

El video seguía de fondo, pero ya éramos nosotros los protagonistas. Cambié a Luis, succionando con hambre, mano bombeando a Marco. Sus gemidos se mezclaban: bajos, animales, haciendo vibrar el aire. Mi coño ardía, jugos corriendo por muslos.

Luis me levantó, echándome en el sofá. Marco abrió mis piernas, inhalando profundo mi aroma dulce y musgoso.

—Estás chorreando, mi reina —dijo, lengua plana lamiendo desde clítoris hasta ano, chupando mis labios. Grité, caderas arqueándose. Luis besaba mi boca, ahogando mis jadeos, mientras sus dedos pellizcaban pezones.

La intensidad subía.

Quiero sus vergas dentro, llenándome toda.
Marco se posicionó primero, punta rompiendo mi entrada resbalosa, empujando lento. Sentí cada centímetro estirándome, plenitud exquisita. Gemí en la boca de Luis.

—¡Sí, cabrón, así! —grité cuando Marco empezó a bombear, verga golpeando profundo, bolas chocando mi culo. El sonido era obsceno: chapoteo húmedo, piel contra piel.

Luis no esperó; lubricó su verga con mi saliva y la mía, presionando contra mi ano apretado. Dudé un segundo, pero el deseo ganó. Respiré hondo, relajándome. Entró despacio, ardor inicial convirtiéndose en placer eléctrico. Dos vergas, joder, soy una diosa.

Se movieron en ritmo: Marco adelante, Luis atrás, sincronizados como en esos vídeos xxx trios pero mejor, real, sudor goteando, cuerpos resbalosos. Olía a sexo puro: semen, sudor, mi esencia. Tocaba sus pechos firmos, uñas arañando espaldas. Gemidos llenaban el depa, mis gritos agudos pidiendo más.

—¡Más fuerte, weyes! ¡Córanme! —supliqué, perdida en éxtasis. El sofá crujía, tele aún mostrando otro trío, pero ignorado.

El clímax se acercaba. Sentía contracciones en mi vientre, coño apretando a Marco, ano a Luis. Ellos gruñían, embistiendo salvajes. Primero exploté yo: olas de placer cegador, visión borrosa, cuerpo convulsionando, chorro caliente salpicando muslos de Marco. Grité su nombre, el de Luis, incoherente.

Marco vino segundos después, verga hinchándose, chorros calientes llenándome, desbordando. Luis siguió, rugiendo, semen caliente inundando mi culo.

Colapsamos en un enredo sudoroso, pechos agitados, risas ahogadas. Marco me besó suave, Luis acarició mi pelo.

—¿Mejor que los videos? —preguntó Marco, picaro.

—Neta, mil veces —respondí, saboreando el afterglow, músculos laxos, piel erizada aún. El aire olía a nosotros, satisfechos.

Nos limpiamos con toallas tibias, abrazados en la cama king size. Pensé en grabar nuestro propio vídeo xxx trios algún día, pero por ahora, esto era nuestro secreto ardiente. La noche terminó con promesas de más, deseo latiendo bajo pieles calmadas. Soy adicta a esto, admití en silencio, sonriendo en la oscuridad.

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