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El Trio Los Trinos en Mi Carne

6685 palabras

El Trio Los Trinos en Mi Carne

La noche en ese bar de la Condesa estaba que ardía, con el humo de los cigarros mezclándose con el olor a tequila reposado y sudor fresco de la gente bailando. Yo, Ana, acababa de llegar de un día de pinche oficina que me tenía hasta la madre, pero al entrar oí esos trinos que me erizaron la piel. Era el Trio Los Trinos, tres vatos guapísimos tocando guitarra, requinto y voz, con esas rancheras que te hacen sentir viva por dentro. El líder, Marco, con su barba recortada y ojos negros como la noche; al lado Javier, el más alto, con brazos tatuados que se movían como serpientes al rasguear; y Roberto, el más joven, con sonrisa pícara y voz que trillaba como pájaro en celo.

Me senté en la barra, pedí un caballito de José Cuervo y los vi moverse bajo las luces rojas. Cada trino de Roberto me hacía apretar las piernas, neta, porque su voz vibraba directo en mi entrepierna.

¿Qué chingados me pasa? Estos carnales me traen loca sin siquiera mirarme
, pensé mientras lamía la sal del vaso, imaginando esa lengua en mi piel. La canción terminó y el público aplaudió como locos, pero yo solo quería más.

Al final del set, Marco me clavó la mirada desde el escenario. Bajaron y se acercaron a la barra, pidiendo chelas. Órale, güey, qué buena onda que viniste, dijo Javier, como si ya me conocieran. Platicamos de la música, de cómo Los Trinos habían empezado en cantinas de Guadalajara y ahora la armaban en la capital. Roberto se acercó tanto que sentí su calor, oliendo a colonia barata y hombre sudado. ¿Quieres venir al back con nosotros, morra? Tenemos unas birras frías y seguimos el rol, propuso Marco con esa voz grave que me mojó al instante.

No lo pensé dos veces. Caminamos por el pasillo oscuro del bar, el eco de la música retumbando en las paredes. El camerino era chiquito, con un sofá viejo, espejos empañados y botellas por todos lados. Cerraron la puerta y el aire se cargó de tensión, como antes de una tormenta. Me senté en el sofá y ellos alrededor, Javier a mi izquierda, Roberto enfrente, Marco detrás sirviendo shots.

Bebimos, reímos, y las manos empezaron a rozar. Primero fue casual, la de Javier en mi rodilla al contar un chiste. Pinche calor que hace aquí, ¿no? dijo, y su palma subió un poquito, quemándome la piel bajo la falda corta. Mi corazón latía como tambor, el pulso en mi cuello acelerado.

Quiero que me toquen, que me hagan suya los tres, neta que sí
. Roberto se inclinó, su aliento a menta rozando mi oreja: Eres bien rica, Ana, con esa boquita que pide beso. Lo besé primero, suave, sus labios carnosos sabiendo a cerveza y deseo. Marco se unió, besándome el cuello mientras Javier me acariciaba el muslo interno, cada vez más arriba.

La ropa empezó a sobrar. Me quité la blusa, dejando ver mis chichis firmes en el bra negro de encaje. ¡Qué tetas más chulas, carnal! exclamó Roberto, lamiendo uno pezón mientras Javier chupaba el otro. Gemí bajito, el sonido ahogado por la boca de Marco que me devoraba la lengua. Sus manos everywhere: Marco desabrochándome el bra, Javier bajándome la tanga, Roberto abriendo mis piernas. Olía a sexo ya, mi aroma dulce mezclándose con el de ellos, machos en celo.

Me recostaron en el sofá, el cuero pegajoso contra mi espalda desnuda. Marco se sacó la verga primero, gruesa y venosa, palpitando. Mírala, Ana, es toda para ti. La tomé en la mano, piel caliente y suave, latiendo contra mi palma. Javier y Roberto se desvistieron, sus cuerpos duros, músculos brillando de sudor bajo la luz tenue. Tres vergas duras, listas. Me puse de rodillas en el piso, el corazón tronándome en los oídos.

Empecé con Marco, lamiendo la cabeza, salada y pre-semen. Chupé despacio, saboreando cada vena, mientras Javier y Roberto se pajeaban viéndome. ¡Qué chingón te ves mamando verga, morrita! gruñó Javier. Cambié a Roberto, su verga más larga, llegando a mi garganta. Tosí un poco pero seguí, saliva chorreando por mi barbilla. Marco me metió dos dedos en la panocha desde atrás, Estás empapada, pinche puta cachonda, dijo juguetón, y yo solo gemí alrededor de la polla de Roberto.

La tensión crecía, mis caderas moviéndose solas contra sus dedos. Me levantaron como pluma, Marco sentándose en el sofá y yo montándolo. Su verga entró de un jalón, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, cabrón, qué rica tu concha! jadeó él, agarrándome las nalgas. Subí y bajé, el slap-slap de piel contra piel resonando, mis chichis rebotando. Javier se paró enfrente, metiéndomela en la boca para no dejarla sola. Roberto lamía mi clítoris desde abajo, su lengua rápida como sus trinos, haciendo círculos que me volvían loca.

El placer subía en olas, mi cuerpo temblando.

No aguanto más, me voy a venir como perra en celo
. Cambiaron posiciones, Javier ahora adentro, más rudo, embistiéndome contra la pared. Marco y Roberto chupaban mis tetas, mordisqueando pezones. Olía a sudor, a sexo puro, el cuarto lleno de jadeos y ¡sí, así, fóllame más!. Roberto se unió por detrás, untando saliva en mi ano. ¿Quieres doble, preciosa? preguntó. Sí, pendejos, métanmela toda, supliqué.

Entró despacio, el estirón ardiente pero delicioso. Dos vergas en mí, frotándose separadas por una delgada pared, Marco en mi boca para no gritar. El ritmo sincronizado, como su música, me llevaba al borde. Sentía cada pulso, cada vena, el calor líquido subiendo. Me vengo, chingados, grité, el orgasmo explotando en estrellas, contrayéndome alrededor de ellos. Se vinieron casi juntos: Javier dentro, caliente inundándome; Roberto en mi culo, gimiendo fuerte; Marco en mi cara, semen espeso en labios y lengua.

Caímos exhaustos al sofá, cuerpos enredados, respiraciones agitadas. El aire pesado de olor a corrida y sudor, pieles pegajosas rozándose. Marco me besó la frente, Eres increíble, Ana. Javier trajo toallitas, limpiándonos con cuidado. Roberto tarareó un trino suave, riendo bajito. Nos vestimos despacio, besos perezosos, promesas de repetir.

Salimos del bar al amanecer, la ciudad despertando con olor a pan recién horneado. Caminé a mi casa con las piernas flojas, el cuerpo zumbando de placer residual.

El Trio Los Trinos no solo canta, vive la pasión en cada nota, en cada embestida
. Esa noche cambió todo, me dejó con ganas de más trinos en mi carne.

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