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Trío En Español Xvideos Mi Noche Prohibida

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Trío En Español Xvideos Mi Noche Prohibida

Estaba tirado en el sillón de mi depa en Polanco, con el pinche aire acondicionado zumbando bajito y el olor a tacos de suadero flotando del contenedor de la esquina. Lupe, mi morra, se acurrucaba contra mí, su piel morena tibia rozando mi brazo desnudo. Teníamos la laptop abierta en la cama king size, y yo, como pendejo curioso, había buscado trio en español xvideos. Órale, qué chingonería. El video empezó: dos mamacitas culonas y un vato cachondo enredados en un colchón deshecho, gemidos roncos en español mexicano puro, sudando como marranos bajo luces tenues.

"Mira eso, carnal", le dije a Lupe, mi verga ya medio parada solo de ver cómo la chava de pelo negro chupaba la pinga del tipo mientras la otra le metía los dedos en la panocha. Lupe soltó una risita pícara, su mano bajando despacito por mi pecho, rozando mis pezones duros. "¿Te prende eso, amor? Un trío así de caliente", murmuró, su aliento caliente oliendo a mezcal de la chela que nos echamos antes. Sentí su concha húmeda presionando mi muslo, y mi corazón latiendo como tamborazo en feria.

¿Y si lo hacemos real? Pensé, mientras el video seguía con el vato cogiendo a las dos por turno, sus nalgas rebotando con plaf plaf que retumbaba en los chidos bocinas.

Lupe sacó su cel y mandó un wasap. "Va a venir Carla, mi compa de la uni. Siempre dice que soy una mamacita envidiosa por tenerte solo pa' mí". Me quedé pasmado, pero la idea me puso la verga como fierro. Carla era una culera de campeonato, tetazas naturales y un tatuaje de calavera en la nalga que vi una vez en la playa de Acapulco. Minutos después, timbrazo. Lupe abrió, y ahí entró Carla con un vestido negro ceñido que marcaba su cintura de avispa y sus chichis saltarinas.

La escena se armó en el aire cargado de feromonas. Nos sentamos los tres en la cama, la laptop aún reproduciendo ese trío en español xvideos que ahora parecía un tutorial cabrón. Carla se rio, cruzando las piernas y dejando ver su tanga roja. "¡Qué wey! ¿Ya andan viendo pornografía mexicana? Lupe, pinche caliente". Lupe la jaló de la mano, y de repente las dos se estaban comiendo la boca, lenguas enredadas con chup chup húmedo que me hizo tragar saliva. Olía a perfume de vainilla mezclado con el sudor fresco de sus cuerpos.

Yo solo miraba, mi verga latiendo dolorida dentro del bóxer. "Ven pa'cá, pendejo", ordenó Lupe, jalándome del pelo. Me metí entre ellas, sintiendo sus tetas aplastadas contra mi pecho. Manos por todos lados: Carla rozándome la espalda con uñas largas, Lupe mordisqueándome el cuello con dientes afilados que mandaban chispas a mi espinazo. El beso a tres fue un desmadre: labios suaves, lenguas calientes probando saliva dulce y salada, respiraciones jadeantes rompiendo el silencio.

Desnudamos a Carla primero. Su vestido cayó con un susurro, revelando piel canela brillante bajo la luz ámbar de la lámpara. Tetazas firmes con pezones chocolate endurecidos, panocha depilada reluciente de jugos. Lupe se quitó la blusa, sus chichis medianas pero perfectas balanceándose. Yo me quedé en cueros, mi verga de 20 centímetros erguida como bandera, venas pulsantes y prepucio corrido dejando ver el glande morado hinchado.

Esto es mejor que cualquier trío en español xvideos, cabrón. Siento sus calores envolviéndome, el olor a concha mojada invadiendo la habitación como incienso prohibido.

Empezamos lento, escalando la tensión como buena película. Lupe se arrodilló y chupó mi verga con maestría, su boca caliente succionando hasta la garganta, glug glug baboso mientras saliva chorreaba por mis huevos. Carla se recargó en la cabecera, abriendo las piernas: "Lúpeme la panocha, amor". Lupe obedeció, lengua lamiendo los labios mayores hinchados, saboreando el néctar ácido-dulce que goteaba. Yo veía todo, masturbándome despacio, el tacto de mi mano áspero contra la piel sensible.

Cambié posiciones. Metí mi cara entre las nalgas de Carla, oliendo su ano almizclado y su concha empapada. Lamí despacio, lengua plana recorriendo clítoris hinchado que palpitaba como corazoncito. Ella gemía ronco: "¡Ay, wey, qué rico! Chúpame más duro". Lupe se unió, chupándome los huevos mientras yo devoraba a su amiga. Sudor perlando frentes, sábanas humedeciéndose, el aire espeso con aroma a sexo crudo: salado, musgoso, adictivo.

La intensidad subió. Carla montó mi verga, su culazo rebotando con plaf plaf plaf rítmico, paredes vaginales apretándome como puño caliente y resbaloso. Lupe se sentó en mi cara, su panocha peluda frotándose contra mi nariz, jugos ahogándome en miel pegajosa. Gemíamos en coro: "¡Cógeme más fuerte! ¡Qué chingón! ¡Me vengo!". Sentía pulsos acelerados, pieles chocando calientes y pegajosas, pezones rozando espaldas.

Pinche éxtasis. Cada embestida manda ondas de placer desde la verga hasta el cerebro, sus conchas ordeñándome, cuerpos temblando en sincronía perfecta.

Rotamos como en el video. Cogí a Lupe en misionero, su cara de placer contorsionada, ojos vidriosos clavados en los míos. Carla lamía donde nos uníamos, lengua rozando mi verga entrando y saliendo, saboreando nuestra mezcla. Luego, a cuatro patas: yo detrás de Carla, verga hundiéndose en su culo apretado –lubricado con saliva y jugos–, mientras Lupe se metía debajo chupándole la panocha. El zap zap de carne contra carne, gritos ahogados: "¡Te voy a llenar, mamacita! ¡Sí, córrete!".

El clímax explotó. Carla se vino primero, concha contrayéndose en espasmos, chorro caliente salpicando sábanas. Lupe la siguió, uñas clavadas en mi espalda dejando surcos rojos ardientes. Yo no aguanté: verga hinchándose, bolas apretándose, eyaculando chorros espesos dentro de Carla, semen rebosando por sus muslos. Colapsamos en pila sudorosa, respiraciones entrecortadas, cuerpos temblando en aftershocks.

Después, en la calma, nos acurrucamos. Lupe besó mi frente, Carla acarició mi pecho. "Mejor que cualquier trío en español xvideos, ¿verdad, amor?", susurró Lupe. Reí bajito, oliendo nuestros sexos mezclados en la piel. El corazón se me serenaba, pero la mente bullía con promesas de más noches así: empoderadas, libres, puramente mexicanas en su desmadre pasional.

Apagué la laptop, el cuarto envuelto en penumbras suaves. Sus cuerpos fláccidos contra el mío, cálidos y satisfechos. Sabía que esto no era el fin, solo el principio de nuestra adicción compartida.

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