El Tri Mente Rockera
Tú entras al bar rockero en el corazón de la Condesa, con el aire cargado de humo de cigarro y ese olor a cerveza derramada que te hace sentir viva. La música de El Tri retumba desde los bocinas, "Triste canción de amor" que te eriza la piel. Llevas tu falda corta de cuero negro, botas gastadas y una playera ajustada de la banda que deja ver el tatuaje de una guitarra en tu costado. Tu mente rockera está en llamas esta noche, esa El Tri mente rockera que te hace mover las caderas sin control, buscando algo salvaje, algo que te haga olvidar el pinche estrés de la semana.
Te sientas en la barra, pides un chela helada que sabe a limón y sal, y miras alrededor. Los cuates moshean cerca del escenario, pero tú sientes esa cosquilla en el estómago, un calor que sube desde tus muslos.
¿Qué chingados me pasa hoy? Esa rola de El Tri me tiene caliente como infernal.De repente, lo ves: un vato alto, moreno, con cabello largo atado en coleta, playera de El Tri igualita a la tuya, desgastada por los conciertos. Te guiña el ojo y se acerca, con una sonrisa pícara que te moja de inmediato.
—Órale, morra, ¿también andas en la onda de El Tri? —te dice, su voz grave compitiendo con la guitarra eléctrica.
—Neta, carnal, mi mente rockera no vive sin ellos. ¿Vienes seguido? —respondes, rozando su brazo con el tuyo al tomar un trago. Su piel es cálida, áspera por el sudor del ambiente, y huele a colonia barata mezclada con masculinidad pura.
Se llama Alex, toca la guitarra en una banda chida del under, y platican de rolas, de cómo "Abuso" te hace sentir poderosa. Bailan pegaditos cuando suena "Las chicas son guerreras", sus manos en tu cintura, apretando justo lo suficiente para que sientas su verga endureciéndose contra tu nalga. El roce es eléctrico, tus pezones se marcan bajo la tela, y el sabor de su aliento a tequila te invade cuando se acerca a tu oído.
—Estás bien perra rockera, ¿eh? Me encanta esa vibra de El Tri en ti.
Te ríes, juguetona, y le muerdes el lóbulo de la oreja.
Necesito esto, neta, mi cuerpo grita por él.El bar palpita con bajos profundos que vibran en tu clítoris, el sudor perla en tu escote, y sus dedos trazan círculos en tu espalda baja, bajando peligrosamente.
La noche avanza, la tensión crece como un solo de guitarra interminable. Salen a la calle, el aire fresco de la noche mexicana los golpea, pero el fuego interno no se apaga. Caminan hacia su depa a unas cuadras, riendo de pendejadas, sus manos entrelazadas. En el elevador, no aguantan: te empuja contra la pared, su boca devora la tuya, lenguas enredadas con sabor a chela y deseo. Sientes su dureza presionando tu pubis, y gimes bajito, tus uñas clavándose en su cuello.
Entra a su cuarto, un desmadre chido de posters de rock, una guitarra en la esquina y olor a incienso quemado. Te quita la playera con urgencia, lamiendo tu cuello mientras desabrochas su cinturón. Su piel sabe a sal y aventura, piensas, mientras bajas de rodillas. Su verga sale libre, gruesa, venosa, palpitante. La tocas, suave al principio, oliendo su aroma almizclado que te hace salivar. La chupas despacio, saboreando la gota salada en la punta, tu lengua girando alrededor del glande mientras él gime "¡Chingón, morra!". Tus manos aprietan sus bolas pesadas, y el sonido húmedo de tu boca llena el cuarto, mezclado con su respiración agitada.
Te levanta, te arroja a la cama deshecha. Sus manos expertas separan tus muslos, besando el interior hasta llegar a tu panocha empapada.
¡Ay, wey, qué rico!Su lengua lame tu clítoris hinchado, chupando con hambre, metiendo dos dedos que curvan justo en tu punto G. El placer sube en oleadas, tus caderas se arquean, el olor de tu excitación impregna el aire. Gritas su nombre, arañando las sábanas, mientras él acelera, su barba raspando tus labios mayores.
No aguantas más, lo jalas arriba. Te penetra de un solo empujón, llenándote hasta el fondo. Sientes cada vena deslizándose dentro, estirándote deliciosamente. Empiezan lento, mirándose a los ojos, sus embestidas profundas que tocan tu alma rockera. Aceleran, el colchón cruje, piel contra piel en palmadas rítmicas como un bombo de El Tri. Sudas, él lame tus tetas, mordiendo pezones duros mientras tú aprietas sus nalgas, urgiéndolo más adentro.
—¡Dame duro, cabrón! ¡Como en un pito de El Tri! —gritas, y él obedece, volteándote a cuatro patas. Te agarra del pelo, embiste salvaje, su saco golpeando tu clítoris. El orgasmo te arrasa primero, un estallido que te hace temblar, contrayendo tu concha alrededor de su verga en espasmos. Él gruñe, se corre dentro, chorros calientes que te inundan, prolongando tu placer.
Caen exhaustos, cuerpos enredados, el corazón latiendo al unísono con el eco de la música en tu cabeza. Su mano acaricia tu vientre, besos suaves en la nuca.
Esto fue chingón, mi mente rockera está en paz por fin.Platican bajito de conciertos futuros, de tatuajes compartidos, el olor a sexo y sudor envolviéndolos como una cobija. Afuera, la ciudad duerme, pero tú sientes esa chispa eterna, la El Tri mente rockera satisfecha, lista para más noches como esta.
Se duermen pegados, con la promesa de otro round al amanecer, cuando suene "Piedras contra el vidrio" en la radio.