Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Caroline Zalog Try On Ardiente Caroline Zalog Try On Ardiente

Caroline Zalog Try On Ardiente

7063 palabras

Caroline Zalog Try On Ardiente

Imagina que estás en un loft chido en la Roma Norte, con vistas al skyline de la Ciudad de México brillando bajo el sol de la tarde. El aire huele a café de olla recién hecho y a un perfume dulce, como jazmín mezclado con vainilla, que te envuelve desde que entras. Caroline Zalog, esa morra que has visto en infinidad de videos, te recibe con una sonrisa pícara, sus ojos cafés chispeantes bajo el flequillo negro perfecto. Lleva un crop top ajustado que deja ver su ombligo piercing y shorts de mezclilla que abrazan sus curvas como si fueran hechos a mano.

Órale, wey, ¿de verdad estoy aquí? piensas, mientras ella te da la mano, su piel suave y cálida contra la tuya, un toque eléctrico que te eriza los vellos de la nuca. Ganaste un concurso en redes, un Caroline Zalog try on privado, solo para fans selectos. Neta, pensaste que era fake, pero aquí estás, con el corazón latiéndote como tamborazo en una fiesta de pueblo.

—Pásale, mi rey —te dice con esa voz ronca, acento gringo mezclado con mexicano que te pone a mil—. Hoy vas a ver cómo me pruebo unas prendas que ni en mis videos subo. ¿Listo pa'l desfile?

Asientes, la boca seca, y te sientas en un sofá de terciopelo rojo frente a un espejo de cuerpo entero. El cuarto está iluminado con luces suaves, como en un set profesional, y hay una mesa con botellas de tequila reposado y vasos helados. Ella se mueve con gracia felina, sacando de una maleta llena de ropa: lencería de encaje negro, bikinis diminutos, vestidos ceñidos que prometen pecados.

Primera prenda: un bra de push-up rojo fuego. Se quita el crop top despacio, dándote la espalda pero girando lo justo para que veas el reflejo. Su piel morena brilla bajo la luz, el sostén anterior se desliza, revelando la curva perfecta de sus tetas firmes. El zipper del bra nuevo suena como un susurro prohibido, y cuando se da la vuelta, joder, sus pezones se marcan apenas, tentándote. Camina hacia ti, hips swaying, y hace una vuelta.

—¿Qué tal, papi? ¿Te late este look pa' la playa?

El olor de su loción sube hasta ti, mezclado con el calor de su cuerpo. Tragas saliva, sientes tu verga endureciéndose en los jeans. —Está cañón, Caroline. Te ves como diosa.

Se ríe, un sonido juguetón que vibra en tu pecho, y se prueba el bikini siguiente. El triángulo de abajo apenas cubre su monte de Venus depilado, el hilo se hunde entre sus nalgas redondas. Se agacha para ajustar las tiras, y el movimiento hace que sus tetas reboten levemente. Te pide que le ayudes con el nudo de atrás, sus dedos rozan los tuyos, un contacto que quema como chile habanero.

La tensión crece con cada cambio. Tercera prenda: un body de malla transparente que deja ver todo, sus pezones oscuros y el contorno de su panocha a través de la tela. Se para frente a ti, tan cerca que sientes su aliento mentolado en tu cara.

—Dime la neta, ¿qué parte te prende más? ¿Mis chichis o este culazo que tanto les gusta en los comments?
Sus palabras son fuego líquido, y tú, ya no aguantas, extiendes la mano para tocar su muslo, piel de seda caliente.

—Todo, morra. Todo en ti me tiene loco.

Ella no retrocede; al contrario, se sube a horcajadas sobre tus piernas, el body rozando tu erección dura como piedra. Sus labios carnosos se pegan a los tuyos, beso húmedo y salvaje, lengua danzando con sabor a tequila y deseo. Sus manos te quitan la playera, uñas arañando tu pecho, dejando rastros rojos que arden delicioso. Tú agarras sus nalgas, apretándolas, sintiendo cómo se contraen bajo tus palmas.

El beso se profundiza, gemidos suaves saliendo de su garganta mientras se restriega contra ti. Baja la mano, desabrocha tus jeans, y saca tu verga palpitante. ¡Qué chingona! La acaricia despacio, pulgar en la cabeza húmeda de precum, mirándote a los ojos con lujuria pura. —Mira cómo te pones por mí, wey. Este try on se puso personal.

Te empuja al sofá, se pone de rodillas entre tus piernas. Su boca caliente envuelve tu pija, chupando con maestría, lengua girando alrededor del glande, saliva resbalando por el tronco. El sonido obsceno de succión llena el cuarto, mezclado con tus jadeos y el tráfico lejano de la ciudad. Huele a sexo incipiente, a sudor dulce y feromonas. La agarras del pelo, suave como seda, guiándola más profundo, hasta que sientes su garganta apretándote.

Pero no la dejas terminar ahí. La levantas, la pones contra el espejo, arrancas el body con un tirón que hace crujir la tela. Su cuerpo desnudo reflejado por todos lados: tetas perfectas, cintura estrecha, panocha rosada ya mojada, labios hinchados brillando. La besas por el cuello, mordisqueando la piel salada, bajando a mamar sus chichis, pezones duros como balines entre tus dientes.

Chíngame, papi. Ya no aguanto —suplica, voz entrecortada, manos en tu espalda clavando uñas.

La penetras de un solo empujón, su concha apretada y resbalosa tragándote entero. Gritas de placer, el calor envolviéndote como guante de terciopelo húmedo. Empiezas a bombear, lento al principio, sintiendo cada vena rozando sus paredes internas. Ella arquea la espalda, tetas rebotando con cada estocada, gemidos altos: ¡Ay, sí! ¡Más duro, cabrón!

Cambian posiciones, ella encima, cabalgándote en el sofá. Sus caderas giran como en un rodeo, verga entrando y saliendo con sonidos chapoteantes. Sudor perla su piel, goteando en tu pecho, sabor salado cuando la lames. El aroma de su excitación es embriagador, almizcle femenino puro. Tus manos en su culo, azotando suave, dejando marcas rosas que la hacen gemir más fuerte.

La tensión sube como volcán, pulsos acelerados latiendo en sincronía. Sus ojos se clavan en los tuyos,

—Me vengo, wey... ¡Córrete conmigo!
Aprietas sus caderas, embistes desde abajo, y explotas juntos. Su concha se contrae en espasmos, ordeñándote, chorros calientes llenándola mientras ella tiembla, cabeza echada atrás, grito gutural que retumba en tus oídos.

Caen exhaustos, cuerpos pegajosos entrelazados, respiraciones jadeantes calmándose. Ella se acurruca en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. El cuarto huele a sexo consumado, sábanas revueltas imaginarias, tequila olvidado. Besos suaves post-orgasmo, lenguas perezosas.

—Ese fue el mejor Caroline Zalog try on de mi vida —murmura, riendo bajito.

Tú sonríes, abrazándola fuerte, el corazón aún acelerado. Neta, esto no fue un sueño. Afuera, la ciudad bulle indiferente, pero aquí, en este momento, todo es perfecto. Ella se levanta despacio, piel sonrosada y brillante, y te guiña un ojo.

—¿Quieres ver el encore? Tengo más prendas...

El deseo renace, pero por ahora, saboreas el afterglow, el sabor de sus labios en los tuyos, el eco de placer en cada célula. México, Caroline, tú: una combinación explosiva que no olvidarás jamás.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.