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Cogiendo en Trío con Pasión Desbordante

7211 palabras

Cogiendo en Trío con Pasión Desbordante

La noche en la villa de playa en Puerto Vallarta olía a sal marina y a jazmín fresco que trepaba por las paredes blancas. El sonido de las olas rompiendo suave contra la arena se mezclaba con la música ranchera lejana de una fiesta cercana. Yo, Alex, estaba recargado en la barandilla del balcón, con una chela fría en la mano, viendo cómo mi morra Ana bailaba adentro con su amiga Laura. Ana, con su piel morena brillando bajo las luces tenues, meneaba las caderas al ritmo de un corrido, su vestido rojo ajustado marcando cada curva de su cuerpo. Laura, rubia teñida con ojos verdes que hipnotizaban, reía a carcajadas, pegada a ella como si fueran hermanas de alma.

Neta, qué suerte la mía, pensé mientras las veía. Hacía un año que Ana y yo éramos pareja, y siempre había sido fuego puro en la cama. Pero esa noche, algo en el aire se sentía diferente. Laura había llegado de visita de la CDMX, y desde la tarde, las dos no paraban de coquetear conmigo, lanzándome miradas que me ponían la verga dura como piedra.

Wey, ven a bailar con nosotras —gritó Ana desde la puerta, su voz ronca por el tequila que nos habíamos echado.

Me acerqué, y de pronto las tenía a las dos pegadas a mí. El calor de sus cuerpos me envolvía, el perfume dulce de Ana mezclado con el cítrico de Laura. Sus manos rozaban mi pecho, mis brazos, y yo sentía el pulso acelerado en mi cuello.

¿Esto va en serio? ¿O nomás están juguetones?
me dije, pero mi cuerpo ya respondía, la sangre hirviendo.

Entramos a la habitación principal, con la cama king size cubierta de sábanas blancas crujientes y vistas al mar. Ana cerró la puerta con un clic que sonó como promesa. Se volteó hacia mí, mordiéndose el labio inferior, ese gesto que siempre me volvía loco.

¿Sabes qué, carnal? Laura y yo hemos platicado —dijo Ana, acercándose con pasos lentos, sus tetas rebotando suaves bajo la tela—. Queremos cogerte en trío esta noche. ¿Te late?

Laura soltó una risita pícara, quitándose los zapatos y subiéndose a la cama. —Sí, pendejo, no seas rajón. Neta que te vemos bien puesto.

Mi corazón latía como tambor en desfile. El deseo me nublaba la razón, pero asentí, la garganta seca. Esto es un sueño, no lo arruines.

Acto primero: la seducción empezó con besos. Ana me jaló por la camisa, sus labios carnosos chocando contra los míos, saboreando a tequila y menta. Su lengua se enredó con la mía, húmeda y caliente, mientras sus manos bajaban a mi pantalón, desabrochándolo con dedos expertos. Laura se acercó por detrás, su aliento cálido en mi nuca, besándome el cuello. Olía a vainilla y deseo, su piel suave rozando mi espalda cuando se quitó el top, dejando ver sus chichis firmes, pezones rosados endurecidos.

Me tumbé en la cama, y ellas dos se turnaron para desvestirme. El aire fresco de la noche entraba por la ventana entreabierta, erizando mi piel desnuda. Ana se arrodilló entre mis piernas, su cabello negro cayendo como cascada sobre mis muslos. —Qué rica verga tienes, mi amor —susurró, lamiendo la punta con la lengua plana, un sabor salado que me hizo gemir.

Laura no se quedó atrás. Se subió a horcajadas sobre mi pecho, sus nalgas redondas presionando mi piel, el calor de su panocha cerca de mi cara. —Chúpame, Alex —ordenó juguetona, y bajé la cabeza, inhalando su aroma almizclado, dulce como miel. Mi lengua exploró sus labios hinchados, saboreando su jugo que goteaba caliente. Ella jadeaba, ¡Ay, qué chido!, sus caderas moviéndose en círculos lentos.

La tensión crecía como ola en tormenta. Mis manos recorrían sus cuerpos: la curva de la cintura de Ana, áspera por el sudor incipiente; los muslos suaves de Laura, temblando bajo mis dedos. Escuchaba sus respiraciones agitadas, los labios chupando mi verga haciendo sonidos húmedos, slurp slurp, que me volvían loco.

En el medio del acto, la intensidad subió. Cambiamos posiciones. Ana se recostó, abriendo las piernas, su panocha rosada y mojada brillando a la luz de la luna que se colaba. —Cógeme primero, cabrón —pidió, y me hundí en ella de un empujón. Estaba tan caliente, tan apretada, que gruñí como animal. El sonido de mi pelvis chocando contra la suya era rítmico, plaf plaf, mezclado con sus gemidos altos: ¡Más duro, sí!.

Laura observaba, tocándose las tetas, los ojos vidriosos de lujuria.

No mames, esto es lo mejor que me ha pasado
, pensé mientras embestía, sintiendo el olor a sexo llenando la habitación, sudor salado en mi lengua cuando lamí el cuello de Ana.

Entonces, el trío verdadero explotó. Laura se posicionó encima de Ana, en 69, sus culos al aire invitándome. Cogí a Laura por detrás mientras ella chupaba a Ana. Su coño era más estrecho, succionándome como boca hambrienta. El tacto de su carne temblorosa, el sabor de Ana en sus labios cuando nos besamos sobre ella... todo era un torbellino sensorial. Oía sus voces entrelazadas: ¡Qué rico cogiendo en trío, wey! gritó Ana, y Laura respondió con un ¡No pares, métela toda!.

Mi mente era un remolino de emociones. ¿Cómo carajos llegué aquí? Ana es mía, pero compartirla así nos une más. El conflicto interno se disipaba con cada embestida, replaced por puro placer. Sudor goteaba de mi frente al pecho de Laura, sus uñas clavándose en mis caderas, dejando marcas rojas que ardían delicioso. El olor a mar se mezclaba con el almizcle de nuestras pieles empapadas, y el sabor de sus jugos en mi boca me hacía tragar saliva con avidez.

Escalamos juntos. Cambiamos: yo de rodillas, Ana montándome la verga mientras Laura se sentaba en mi cara. Sus pesos me aplastaban en la mejor forma, tetas rebotando, caderas girando. Gemidos se volvían gritos: ¡Me vengo, me vengo! Ana se convulsionó primero, su coño apretándome como puño, chorros calientes mojando mis bolas. Laura siguió, su clítoris pulsando contra mi lengua, saboreando su éxtasis ácido-dulce.

Yo no aguanté más. Con un rugido gutural, exploté dentro de Ana, chorros calientes llenándola mientras Laura me ordeñaba con la mano. El mundo se volvió blanco, pulsos retumbando en mis oídos, músculos temblando en espasmos.

En el final, el afterglow nos envolvió como manta suave. Nos derrumbamos en un enredo de piernas y brazos, respiraciones calmándose al unísono con el vaivén del mar. Ana besó mi frente, su piel pegajosa contra la mía. —Te amo, mi rey. Esto fue épico.

Laura acurrucada al otro lado, trazando círculos en mi pecho. —Neta, repitamos pronto. Cogiendo en trío es lo máximo.

Yo sonreí, exhausto y pleno.

Esto no rompió nada; lo fortaleció todo. Somos libres, consensuados, vivos
. La luna testigo, nos quedamos así hasta el amanecer, con el sabor de la noche en la piel y el corazón latiendo en armonía.

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