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Cable Triada Ardiente

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Cable Triada Ardiente

Estás sola en tu departamento en Polanco, con el calor de la tarde pegándote en la piel como una caricia insistente. El aire acondicionado zumba bajito, pero el internet se cortó hace horas, y el cable de la tele parpadea como si se burlara de ti. Llamas al servicio técnico, pensando en lo pendejo que es depender tanto de esa chingadera tecnológica. Órale, ya valió, piensas, mientras te estiras en el sofá de cuero suave, sintiendo cómo el sudor resbala entre tus pechos bajo la blusa ligera.

Media hora después, tocan la puerta. Abres y te topas con tres vatos que parecen salidos de un sueño húmedo: altos, morenos, con camisetas ajustadas que marcan sus músculos sudados por el sol de la Ciudad de México. El líder, un tipo de ojos cafés intensos y sonrisa chueca, se presenta como Marco. "Somos la cable triada, güey. Venimos a arreglarte todo eso que se jodió." Los otros dos, Alex y Luis, asienten con guiños pícaros, cargando sus herramientas. Sientes un cosquilleo en el estómago, el olor a colonia barata mezclada con sudor masculino invadiendo el aire fresco de tu casa.

Te apartas para dejarlos pasar, notando cómo sus jeans rasgados abrazan sus culos firmes. ¿Qué pedo con estos morros? Parecen listos para más que solo cables, reflexionas, mientras tu pulso se acelera. Marco se arrodilla frente al módem, sus manos grandes y callosas manipulando los cables con destreza. Alex sube a revisar la antena en el balcón, y Luis se encarga del televisor en la sala. El ambiente se carga de tensión; sus risas graves resuenan, hablando de chingaderas del trabajo, de cómo las jefas siempre son unas mamacitas exigentes.

Te sientas en el sofá, cruzando las piernas, sintiendo el roce de tus shorts cortos contra la piel sensible de tus muslos. Marco levanta la vista, sus ojos recorriéndote despacio.

"¿Todo chido por aquí, jefa? ¿O hay algo más que necesites que revisemos?"
Su voz ronca te eriza la piel. Sonríes, juguetona. "Pues el cable anda mal, pero yo ando bien... por ahora." Alex baja del balcón, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano, dejando un rastro brillante. Luis se acerca, oliendo a tierra y esfuerzo. La habitación se siente más chica, el aire denso con promesas no dichas.

El deseo crece como una ola lenta. Marco termina con el módem, pero no se levanta del todo; su rodilla roza tu pantorrilla accidentalmente –o no–. Sientes el calor de su cuerpo, el latido de tu corazón retumbando en tus oídos. Estos cabrones me traen loca. ¿Y si les sigo la corriente? Son tres, yo sola... pero chingado, qué rico se ve. Luis enciende la tele, y de pronto una película erótica parpadea en la pantalla, gemidos suaves llenando el silencio. Todos se ríen, pero la risa se quiebra en miradas cargadas.

Alex se acerca primero, sentándose a tu lado. "¿Te late ver esto, o prefieres acción en vivo?" Su mano grande aterriza en tu rodilla, subiendo despacio, enviando chispas por tu espina. Consientes con un suspiro, abriendo las piernas un poco. Marco se une, arrodillándose entre tus muslos, sus labios rozando tu cuello. Huele a sal y hombre, delicioso. Luis se para frente a ti, desabrochando su cinturón con calma, su verga ya medio dura marcándose bajo el pantalón.

La escalada es gradual, deliciosa. Tus manos exploran: la espalda ancha de Alex, dura como piedra bajo la camiseta; el pecho velludo de Marco, palpitando con cada respiración. Luis te besa, su lengua invadiendo tu boca con sabor a chicle y cerveza fresca. Desabrochas sus jeans, liberando su miembro grueso, caliente en tu palma. "Qué chula verga tienes, carnal." Él gime, "Tú sí que sabes manejarla, reina."

Te quitan la blusa con reverencia, exponiendo tus tetas al aire. Marco las lame despacio, succionando un pezón hasta que duele de placer, mientras Alex baja tus shorts, sus dedos hurgando tu humedad. Estoy empapada, carnal. El olor a mi excitación llena la sala, mezclado con el suyo. Sientes sus dedos gruesos abriéndote, rozando tu clítoris hinchado. Gimes contra la boca de Luis, quien ahora te folla la mano con embestidas lentas.

Se mueven como una cable triada perfecta, sincronizados. Te levantan del sofá, llevándote a la alfombra mullida. Marco se acuesta primero, guiándote sobre su verga erecta. Deslizas hacia abajo, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estira, llena. "¡Ay, cabrón, qué rica estás!" grita él, sus caderas chocando contra las tuyas. Alex se arrodilla detrás, lubricándote con su saliva, y entra en tu culo con cuidado, poquito a poquito. El doble llenado te hace gritar de éxtasis, el ardor convirtiéndose en fuego líquido. Luis te ofrece su polla a la boca, y la chupas ansiosa, saboreando la piel salada, el precum dulce.

El ritmo aumenta: embestidas profundas, piel contra piel chapoteando, sudores mezclándose en ríos calientes. Tus sentidos explotan –el slap-slap de cuerpos, gemidos roncos en español mexicano puro: "¡Fóllame más duro, pendejos! ¡Sí, así, carajo!" Sientes cada vena de sus vergas pulsando dentro de ti, el roce de bolas contra tu piel, el pinchazo placentero en tu ano. Tus uñas clavan en los hombros de Marco, oliendo su axila masculina mientras Alex te agarra las caderas, dejando moretones que mañana recordarán esto.

La tensión sube como un volcán. Tus paredes se contraen, ordeñándolos. No aguanto más, me vengo. El orgasmo te sacude, olas y olas, chorros de placer mojando a Marco. Ellos gruñen, uno tras otro: Luis primero en tu boca, espeso y caliente tragándote; Alex en tu culo, llenándote hasta rebosar; Marco dentro, su leche mezclándose con la tuya. Colapsan sobre ti, pesados y satisfechos, respiraciones entrecortadas calmándose juntas.

Después, el afterglow es puro terciopelo. Te limpian con toallas suaves, besos tiernos en la frente.

"Eres una diosa, jefa. La mejor cable triada que hemos tenido."
Marco dice, riendo bajito. Se visten despacio, el cable ahora funciona perfecto, la tele zumbando de fondo. Te abrazan en la puerta, promesas de volver si "se jode algo más". Cierras, piernas temblando, el cuerpo zumbando de recuerdos táctiles: hormigueo en el coño, culo adolorido dulcemente, sabor a ellos en la lengua.

Te duchas, el agua caliente lavando el sudor pero no el calor interno. Chingón, ¿verdad? Tres morros como dioses del cable, y yo en el centro. Mañana llamo de nuevo, nomás pa' ver si regresan. Sonríes al espejo, empoderada, lista para más aventuras en esta ciudad que nunca duerme.

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