Gundam Build Fighters Try la Pasión Prohibida
Alejandro miró su colección de Gunpla alineados en el estante de su depa en la Roma, el sol de la tarde filtrándose por las cortinas y haciendo brillar las piezas de Gundam Build Fighters Try. Tenía veintiocho años, un vato bien plantado con barba recortada y ojos que delataban su pasión por los mechas. Hoy era especial: Miranda, la morra que había conocido en el Comic Con de la CDMX, venía a su casa para una sesión de armado y batalla. Ella, con veintiséis, curvas que volvían loco a cualquiera y una sonrisa pícara, era la fanática más guapa que había visto. "Vamos a ver quién arma mejor su Gundam", le había dicho por WhatsApp, con un emoji de fuego que lo dejó pensando en otras batallas.
El timbre sonó y abrió la puerta. Ahí estaba Miranda, jeans ajustados que marcaban sus caderas anchas, blusa escotada dejando ver el borde de un sostén negro, y su kit de Gundam Build Fighters Try en la mano. Olía a perfume de vainilla mezclado con el aire fresco de la calle. "¡Qué onda, carnal!" dijo ella, abrazándolo fuerte. Sus tetas se apretaron contra su pecho y Alejandro sintió un cosquilleo en la verga, como si un Gundam acabara de activar su hyper mode.
Se sentaron en la mesa del comedor, rodeados de herramientas: cortadores, limas, pinturas. Sacaron sus modelos –él un Build Burning Gundam, ella un Try Burning Gundam–. El sonido de las piezas encajando era hipnótico, clics precisos que llenaban el silencio. "No mames, tu técnica es chida", murmuró ella, inclinándose para ver su trabajo. Su aliento cálido rozó su oreja, y Alejandro olió su shampoo de coco. Internamente pensó:
¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón? Esto es solo Gunpla, pero con ella... se siente como el clímax de un episodio de Gundam Build Fighters Try.
Charlaron de la serie mientras armaban. "Me encanta cómo en Gundam Build Fighters Try los personajes dan todo en la batalla, ¿sabes? Esa intensidad", dijo Miranda, lamiéndose los labios sin darse cuenta. Él asintió, notando cómo sus dedos ágiles manipulaban las piezas, imaginándolos en su piel. Abrieron unas chelas frías del refri, el sonido del gas escapando como un disparo de beam rifle. Brindaron: "¡Por las batallas épicas!" Ella rio, su risa grave y sexy, vibrando en el aire cargado de olor a pegamento y metal.
Terminaron los modelos. Era hora de la prueba. Colocaron la arena de batalla casera –una caja con obstáculos–. Sus Gundams chocaron: zumbidos de motores simulados, explosiones de luces LED que Alejandro había agregado. Ella lo venció en la primera ronda. "¡Ja! Te di en la madre, Ale", gritó triunfante, saltando y abrazándolo. Sus cuerpos se pegaron, sus pechos contra su torso, y el roce de su coño contra su muslo lo puso duro al instante. Se miraron a los ojos, el aire espeso con tensión. "¿Quieres revancha... o algo más?", susurró ella, su mano bajando por su espalda.
Alejandro no lo pensó dos veces. La besó, labios suaves y hambrientos saboreando a chela y chicle de menta. Ella respondió con fuego, lengua explorando su boca como un Gundam escaneando el campo. Sus manos subieron por su blusa, sintiendo la piel cálida y suave de su vientre. "Sí, güey, justo lo que necesitaba después de esa victoria", jadeó ella contra su cuello. Lo jaló al sofá, quitándose la blusa con un movimiento fluido. Sus tetas rebotaron libres, pezones oscuros endurecidos por el deseo. Él las tomó, masajeando, oliendo su sudor ligero mezclado con vainilla. Pinche suavidad, como terciopelo caliente, pensó, lamiendo uno, saboreando la sal de su piel.
Miranda gemía bajito, "Órale, qué rico chupas", mientras le desabrochaba el cinturón. Su verga saltó libre, gruesa y palpitante, venas marcadas como armadura de Gundam. Ella la agarró, masturbándolo lento, el sonido de piel contra piel húmeda llenando la sala. "Mira cómo late, como en las batallas de Gundam Build Fighters Try", bromeó, ojos brillantes de lujuria. Él la tumbó, bajándole los jeans. Su panocha depilada brillaba de jugos, olor almizclado y dulce invadiendo sus sentidos. Metió dos dedos, sintiendo el calor apretado, sus paredes contrayéndose. Ella arqueó la espalda, uñas clavándose en sus hombros: "¡No pares, cabrón!"
La tensión crecía como un Plavsky Particle sobrecargado. Besos en el cuello, mordidas suaves dejando marcas rojas. Él chupó su clítoris, lengua girando rápido, saboreando sus fluidos cremosos. Miranda gritaba, caderas moviéndose contra su cara, el sofá crujiendo bajo ellos. "Me vengo, Ale, me vengo fuerte..." Su orgasmo la sacudió, jugos chorreando por su barbilla, cuerpo temblando como un Gundam dañado.
Ahora ella arriba, lo montó como una piloto experta. Su verga entró de un jalón, envolviéndola en calor resbaloso. "¡Qué chingona tu verga!" gimió, rebotando, tetas saltando hipnóticas. Él agarró sus nalgas firmes, sintiendo el sudor resbaloso, el slap-slap de carne contra carne resonando. Olía a sexo puro, a deseo desatado. Sus pensamientos eran un torbellino:
Esto es mejor que cualquier batalla de Gundam Build Fighters Try, su coño me aprieta como un shield grip.Aceleró, embistiéndola desde abajo, bolas golpeando su culo.
La intensidad subió. Ella se inclinó, besándolo salvaje, lenguas batallando como mechas rivales. Él sintió el orgasmo acercándose, huevos apretados. "Córrete conmigo, Miranda, ¡hagamos equipo!" Ella asintió, clítoris frotándose contra su pubis. Gritaron juntos, su verga explotando chorros calientes dentro de ella, su coño ordeñándolo en espasmos. El placer los cegó, pulsos latiendo en sincronía, sudor goteando como lluvia post-batalla.
Se derrumbaron, jadeando, cuerpos entrelazados en el sofá desordenado. El olor a semen y jugos flotaba, mezclado con el plástico de los Gunpla olvidados en la mesa. Miranda trazó círculos en su pecho: "Qué pedo, carnal, eso fue épico. Mejor que ganar el torneo nacional de Build Fighters." Él rio, besando su frente. En su mente:
Nuestra conexión empezó con Gundam Build Fighters Try, pero esto... esto es el verdadero try, el intento perfecto de algo más.
Se levantaron lento, piel pegajosa enfriándose. Se ducharon juntos, manos explorando de nuevo bajo el agua caliente, pero sin prisa. Salieron envueltos en toallas, pidieron unas tacos de la esquina –carne asada jugosa, salsa picosa que picaba la lengua como recordatorio de su pasión–. Comieron en la cama, planeando la próxima sesión. "La revancha será en la cama", dijo ella guiñando. Alejandro sonrió, sabiendo que su mundo de mechas acababa de ganar una aliada para siempre.