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Palabras Que Rimen Con Try Bajo Las Sábanas

6834 palabras

Palabras Que Rimen Con Try Bajo Las Sábanas

Tú entras en mi depa en la Condesa, con esa sonrisa pícara que me hace derretir como chocolate en el sol de mediodía. El aire huele a jazmín del balcón y a las velas de vainilla que prendí hace rato. Llevamos horas en el bar de abajo, riéndonos con chelas frías, y de repente soltaste esa idea loca: un juego de palabras que rimen con try. Al principio pensé que era un trago de más, pero tus ojos brillaban con malicia, prometiendo algo más que risas.

Órale, güey, me dijiste, di una que rime con try y te doy un beso. Yo, con la lengua suelta por el mezcal, solté thigh, muslo, y tú pasaste tu mano por mi pierna, rozando la piel bajo la falda. El roce fue eléctrico, como un rayo en el cielo de tormenta sobre el Popo. Subimos las escaleras tropezando de la risa y el deseo, tus manos ya buscando mi cintura.

Ahora estamos aquí, en mi cuarto con las cortinas corridas, la ciudad zumbando allá abajo como un hormiguero. Te quitas la camisa, y yo admiro tus hombros anchos, el vello oscuro que brilla bajo la luz tenue de la lámpara. Hueles a colonia fresca mezclada con sudor limpio, ese olor que me revuelve las tripas. Me acerco, mis dedos trazan tu pecho, sintiendo el latido acelerado de tu corazón bajo la piel caliente.

Esta morra me va a volver loco, piensas, mientras mis uñas arañan suave tu pezón endurecido.

—Dime otra palabra que rime con try —te reto, mi voz ronca, casi un susurro contra tu cuello.

High —dices, y me alzas en brazos como si no pesara nada, pegando mi cuerpo al tuyo. Siento tu dureza presionando contra mi vientre, prometedora, viva. Te dejo caer en la cama king size, las sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo tu peso. Me subo encima, mis muslos abriéndose a horcajadas sobre tus caderas. El calor entre mis piernas ya es un fuego lento, húmedo.

Acto uno del juego: exploración. Mis labios recorren tu mandíbula, saboreando la sal de tu piel, el leve rastro de barba que pincha delicioso. Tú gimes bajito, un sonido gutural que vibra en mi pecho. —Cry —susurras, y yo arqueo la espalda, dejando que mis tetas rocen tu cara. Tus manos suben por mis thighs, apretando la carne suave, amasando como si fuera masa para tortillas frescas.

El cuarto se llena de nuestros jadeos, el ventilador zumbando perezoso arriba, moviendo el aire cargado de feromonas. Huelo mi propio aroma de excitación, dulce y almizclado, mezclándose con el tuyo masculino, terroso. Te volteo bocabajo, mis uñas bajan por tu espalda, dejando surcos rojos que te hacen gemir más fuerte.

—No seas pendejo, dame otra —te digo riendo, mordiendo tu oreja.

Sky, como el cielo en tus ojos —respondes poético, y eso me prende más. Giro tu cuerpo, beso tu ombligo, bajando lento hacia donde late tu verga tiesa, palpitante bajo el bóxer. La tela está húmeda de precúm, y la pruebo con la lengua, salada, adictiva.

La tensión crece como el volcán en erupción. Tus manos enredan en mi pelo, no forzando, solo guiando con ternura ansiosa. Yo me deshago de mi blusa, mis chichis saltan libres, pezones duros como piedras de obsidiana. Tú los chupas, succionando con hambre, el sonido húmedo de tu boca llenando el cuarto. Siento chispas bajando directo a mi chochito, que palpita vacío, pidiendo.

Qué chingón se siente esto, esta mujer es puro fuego, cruza tu mente mientras lames mi piel, saboreando el sudor perlado entre mis pechos.

Segundo acto: la escalada. Nos quitamos todo, piel contra piel, resbaladiza de sudor. Tus dedos encuentran mi clítoris, hinchado y sensible, lo rodean en círculos lentos, torturadores. Gimo, mis caderas se mueven solas, buscando más fricción. —Fly —dices, y me sientes volar, levitando en olas de placer que me hacen apretar las sábanas.

Te pongo de rodillas, mi boca envuelve tu verga, gruesa y venosa, latiendo en mi lengua. La chupo profundo, saboreando cada vena, el gusto salobre que me hace salivar más. Tú gruñes, ¡carajo, nena!, tus caderas empujando suave, siempre chequeando mis ojos para el sí. Yo asiento, hambrienta, mis manos en tus nalgas firmes, apretando.

Cambio de posición: yo de espaldas, tú detrás, tu pecho pegado a mi espalda. Sientes mis nalgas redondas contra tu pubis, el calor de mi raja húmeda invitándote. Rozas la cabeza de tu verga por mis labios vaginales, untándote de mis jugos cremosos, resbalosos. El olor a sexo inunda todo, primitivo, embriagador.

My —susurras, reclamándome, y entras despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Siento cada pulgada llenándome, el roce de tus bolas contra mi clítoris. Empiezas a bombear, lento al principio, el slap slap de carne contra carne ritmando como cumbia cachonda.

Mis paredes te aprietan, ordeñándote, mientras mis gemidos suben de tono. ¡Más duro, cabrón! te pido, y aceleras, tus manos en mis caderas, jalándome contra ti. El sudor gotea de tu frente a mi espalda, caliente, mezclándose con el mío. Veo en el espejo del clóset nuestros cuerpos fusionados, brillantes, animales en celo.

No aguanto más, esta panocha me aprieta como guante, voy a explotar, piensas, mordiendo mi hombro suave.

La intensidad sube, mis tetas rebotando con cada embestida, pezones rozando la sábana áspera. Tú alcanzas mi clítoris desde atrás, frotando furioso, y yo exploto primero, un grito ahogado, ¡ay, wey!, mi cuerpo convulsionando, jugos chorreando por tus muslos. Las olas me barren, visión borrosa, oídos zumbando solo con tu respiración jadeante.

Tú sigues, prolongando mi orgasmo con estocadas profundas, hasta que sientes el tuyo venir, un tren de placer arrasando. —Cry conmigo —te ordeno, y lloramos de éxtasis, tú vaciándote dentro, chorros calientes pintando mis paredes, desbordando.

Tercer acto: el afterglow. Colapsamos enredados, piernas entrelazadas, tu verga aún semi-dura dentro de mí, palpitando residual. El cuarto apesta a sexo crudo, sábanas revueltas, cuerpos pegajosos. Besas mi nuca, suave, posesivo pero tierno. Yo giro, beso tus labios hinchados, saboreando el eco de mi propia esencia en tu lengua.

—Fue chido el juego de palabras que rimen con try —murmuro, trazando círculos en tu pecho.

—La mejor noche, nena. Shy no aplica aquí —ríes, y nos acurrucamos, el corazón latiendo en unisono.

La ciudad duerme afuera, pero nosotros flotamos en esa burbuja de satisfacción, pieles enfriándose lento, promesas de más juegos en el aire. Mañana será otro día, pero esta noche, con sus rimas y gemidos, queda grabada en el alma.

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