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Trio Casero Ardiente con Mi Prima

6719 palabras

Trio Casero Ardiente con Mi Prima

Era un sábado de puro relajo en la casa de mis tíos en el DF, con el sol colándose por las cortinas y el olor a café de olla flotando en el aire. Yo, Alex, de veintiocho tacos, había llegado de visita porque mi prima Laura me había mandado un mensaje: "Wey, ven, neta que necesitamos platicar y echar desmadre". Laura, mi prima de primer grado, veintiséis años, con ese cuerpo curvilíneo que siempre me había hecho voltear dos veces, morena clarita, tetas firmes y un culo que parecía esculpido por los dioses. Vivía con su amiga Karla, una chava de veintisiete, flaca pero con unas nalgas redondas y unos labios carnosos que gritaban pecado.

Entré a la sala y ahí estaban las dos, en shorts diminutos y blusitas ajustadas, riéndose de un chiste pendejo en TikTok. El aire acondicionado zumbaba bajito, pero el calor de sus miradas ya me tenía sudando.

"¡Órale, carnal! Al fin llegaste, siéntate aquí conmigo"
, dijo Laura jalándome al sofá, su muslo rozando el mío, suave como seda tibia. Karla me guiñó un ojo, sirviéndome un michelada helada que sabía a limón fresco y sal picosa.

Platicamos de la vida, de trabajos de mierda y exnovios culeros. Pero el ambiente se cargaba de electricidad. Laura se recargaba en mí, su perfume dulzón de vainilla invadiendo mis fosas nasales, mientras Karla cruzaba las piernas, dejando ver un poco de su tanga negra. Neta, ¿qué pedo con estas morras?, pensé, sintiendo mi verga endurecerse bajo los jeans. De repente, Laura soltó:

"Oye, Alex, ¿te imaginas un trio casero con mi prima? Jaja, no, espera, trio casero con mi prima serías tú y nosotras, ¿no?"
. Las tres nos reímos, pero sus ojos brillaban con malicia.

El deseo inicial era como un cosquilleo en el estómago, una tensión que crecía con cada roce accidental. Laura me tomó la mano, entrelazando sus dedos con los míos, su piel cálida y ligeramente húmeda. Esto no es de familia, pero chingado, qué rico se siente.

La cosa escaló cuando Karla puso música de reggaetón bajito, ese ritmo que hace mover las caderas sin querer.

"Bailen conmigo, cabrones"
, dijo Karla, parándose y meneando el culo al son de Bad Bunny. Laura se levantó, jalándome con ella. Sus cuerpos se pegaron al mío, Laura por delante, frotando sus tetas contra mi pecho, Karla por atrás, su aliento caliente en mi cuello. Olía a sudor fresco mezclado con loción de coco, un aroma que me volvía loco.

En el medio del clímax emocional, dudé un segundo. ¿Y si mis tíos llegan? ¿Y si esto jode todo?. Pero Laura me miró fijo:

"Neta, Alex, las dos te queremos desde hace rato. Déjate llevar, güey"
. Karla asintió, besándome el lóbulo de la oreja, su lengua húmeda y juguetona. El conflicto interno se disolvió en un mar de lujuria; el corazón me latía como tambor en quinceañera.

Nos movimos a la recámara de Laura, la cama king size con sábanas de algodón egipcio suaves al tacto. Laura me quitó la playera, sus uñas rozando mi pecho, erizando mi piel. Su toque es fuego puro. Karla desabrochó mis jeans, liberando mi verga tiesa, palpitante, con venas marcadas.

"Mira qué chingona, carnala"
, murmuró Karla, lamiendo la punta con su lengua rasposa, sabor salado de mi pre-semen.

Laura se desnudó primero, revelando sus chichis perfectos, pezones oscuros endurecidos como chocolate amargo. Se acostó, abriendo las piernas, su panocha depilada brillando de humedad, olor almizclado a excitación femenina que me mareaba. Yo me arrodillé entre sus muslos, inhalando profundo, lamiendo su clítoris hinchado, dulce como mango maduro. Ella gemía bajito, "Ay, wey, chúpame más fuerte", sus caderas ondulando contra mi boca, jugos calientes empapando mi barbilla.

Karla no se quedó atrás; se quitó la ropa, su concha rosada y jugosa lista. Se subió a la cara de Laura, quien la devoró con avidez, lenguas chocando en un beso húmedo sobre carne. Yo metí dos dedos en Laura, sintiendo sus paredes vaginales contraerse, calientes y resbalosas. El sonido era obsceno: chupeteos, jadeos, la cama crujiendo. El sudor nos unía, piel contra piel pegajosa, pulsos acelerados latiendo al unísono.

Cambié posiciones, el calor subiendo como fiebre. Karla se montó en mi verga, su coño apretado engulléndome centímetro a centímetro, ¡Qué chingonería, tan estrecha y mojada!. Rebotaba, tetas saltando, uñas clavadas en mi pecho dejando marcas rojas. Laura se recargó en la pared, masturbándose viéndonos, sus dedos hundiéndose con schlop schlop.

"Fóllatela duro, Alex, hazla gritar"
, ordenó, voz ronca de placer.

La intensidad psicológica era brutal; pensamientos de esto es mi trio casero con mi prima, real y prohibido me empujaban al borde. Karla se corrió primero, su cuerpo temblando, concha ordeñándome la verga en espasmos, gritando "¡Me vengo, cabrón!", chorro caliente salpicando mis bolas. Luego Laura: la puse en cuatro, embistiéndola desde atrás, cacheteando su culo firme que rebotaba con palmadas sonoras. Karla lamía mis huevos, succionando, mientras yo martillaba, sintiendo su interior masajearme. Laura explotó,

"¡Sí, prima, así, no pares!"
, aunque era yo su primo, el lazo familiar hacía todo más sucio y adictivo.

El pico llegó cuando las dos se arrodillaron frente a mí. Laura chupaba la cabeza, Karla los huevos, lenguas danzando en dúo. El olor a sexo impregnaba la habitación, mezcla de fluidos y sudor. No aguanté: Se siente como lava subiendo. Grité, eyaculando chorros espesos en sus bocas abiertas, semen blanco y caliente salpicando lenguas, gargantas tragando con deleite. Ellas se besaron, compartiendo mi leche, labios brillantes.

En el afterglow, nos tumbamos enredados, respiraciones agitadas calmándose. La piel aún tibia, corazones latiendo lento. Laura acariciaba mi pecho:

"Neta, el mejor trio casero con mi prima que pude imaginar"
. Karla rio, besándome la frente. Esto cambia todo, pero qué chido, reflexioné, oliendo sus cabellos revueltos.

Nos duchamos juntos después, agua caliente cayendo en cascada, jabón espumoso resbalando por curvas. Risas, besos suaves, promesas de más desmadres. Salimos de la recámara con el sol ya bajando, el aire fresco de la noche entrando por la ventana, trayendo olor a tacos de la esquina. El impacto perduraba: un lazo nuevo, más íntimo, empoderador. No había culpas, solo satisfacción pura, como un secreto compartido que nos unía para siempre.

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