Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Imágenes Pornos de Tríos que Desatan Pasiones Imágenes Pornos de Tríos que Desatan Pasiones

Imágenes Pornos de Tríos que Desatan Pasiones

7293 palabras

Imágenes Pornos de Tríos que Desatan Pasiones

Estaba sola en el depa de Polanco esa tarde de sábado, con el sol colándose por las cortinas y el ruido lejano de los coches en Reforma. Carlos, mi carnal, había salido con los cuates a echar la chela, pero yo me sentía inquieta, como si el cuerpo me pidiera algo más que Netflix. Agarré mi cel y, sin pensarlo mucho, busqué imágenes pornos de tríos. Neta, qué morbo me dio ver esas fotos: cuerpos enredados, pieles sudadas, miradas de puro fuego. Una chava en medio de dos vatos, con las manos de ellos explorándola como si fuera territorio sagrado. Sentí un cosquilleo entre las piernas, el calor subiendo por el estómago.

¿Y si lo platico con Carlos? ¿Se armaría el desmadre de verdad?

Me imaginé a mí en esas posiciones, con Carlos y su compa Miguel, ese wey alto y tatuado que siempre me guiñaba el ojo cuando nos veíamos. Miguel era el tipo de carnal que no se andaba con chingaderas, siempre con una sonrisa pícara. Cerré los ojos y dejé que las imágenes me invadiesen: el olor a piel caliente, el sabor salado de besos húmedos, el roce áspero de barbas contra mis tetas. Me toqué un poco, pero no era suficiente. Le mandé un mensajito a Carlos: "Wey, ven pa'cá. Tengo unas imágenes pornos de tríos que te van a poner como toro".

Media hora después, la puerta se abrió de golpe. Carlos entró riendo, con la playera pegada al pecho por el sudor. ¡Órale, qué chido! dijo, lanzándose al sofá conmigo. Le mostré las fotos en mi cel, y sus ojos se encendieron como luces de Navidad. Estas imágenes pornos de tríos están de poca madre, murmuró, mientras su mano subía por mi muslo. Yo sentía su aliento caliente en el cuello, oliendo a chela y a hombre. "Imagínate, mi reina, tú en el centro, yo y Miguel dándote todo". Mi corazón latía como tamborazo zacatecano, y entre las piernas ya estaba empapada.

Le propuse llamarlo. Carlos no lo pensó dos veces. Marcó a Miguel, que andaba cerca, en Condesa. "Ven wey, Ana tiene unas ideas locochonas". Minutos después, Miguel llegaba con una botella de tequila y esa mirada que prometía desmadre. Se sentó entre nosotros, oliendo a colonia cara y aventura. Les serví shots, y el ambiente se cargó de electricidad. Hablamos de las imágenes, riéndonos nerviosos al principio. "Neta, esas imágenes pornos de tríos me han dado vueltas en la cabeza toda la tarde", confesé, sintiendo el rubor en las mejillas.

Miguel se acercó, su mano rozando mi rodilla. "¿Quieres que hagamos realidad una de esas, preciosa?". Carlos asintió, besándome el hombro. El consentimiento flotaba en el aire, claro como el día. Sí, cabrones, háganmelo, pensé, mientras el pulso me retumbaba en las sienes. Empecé con besos suaves a Carlos, mi lengua saboreando la sal de su boca, mientras Miguel me acariciaba el pelo. El sonido de sus respiraciones se mezclaba con el zumbido del ventilador, y el olor a arousal empezaba a llenar la habitación: ese almizcle dulce que sale cuando el cuerpo se despierta.

Nos fuimos al cuarto, quitándonos la ropa como si quemara. Mi blusa voló, seguida de sus camisetas. Vi los torsos de ellos, Carlos con su pecho velludo y Miguel con tatuajes que serpenteaban como ríos. Me recosté en la cama king size, las sábanas frescas contra mi espalda caliente. Carlos se hincó a un lado, chupándome las tetas con esa succión que me hace arquear. ¡Ay, wey, qué rico! gemí, mientras Miguel besaba mi interior de muslos, su barba raspando delicioso. Sentía sus lenguas como fuego líquido: la de Carlos áspera en mis pezones, la de Miguel suave abriéndose paso hacia mi concha.

Esto es mejor que cualquier imagen, neta. Sus cuerpos contra el mío, el sudor pegándonos como miel.

La tensión crecía con cada roce. Carlos metió dos dedos en mí, moviéndolos lento, mientras yo mamaba la verga de Miguel. ¡Qué sabor tan macho! Salada, venosa, palpitando en mi boca. El cuarto olía a sexo puro: semen pre, jugos míos, sudor fresco. Oía sus jadeos roncos, "¡Chíngame más fuerte, Ana!" pedía Miguel, y yo lo complacía, la baba chorreando por mi barbilla. Carlos se posicionó detrás, frotando su pija contra mi culo, lubricándonos con saliva. "Dime si quieres parar, mi amor", susurró. "¡No pares, pendejos! Denme todo", respondí, empoderada, dueña del momento.

El clímax de la escalada vino cuando me pusieron en cuatro. Miguel debajo, su verga gruesa entrando en mi coño con un plop húmedo que resonó. Carlos atrás, untando lubricante en mi ano, penetrándome despacio. Sentí el estiramiento delicioso, el dolor placero convirtiéndose en éxtasis. Sus caderas chocaban contra mí, paf paf paf, piel contra piel, mientras yo gritaba como loca. El olor a lubricante mezclado con nuestro sudor era embriagador, y el sabor de sus besos, ahora enredados los tres, era de tequila y lujuria. Mis paredes se contraían alrededor de Miguel, ordeñándolo, mientras Carlos me llenaba el culo con embestidas profundas.

Internamente, luchaba con el morbo y el amor. ¿Esto cambia todo con Carlos? No, wey, esto nos une más. Somos libres, consenting, vivos. Pequeñas pausas para mirarnos, para confirmar con ojos y palabras: "¿Sientes bien, reina?". "¡Sí, órale, más!". La intensidad subía como volcán, mis tetas rebotando, sus bolas golpeándome las nalgas. Sudor chorreaba por sus pechos, goteando en mi espalda. Gemía su nombre, "¡Carlos! ¡Miguel!", y ellos respondían con gruñidos animales.

El release llegó en olas. Primero Miguel, corriéndose dentro de mí con un rugido, su leche caliente inundándome, el pulso de su verga contra mis paredes sensibles. Eso me llevó al borde: mi orgasmo explotó, el coño apretando como tenazas, jugos salpicando sus muslos. Carlos no aguantó, sacando su pija para eyacular en mi espalda, chorros calientes que corrían como lava. Colapsamos en un enredo de miembros temblorosos, respiraciones entrecortadas, el aire pesado de nuestro olor compartido.

En el afterglow, nos quedamos así, pieles pegajosas, risas suaves rompiendo el silencio. Carlos me besó la frente, "Te amo, mi vida. ¿Estás bien?". Miguel acarició mi pelo, "Eres una diosa, Ana". Me sentía plena, empoderada, como si hubiéramos cruzado un umbral juntos. Bebimos agua fría, charlando de tonterías, el sol ya bajando tiñendo la habitación de naranja. Esas imágenes pornos de tríos habían sido el chispazo, pero lo real era esto: conexión, placer mutuo, sin culpas.

Quiero más noches así. Con ellos, explorando sin límites. Neta, qué chingón es ser dueña de mi placer.

Miguel se fue con un beso largo, prometiendo repetir. Carlos y yo nos duchamos juntos, jabón resbalando por nuestros cuerpos exhaustos, manos tiernas lavando el sudor. En la cama limpia, nos acurrucamos, su brazo alrededor de mi cintura. "Gracias por esto", murmuré. "Somos un equipo, siempre", respondió. Cerré los ojos, el cuerpo aún zumbando, saboreando el eco de sus toques. Mañana volvería la rutina, pero esta pasión quedaría grabada, un secreto ardiente en nuestra historia.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.