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Cheats de Monster Hunter Tri Wii que Desatan el Deseo

6067 palabras

Cheats de Monster Hunter Tri Wii que Desatan el Deseo

Tú y tu carnala Lupita están tirados en el sofá de tu depa en la Condesa, con la Wii prendida y el control en las manos. El aire huele a palomitas recién hechas, mezcladas con el perfume dulzón de ella, ese que te hace voltear cada rato sin querer. Afuera, el bullicio de la calle se oye lejano, como un murmullo que no molesta la vibra chida que traen. "Wey, neta que este Monster Hunter Tri está cabrón", dices mientras cargas tu arma en la pantalla, el rugido del monstruo retumba en los bocinas.

Lupita se ríe, su carcajada es como música, fresca y picosita. Se acomoda más cerca, su muslo rozando el tuyo, piel tibia contra el short de algodón que traes. "Órale, pendejo, déjame buscar cheats de Monster Hunter Tri Wii en el cel. Así farmiamos fácil y nos echamos unas cheves frías". Sus dedos vuelan en la pantalla del teléfono, y pronto les salen un chorro de códigos: infinito de pociones, armas invencibles. "¡Mira, wey! Este cheat hace que el lagiacrus sea pan comido". Prueban, y de repente, el juego se siente como trampa, pero qué chido, ¿no? Matan al monstruo en minutos, la victoria explota en confeti digital.

El calor sube, no solo por el juego. Lupita se estira, su blusa se sube un cachito, dejando ver la curva de su cintura, piel morena y suave que te hace tragar saliva.

¿Por qué carajos me pongo así con mi carnala? Neta, desde que nos conocemos en la uni, ha habido esta chispa, pero hoy... hoy con estos cheats todo fluye más rápido.
Tú sientes tu pulso acelerarse, el control vibrando en tus manos como un eco de lo que pasa adentro. Ella voltea, ojos brillantes, labios carnosos entreabiertos. "Gracias por invitarme, carnal. Esto está padísimo". Su mano cae casual en tu pierna, y no la quita.

Acto seguido, pausan el juego. La pantalla se congela en el menú de Monster Hunter Tri, con los cheats listos para la próxima. Lupita se gira hacia ti, su aliento cálido rozando tu cuello, oliendo a menta y deseo. "Sabes qué, wey... estos cheats nos hicieron invencibles. ¿Y si probamos algo más cabrón?". Su voz es ronca, juguetona, con ese acento chilango que te enciende. Tú asientes, el corazón latiéndote como tambor en una fiesta. La jalas suave, sus labios chocan con los tuyos, suaves al principio, explorando, luego fieros, lenguas danzando con sabor a palomitas y cerveza.

Las manos recorren, tuyas subiendo por su espalda, sintiendo el calor de su piel bajo la blusa, el latido de su corazón contra tu pecho. Ella gime bajito, un sonido que vibra en tu verga, que ya está dura como piedra. "Quítame esto, pendejo", murmura, y tú obedeces, la blusa vuela, revelando sus chichis perfectos, pezones oscuros endurecidos por el aire fresco. Los besas, lengua girando, saboreando el salado de su piel, mientras ella arquea la espalda, uñas clavándose en tus hombros con placer. Qué rica, neta, su cuerpo es un templo que quiero saquear toda la noche.

Se levantan del sofá, tropezando un poco, riendo como pendejos, el Wii control olvidado en el piso. La llevas a tu recámara, la luz tenue del foco ilumina su silueta, curvas ondulantes como las de una cazadora en el juego. La tumbas en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso, olor a sábanas limpias y su excitación, ese aroma almizclado que te marea. Desabrochas su short, lo bajas lento, besando cada centímetro de muslo, piel suave como terciopelo, hasta llegar a su panocha, ya húmeda, labios hinchados brillando.

"Cómeme, wey... neta que lo quiero", suplica, voz temblorosa. Tú te hundes, lengua lamiendo suave al principio, saboreando su jugo dulce y salado, clítoris palpitando bajo tu toque. Ella gime fuerte, caderas moviéndose, manos enredadas en tu pelo, tirando.

Esto es mejor que cualquier cheat, su sabor me vuelve loco, su olor me marca para siempre.
La haces correrse rápido, cuerpo convulsionando, grito ahogado que llena la habitación, jugos empapando tu barbilla.

Ahora ella te voltea, ojos fieros como una hunter lista para la presa. "Mi turno, carnal". Te quita la ropa de un jalón, tu verga salta libre, venosa y tiesa. La agarra, mano suave apretando, masturbándote lento, pulgar en la cabeza resbalosa de pre-semen. Baja la boca, labios envolviéndote, calor húmedo succionando, lengua girando en la punta. Tú gimes, caderas empujando, el sonido chapoteante mezclándose con su slurpeo. Joder, qué chida chupada, me va a hacer explotar ya. Pero paras, la jalas arriba.

Se pone a ahorita, rodillas a los lados, guiando tu verga a su entrada. Baja despacio, centímetro a centímetro, su panocha apretada tragándote, caliente y resbalosa. "¡Ay, wey, qué gruesa! Lléname". Empieza a moverse, subiendo y bajando, chichis rebotando, sudor perlando su piel, oliendo a sexo puro. Tú agarras sus nalgas, firmes y redondas, guiando el ritmo, embistes profundos que la hacen jadear. El slap de piel contra piel, gemidos sincronizados, el aire cargado de su aroma y el tuyo.

La volteas, perrito estilo cazador, entras de nuevo, más hondo, mano en su clítoris frotando. Ella grita "¡Más fuerte, pendejo! ¡Cógeme como al monstruo!". El clímax se acerca, su panocha aprieta, ordeñándote, tú sientes las bolas tensas, el fuego subiendo. "Me vengo, Lupita... ¡juntos!". Explota todo, chorros calientes llenándola, ella tiembla, corrida otra vez, cuerpos pegados, sudados, temblando.

Caen exhaustos, enredados en las sábanas, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Su cabeza en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. "Neta, wey, esos cheats de Monster Hunter Tri Wii fueron el pretexto perfecto. ¿Jugamos mañana otra vez?". Tú sonríes, besando su frente, oliendo su pelo.

Esto no fue un cheat, fue real, y quiero más cacerías así con ella.
La noche envuelve todo, promesa de más noches invencibles, el Wii esperando en la sala como testigo silencioso de su nueva aventura.

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