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Noche Ardiente en Tri V

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Noche Ardiente en Tri V

El calor de la noche en Polanco te pega como una caricia prohibida mientras caminas hacia la entrada del Club Tri V. Las luces neón parpadean en rojo y morado, prometiendo pecados dulces y consentidos. Eres Laura, una chava de veintiocho años que ha venido a soltarse el pelo después de una semana de puro estrés en la oficina. ¿Por qué no? piensas, sintiendo ya el pulso acelerado bajo tu vestido negro ajustado que deja ver el contorno de tus curvas. El portero te guiña un ojo y te deja pasar con un "pásale, ricura".

Adentro, el ambiente es puro fuego. Reggaetón retumba en los altavoces, haciendo vibrar el piso bajo tus tacones. El olor a tequila y perfume caro se mezcla con algo más primal, como el aroma de pieles calientes rozándose. Ves parejas bailando pegaditas, manos explorando sin vergüenza. Te acercas a la barra, pides un paloma con limón fresco que sabe a verano en la playa. Tus ojos recorren el lugar hasta que los encuentras: ellos. Sofía, una morena de ojos verdes y nalgas que parecen esculpidas, y Luis, alto, moreno, con una sonrisa que dice "ven y descubre". Están en una mesa apartada, riendo, sus cuerpos tocándose con naturalidad.

Neta, ¿me atrevo? Esto es lo que buscaba, ¿no? Un tri v de los buenos, sin complicaciones.

Te miran, te invitan con un gesto. Te sientas, charlas fluyen como el mezcal: de la vida en la CDMX, de lo chido que es soltarse en Tri V. Sofía te roza la mano al pasar el vaso, su piel suave y tibia te eriza la nuca. Luis cuenta anécdotas divertidas, su voz grave te hace imaginarla susurrando guarradas al oído. Sientes el deseo creciendo, un calor húmedo entre tus piernas que te hace cruzarlas. "Ven a bailar con nosotros", dice Sofía, su aliento con sabor a menta rozando tu oreja.

La pista es un caos sensual. Sus cuerpos te envuelven, Sofía delante con sus caderas ondulando contra las tuyas, Luis atrás, su pecho firme presionando tu espalda. Sientes su dureza crecer contra tus nalgas, dura como piedra pulida. El sudor comienza a perlar sus pieles, oliendo a sal y excitación. Tus manos recorren la cintura de Sofía, bajando a sus caderas anchas. Ella gime bajito, "órale, qué rica estás". Luis te besa el cuello, su lengua caliente trazando líneas que te hacen jadear. El mundo se reduce a esto: tacto, ritmo, calor.

Acto de escalada. Después de unos temas, te llevan a una habitación privada. Puertas de terciopelo rojo, luces tenues, una cama king size con sábanas de satén negro. "Todo consentido, ¿verdad?", pregunta Luis, y las tres asienten, ojos brillando de lujuria compartida. Te quitas el vestido, quedando en lencería roja que resalta tus pechos llenos. Sofía se acerca primero, sus labios carnosos besan los tuyos, lengua danzando con sabor a tequila dulce. Sus manos expertas desabrochan tu bra, liberando tus senos que ella lame con devoción, chupando pezones que se endurecen al instante.

¡Qué chingón! Su boca es puro paraíso, siento mi panocha palpitando ya.

Luis observa, su verga ya dura marcando el pantalón. Se desnuda, revelando un cuerpo atlético, su miembro grueso y venoso que te hace salivar. Sofía te empuja suave a la cama, sus dedos bajan tu tanga, exponiendo tu sexo húmedo y depilado. "Mira qué mojada está la mamacita", dice ella, riendo juguetona. Su lengua explora tus pliegues, lamiendo clítoris con movimientos circulares que te arquean la espalda. Gimes fuerte, el sonido rebotando en las paredes. Luis se une, su boca en tus pechos, mordisqueando suave mientras su mano acaricia tu muslo interno.

El placer sube como ola. Cambian posiciones: tú encima de Sofía, vuestras panochas rozándose en un tribbing lento y ardiente. Sientes su humedad contra la tuya, clítoris chocando en fricción eléctrica. "¡Sí, así, chula!", grita ella, uñas clavándose en tus nalgas. Luis se arrodilla detrás, su verga lubricada entra en ti de un empujón consentido, llenándote por completo. El estiramiento es exquisito, cada embestida profunda toca tu punto G. El slap slap de piel contra piel mezcla con jadeos y el olor almizclado de sexos unidos.

Internamente luchas un segundo: ¿demasiado intenso? No, esto es mío, lo quiero todo. Aceleran, Sofía frotándose contra ti mientras Luis te chinga con ritmo brutal pero cariñoso. Sudor gotea de sus frentes a tu piel, salado en tu lengua cuando lo lames de su pecho. Tus paredes internas aprietan su verga, ordeñándola. "¡Me vengo, cabrones!", gritas, el orgasmo explotando como pirotecnia, olas de placer sacudiendo tu cuerpo, jugos chorreando.

No paran. Sofía se corre después, su grito ronco vibrando contra ti, cuerpo temblando. Luis sale, su verga palpitante, y las dos lo atienden: tú chupando la cabeza hinchada, saboreando tu propia esencia mezclada con su precum salado; Sofía lamiendo las bolas. Él gruñe, "¡pinches diosas!", y eyacula chorros calientes en vuestras bocas abiertas, tragando con deleite compartido.

El afterglow es puro éxtasis. Acostados enredados, pieles pegajosas enfriándose, respiraciones calmándose. Sofía acaricia tu cabello, "qué tri v tan chido, ¿regresamos?". Luis trae agua fresca, besos suaves sellan el pacto. Te sientes poderosa, llena, como si hubieras conquistado el mundo en esa cama.

Neta, Tri V es adictivo. Volveré por más noches así.

Salen juntos, la ciudad nocturna los recibe con brisa fresca. El recuerdo de toques, sabores y gemidos queda grabado, un secreto ardiente para revivir en soledad.

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