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Trios de Amigas Desenfrenadas

6430 palabras

Trios de Amigas Desenfrenadas

Era una de esas noches en Cancún que no se olvidan, con el mar susurrando a lo lejos y el aire cargado de sal y promesas. Yo, Ana, acababa de llegar con mis dos compas de toda la vida: Lupe y Carla. Las tres éramos trios de amigas inseparables desde la prepa, siempre juntas en las fiestas, las broncas y ahora, quién sabe, quizás en algo más jugoso. Habíamos rentado una cabaña frente a la playa, de esas con hamacas y terraza para ver las estrellas. La música de cumbia rebajada sonaba bajito desde el Bluetooth, y el tequila reposado que trajimos de la tiendita ya nos tenía sueltecitas.

Lupe, la más güera y con curvas que matan, se recargó en la barandilla, su vestido ligero pegándose a sus chichis por la brisa. ¡Órale, Ana, mira qué luna tan pinche grande! dijo, riendo con esa voz ronca que siempre me ponía la piel chinita. Carla, morena chaparrita pero con un culo que no le pedía permiso a nadie, se acercó con tres shots en la mano. ¡Por nosotras, las reinas de la noche! Brindamos, y el líquido ardiente bajó por mi garganta, calentándome el estómago y algo más abajo.

Estábamos solas, sin novios ni morros de por medio. La tensión flotaba como el humo de un cigarro, porque siempre habíamos bromeado con eso de los trios de amigas. ¿Y si un día lo hacemos de verdad? soltó Lupe una vez, borracha en una peda. Esa noche, con el calor pegajoso y los cuerpos rozándose accidentalmente en la hamaca, sentí que el deseo se me acumulaba en el pecho. Las miré: Lupe oliendo a coco de su crema, Carla a vainilla dulce. Mi corazón latía fuerte, como tambor de banda.

¿Qué chingados estoy pensando? Son mis amigas, pero joder, se ven tan ricas. ¿Y si les propongo? No, no seas pendeja, Ana.

Nos sentamos en la cama king size de la cabaña, las piernas entrelazadas sin querer. Carla empezó a masajearme los hombros, sus dedos firmes hundiéndose en mi piel sudada. Estás tensa, nena. Déjame aflojarla. Lupe se unió, quitándome el top con una sonrisa pícara. ¡Ay, tus tetas están más firmes que nunca! Sus manos rozaron mis pezones, y un jadeo se me escapó. El aire se llenó de nuestro olor: mezcla de sudor, tequila y esa humedad que empieza a traicionar.

El beso vino natural, como si lo hubiéramos planeado. Lupe me tomó la cara, sus labios suaves y calientes contra los míos, saboreando a tequila y menta. Carla observaba, mordiéndose el labio, hasta que se acercó por detrás, besándome el cuello. Las trios de amigas como nosotras merecen esto murmuró Lupe, mientras sus manos bajaban por mi panza, desabrochando mis shorts. Sentí su aliento en mi oreja, caliente, y mi concha se contrajo de anticipación. El sonido de la tela rasgándose fue como un trueno en la quietud.

Me recostaron despacio, sus cuerpos presionando contra el mío. Lupe se quitó el vestido, revelando sus chichis grandes y oscuros pezones duros como piedras. Carla ya estaba en calzones, su piel morena brillando bajo la luz de la luna que se colaba por la ventana. Olía a mar y a excitación, ese aroma almizclado que te hace babear. Mis manos exploraron: toqué las nalgas firmes de Carla, suaves como mango maduro, y apreté las tetas de Lupe, sintiendo cómo se endurecían bajo mis palmas.

Chúpame, Ana suplicó Lupe, guiando mi boca a su pezón. Lo lamí despacio, saboreando la sal de su piel, el sabor dulce de su sudor. Ella gimió bajito, un sonido gutural que me vibró en el cuerpo. Carla se deslizó entre mis piernas, besando mi interior de muslos. Estás empapada, carnala dijo con voz ronca, y su lengua rozó mi clítoris. Fue como un rayo: mi espalda se arqueó, las caderas se movieron solas. El placer subía en olas, caliente y pegajoso.

No mames, esto es mejor que cualquier verga. Sus lenguas, sus manos... me van a volver loca.

La cosa escaló rápido. Cambiamos posiciones como en una coreografía improvisada. Yo me puse de rodillas, chupando la panocha de Carla mientras Lupe me lamía desde atrás. Su lengua entraba y salía, saboreando mis jugos, y el sonido chapoteante llenaba la habitación junto con nuestros jadeos. ¡Más rápido, güey! gritó Carla, tirando de mi pelo. Olía a su excitación fuerte, terrosa, y la probé: agria y dulce, adictiva. Lupe metió dos dedos en mí, curvándolos justo ahí, y vi estrellas. Mi pulso tronaba en los oídos, el sudor nos unía como pegamento.

Lupe se recostó, abriendo las piernas. Ahora nos toca a las dos hacerte volar dijo Carla, y nos turnamos lamiéndola. Yo chupaba su clítoris hinchado mientras Carla metía la lengua profundo. Lupe se retorcía, sus muslos temblando, gritando ¡Pinche rico, cabronas! ¡No paren! El cuarto apestaba a sexo: humedad, piel caliente, un toque de orina de la emoción. Mis dedos encontraron el punto G de Lupe, y ella explotó: un chorro caliente me salpicó la cara, su cuerpo convulsionando como poseída.

El clímax nos alcanzó a las tres casi al mismo tiempo. Carla se frotó contra mi pierna, su concha resbalosa dejando un rastro húmedo, mientras yo me corría con los dedos de Lupe adentro, ondas de placer que me nublaron la vista. Gritos ahogados, mordidas en hombros, uñas clavándose en carne. El mundo se redujo a tacto: piel contra piel, pulsos latiendo al unísono, el olor embriagador de nuestro orgasmo colectivo.

Después, el afterglow fue puro paraíso. Nos quedamos tiradas en la cama revuelta, cuerpos enredados, respiraciones calmándose. Lupe me besó la frente, su pelo pegado a mi mejilla. Eso fue épico, mis trios de amigas favoritas susurró. Carla rio bajito, trazando círculos en mi panza. ¿Repetimos mañana? La playa nos espera. Sentí una paz profunda, como si hubiéramos cruzado una puerta sin vuelta atrás, pero qué chingón camino.

La brisa entró trayendo olor a mar fresco, limpiando el aire cargado. Nuestros cuerpos aún hormigueaban, sensibles al roce más leve. En mi mente, repasaba cada sensación: el sabor salado de Lupe, la suavidad de Carla, el fuego que nos unió. No éramos solo amigas; éramos amantes en este secreto nuestro. Mañana, el sol saldría igual, pero nosotras brillaríamos diferente, marcadas por esta noche de trios de amigas desenfrenadas.

Nos dormimos así, piel con piel, soñando con más.

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