Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo La Pasión del Profoot Triotic Orthotic La Pasión del Profoot Triotic Orthotic

La Pasión del Profoot Triotic Orthotic

7822 palabras

La Pasión del Profoot Triotic Orthotic

Hacía semanas que mis pies me traían de cabeza. Trabajando todo el día en la tienda de ropa en la Zona Rosa, con tacos altos y plantillas de mierda, neta que ya no aguantaba el dolor en el arco. Órale, pensé, tengo que ir al podólogo antes de que me dé un patatús. Así que un viernes por la tarde, después de cerrar, me planté en esa clínica chida en Polanco, recomendada por una carnala. El lugar olía a limpio, con ese aroma a desinfectante mezclado con cuero nuevo de zapatos.

El doctor, un morro guapísimo de unos treinta, con barba recortada y ojos que te comían con la mirada, me atendió de volada. Se llamaba Javier, pero no era él lo que me interesaba. Me revisó los pies, midió todo y dijo: "Lo que necesitas es el Profoot Triad Orthotic. Es una plantilla perfecta para tu tipo de pie, te va a dar soporte en el arco, talón y antepié. Te lo ajusto aquí mismo." Sentí sus manos firmes masajeando mis plantas, el calor de sus dedos hundiéndose en la carne cansada. Neta, qué rico, se me escapó un suspiro. Me calzó las plantillas nuevas en mis flats favoritas, de cuero suave, y caminé un poco. El Profoot Triad Orthotic se sentía como un abrazo firme, moldeándose a mi pie, quitándome el dolor de un jalón. Caminé con una postura más erguida, mis caderas balanceándose natural, como si me hubieran inyectado confianza sexual.

¿Por qué carajos esto me prende tanto? Es solo una plantilla, pero siento cada curva apoyándome, como si me tocara un amante secreto.

Llegué a casa con Luis, mi novio de dos años, oliendo a excitación contenida. Él es alto, moreno, con tatuajes en los brazos que me vuelven loca. Le enseñé las plantillas nuevas mientras cenábamos tacos de suadero en la terraza, con la ciudad brillando abajo. "Mira wey, el Profoot Triad Orthotic este. Me quitó el dolor de chingadazos." Luis se agachó, me quitó un zapato y palpó la plantilla con los dedos. Su mirada se encendió, como si hubiera descubierto un tesoro. "Neta Ana, se ve profesional, pero en ti se ve... sensual. ¿Me dejas oler?" Reí, pero mi piel se erizó cuando inhaló profundo el aroma a cuero y mi sudor ligero.

Ya teníamos planes para esa noche. Habíamos platicado de invitar a Raúl, el carnal de Luis, un vato fit de gym, con sonrisa pícara y cuerpo que quita el hipo. Los tres éramos carnales, habíamos coqueteado antes en fiestas, y esta vez queríamos ir más allá. Un triad, como le decíamos, consensual y chingón. La idea me ponía nerviosa pero mojada. ¿Y si metemos los pies en esto? pensé, recordando cómo Luis siempre me chupaba los deditos después de un día largo.

Raúl llegó a las nueve, con una botella de mezcal artisanal. Nos sentamos en el sofá de la sala, luces bajas, música de Natalia Lafourcade de fondo suave. El aire olía a humo de copal y anticipación. Charlamos pendejadas, pero las miradas se cruzaban cargadas. Luis me sirvió un trago, su mano rozando mi muslo. "Ana, camina para Raúl, muéstrale cómo te sientes con esas plantillas nuevas." Me paré, di unas vueltas, el Profoot Triad Orthotic haciendo clic-clic en el piso de madera. Raúl silbó bajito. "Qué chingonas se ven tus piernas, carnala. Esos zapatos con las orthotics te hacen ver como diosa."

La tensión subió como pulque fermentando. Luis se acercó primero, arrodillándose para masajearme los tobillos. Sus manos subían lentas, sintiendo el borde rígido del Profoot Triad Orthotic bajo el cuero.

Pinche calor que me sube por las piernas, siento el pulso en mi concha latiendo.
Raúl se unió, quitándome el otro zapato despacio. El sonido del velcro imaginario, aunque eran planos, fue como un susurro erótico. Olían a mi día: un toque salado, cuero tibio. Luis lamió la plantilla primero, su lengua trazando la curva del arco. "Sabe a ti, Ana, mezclado con esto nuevo. Qué rico." Yo gemí, arqueando la espalda.

Me recargaron en el sofá, los dos a mis pies. Raúl besaba mis talones, presionando contra el soporte firme del Profoot Triad Orthotic, mientras Luis chupaba mis dedotes por encima del borde. Sentía cada texturita: la suavidad de sus labios, la rigidez plástica moldeada a mi pie, el calor húmedo de sus bocas. Mi piel picaba de placer, olor a saliva y excitación llenando el aire. "No mames, cabrones, me van a hacer venir así nomás." Reían, pero no paraban. Sus manos subían por mis pantorrillas, quitándome la falda despacio, revelando mi tanga empapada.

Escalamos al cuarto, alfombra suave bajo mis pies aún calzados. Me tumbaron en la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi piel ardiente. Luis se desnudó primero, su verga dura saltando libre, venosa y lista. Raúl lo siguió, igual de impresionante, con vello en el pecho que olía a jabón de lavanda. Yo me quité la blusa, tetas libres balanceándose. Los quiero adentro, ya, pensé, pero saboreé la espera.

Esto del Profoot Triad Orthotic me tiene en otra, siento mis pies como centro del universo, cada roce manda chispas directo a mi clítoris.

Luis se acostó, jalándome encima. Monté su cara primero, su lengua hundiéndose en mi coño chorreante, sabor salado y dulce de mi flujo. Raúl masajeaba mis pies desde atrás, presionando los arcos con pulgares firmes sobre las orthotics. El contraste me volvía loca: placer blando abajo, presión exacta arriba. Gemí fuerte, "¡Ay wey, sí, así!" El cuarto resonaba con chupadas húmedas, respiraciones agitadas, mi piel sudando ligera.

Cambiaron posiciones. Raúl me penetró lento desde atrás, su pito grueso abriéndose paso, llenándome hasta el fondo. Olía a macho puro, sudor y deseo. Luis debajo, chupando mis tetas, mordisqueando pezones duros como piedras. Pero no soltaron mis pies: uno lamiendo la suela del Profoot Triad Orthotic, el otro frotando mi planta contra su verga. Sentía la fricción, el plástico liso contra su piel caliente, lubricándose con mi sudor. "Quítenselas ya, cabrones, quiero piel con piel." Lo hicieron, tirando las plantillas a un lado con un sonido suave. Mis pies desnudos, suaves por el masaje previo, ahora libres. Dedos entrelazados, lenguas lamiendo plantas sensibles, olor a pies calientes y sexo puro.

La intensidad subió. Yo en cuatro, Raúl embistiéndome duro, palmadas en mi culo resonando como tambores. Luis en mi boca, su verga saboreando a pre-semen salado. Mis pies atrás, Raúl chupándolos mientras me cogía, Luis pisándolos suave con su pie.

Neta, nunca sentí tanto, es como si el Profoot Triad Orthotic hubiera despertado algo salvaje en nosotros.
El clímax llegó en olas. Primero Raúl gruñendo, llenándome de leche caliente que chorreaba por mis muslos. Luego Luis en mi boca, tragando su esencia espesa. Yo exploté última, gritando "¡Me vengo, pinches dioses!", cuerpo temblando, concha contrayéndose en espasmos.

Nos derrumbamos en un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones calmándose. El aire olía a sexo crudo, mezcal y las plantillas olvidadas en el piso. Luis me besó la frente, Raúl mi mano. "Eso estuvo de poca madre, Ana. Tus pies con el Profoot Triad Orthotic fueron la estrella." Reí bajito, sintiendo el afterglow tibio en cada músculo relajado.

Quién iba a decir que unas orthotics me llevarían a este paraíso. Mañana las uso todo el día, soñando con más noches así.

Nos quedamos así hasta el amanecer, pieles pegadas, corazones latiendo en sintonía. El triad había sido perfecto, consensual, empoderador. Y el Profoot Triad Orthotic, ese detalle chiquito, lo había hecho inolvidable.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.