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Trío Ardiente CDMX

6712 palabras

Trío Ardiente CDMX

Tú llegas a CDMX con el corazón latiendo fuerte, esa ciudad que siempre te ha llamado como un imán de tentaciones. El avión aterriza en el aeropuerto y ya sientes el pulso vibrante del asfalto caliente, el olor a smog mezclado con el aroma de tacos callejeros que se cuela por las ventanillas. Has venido por negocios, pero en el fondo sabes que buscas algo más: aventura, piel contra piel, esa descarga de placer que solo pasa en la capital. En tu hotel en la Condesa, con las luces de neón parpadeando afuera, abres la app de encuentros. Tecleas tri cdmx y aparecen ellos: Alex y Diego, dos morros bien plantados, de unos treinta tacos, con fotos que te hacen mojar las bragas al instante. "Buscamos morra para tri en CDMX esta noche", dice el mensaje. Les escribes, el chat prende rápido. Chécanos en el bar El Parnita a las diez, ¿late? Late un chingo.

El Parnita está a reventar, música electrónica retumba suave, luces tenues que acarician las curvas de la gente. Tú entras con un vestido negro ajustado que marca tus chichis y tu culo redondo, el tacón cliqueando contra el piso de madera. Los ves de inmediato: Alex, alto, moreno, con tatuajes asomando por la camisa abierta, ojos que te desnudan; Diego, más delgado, rubio teñido, sonrisa pícara y manos grandes que imaginas explorándote. Se levantan, te abrazan, sus cuerpos duros rozan el tuyo. "¡Órale, qué chida llegaste!", dice Alex con voz ronca, su aliento a tequila rozando tu oreja. Diego te da un beso en la mejilla, su barba incipiente raspando delicioso. Piden rondas de mezcal, el líquido quema tu garganta, sube calor por tu pecho. Hablan de la vida en CDMX, de fiestas en Polanco, de cómo un tri cdmx es lo mejor para romper la rutina. Tú ríes, coqueteas, sientes mariposas en el estómago mezcladas con un cosquilleo entre las piernas. Sus rodillas tocan las tuyas bajo la mesa, dedos rozan accidentalmente tu muslo.

¿Y si digo que sí? ¿Y si me dejo llevar por estos dos pendejos tan guapos?
La tensión crece con cada shot, sus miradas prometen lo que vendrá.

Media hora después, sales con ellos al aire nocturno, el bullicio de la Condesa envuelve todo: cláxones, risas, olor a fritanga lejana. Caminan pegados a ti, un brazo de Alex en tu cintura, la mano de Diego bajando juguetona por tu espalda. "Vamos a mi depa en Polanco, está chido", murmura Diego. Suben a un Uber, tú en medio, sus muslos apretando los tuyos. En el carro, Alex te besa el cuello, suave al principio, luego chupando la piel hasta dejarte un chupetón que arde rico. Diego te agarra la mano, la pone en su paquete duro como piedra. No mames, ya están listos, piensas, mientras tu concha palpita, mojada, ansiosa. Llegan al edificio moderno, elevador privado subiendo lento, sus bocas en ti ya: Alex devorando tus labios, lengua invadiendo tu boca con sabor a mezcal; Diego mordisqueando tu oreja, susurrando "Te vamos a hacer gritar, morrita". El ding del elevador suena como una promesa.

El depa es un sueño: ventanales del piso al techo con vista al skyline de CDMX brillando, luces de la Reforma parpadeando como estrellas caídas. Luces bajas, música suave de fondo. Te quitan el vestido con manos temblorosas de deseo, exponiendo tu lencería roja. "¡Qué rica estás!", gime Alex, sus ojos devorando tus tetas. Tú les arrancas las camisas, sientes sus pechos firmes, abdominales marcados bajo tus palmas. Diego te lleva a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra tu piel caliente. Se desnudan rápido, vergas paradas, gruesas, venosas, apuntando a ti como misiles.

Quiero probarlas, sentirlas en mi boca, en mi panocha, en todos lados.
Empiezan lento: tú de rodillas, chupas a Alex mientras Diego te acaricia el pelo, luego cambias, la verga de Diego salada y caliente en tu lengua, gimiendo "Así, chúpala rica". Sus manos en tus chichis, pellizcando pezones duros, enviando chispas directo a tu clítoris hinchado.

La cosa escala. Te tumban boca arriba, Alex entre tus piernas, lamiendo tu panocha con maestría: lengua plana lamiendo de abajo arriba, chupando el botón como si fuera un dulce, tus jugos cubriendo su barbilla. Hueles su colonia masculina mezclada con tu aroma almizclado de excitación, sientes el sudor perlando sus frentes. Diego te besa, metiendo lengua profunda mientras sus dedos juegan con tu ano, lubricado con tu propia humedad. Gimes contra su boca, caderas arqueándose. "Me late tu conchita tan mojada", gruñe Alex, metiendo dos dedos, curvándolos contra tu punto G. El placer sube en oleadas, tu pulso retumba en oídos, piel erizada. Cambian: Diego te penetra primero, verga gruesa estirándote delicioso, embiste lento, profundo, sacando hasta la punta y clavándola de nuevo. Alex te la mete en la boca, follándote la garganta suave. Sientes el slap slap de pelvis contra muslos, el olor a sexo llenando la habitación, gemidos roncos mezclados con tus alaridos ahogados. Es demasiado bueno, no aguanto.

El ritmo acelera, sudas, cuerpos resbalosos chocando. Te ponen a cuatro patas, Diego atrás cogiéndote duro, bolas golpeando tu clítoris, Alex debajo lamiendo donde se unen, lengua en tu ano. "¡Qué chingón este tri cdmx!", jadea Diego, palmeando tu culo rojo. Tú gritas, placer punzante, orgasmos acercándose como tormenta. Cambian otra vez: Alex te monta, verga más larga tocando fondo, Diego en tu boca. Tus uñas clavan sus espaldas, marcas rojas que mañana recordarán. Sientes sus pulsos acelerados contra tu piel, alientos calientes en tu cuello, el sabor salado de sudor lamiendo sus pechos.

Quiero que se corran conmigo, llenarme de ellos.
El clímax explota: tú primero, concha contrayéndose en espasmos violentos, chorros mojando sábanas, grito gutural. Alex se corre dentro, caliente, espeso, llenándote; Diego en tu boca, tragas lo que puedes, resto en tus tetas. Colapsan sobre ti, pesados, jadeantes.

El afterglow es puro éxtasis. Yacen enredados, piel pegajosa enfriándose, ciudad zumbando afuera como testigo silencioso. Alex acaricia tu pelo, Diego besa tu hombro. "Fue de lujo, morra", susurra uno. Tú sonríes, cuerpo flojo, satisfecho, concha aún palpitando. Piden room service: tacos al pastor y chelas frías. Comen riendo, desnudos, hablando de más aventuras en CDMX. Este tri cdmx fue lo mejor que me ha pasado, piensas, mientras el amanecer tiñe el cielo de rosa. Te vistes lento, besos de despedida prometen repetición. Sales al pasillo, piernas temblando, sonrisa boba, sabiendo que la capital te ha marcado para siempre con su fuego ardiente.

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