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Videos XXX de Tríos que Encienden el Deseo

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Videos XXX de Tríos que Encienden el Deseo

Todo empezó una noche cualquiera en mi depa de la Condesa, con el ruido de los coches allá abajo y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana entreabierta. Yo, Ana, acababa de llegar del gym, sudada y con las endorfinas a todo lo que da. Luis, mi morro, estaba tirado en el sofá con la laptop en las piernas, los ojos clavados en la pantalla como si le fuera la vida en ello. Me acerqué sigilosa, pensando en darle un susto, pero vi de reojo lo que estaba viendo: videos XXX de tríos. Tres cuerpos enredados, gemidos que salían del parlante, pieles brillando de sudor bajo luces tenues.

¿Qué chingados? ¿Mi Luis, el serio de la oficina, viendo eso?
Pensé, pero en vez de enojarme, un calorcillo me subió por el estómago. Me mordí el labio y me senté a su lado, rozando mi muslo contra el suyo.

¿Qué onda, wey? ¿Te gustan los tríos? —le dije juguetona, con voz ronca.

Él se sonrojó como tomate, pero no apagó la pantalla. En cambio, sonrió pillo y me jaló hacia él.

—Neta, Ana, siempre he fantaseado con eso. Tú tan rica, yo, y otro morro... o una chava. ¿Qué dices?

El corazón me latió fuerte. Yo nunca había pensado en algo así, pero ver esos videos XXX de tríos me prendió. Los cuerpos se movían con una sincronía perfecta, toques suaves que se volvían salvajes, lenguas explorando cada rincón. Olía a su perfume mezclado con mi sudor del gym, y sentí mi panocha humedecerse solo de imaginarlo.

Pasamos la noche hablando de eso, riéndonos nerviosos, tocándonos por encima de la ropa. Al día siguiente, en el desayuno, con el aroma del café y chilaquiles humeantes, le propuse algo loco: invitar a Marco, el carnal de Luis, que siempre andaba coqueteando conmigo en las carnitas del barrio.

¿Estás en serio, pinche loca? —dijo Luis, pero sus ojos brillaban de emoción.

Marco era guapo, alto, con tatuajes que asomaban por las mangas de su camiseta. Todos éramos carnales, neta confiábamos el uno en el otro. Le mandamos un mensajito juguetón: "Ven al depa esta noche, tenemos una sorpresa chida".

La tarde se me hizo eterna. Me bañé con jabón de lavanda, me depilé toda suave, me puse un vestido negro ceñido que marcaba mis curvas, sin calzones debajo. El espejo me devolvía una Ana empoderada, lista para lo que viniera.

Esto va a ser épico, o un desastre total
, me dije, pero el pulso acelerado me decía que valía la pena.

Marco llegó puntual, con una botella de tequila reposado y esa sonrisa de pendejo que derretía. Nos sentamos en el balcón, con la brisa nocturna trayendo olores de jazmines del parque y el bullicio de la Roma. Brindamos, platicamos pendejadas de la chamba, del fut en el barrio. Poco a poco, Luis sacó el tema.

—Oye, Marco, ¿has visto videos XXX de tríos? Tipo, de esos que te dejan con ganas de más.

Marco se carcajeó, sus ojos recorriéndome las piernas.

¡Órale, carnal! Claro que sí. ¿Por qué? ¿Quieren que les recomiende unos?

Yo intervine, con la voz temblorosa de anticipación:

—No, wey. Queremos hacer uno. Contigo.

El silencio fue pesado, pero Marco no se achicó. Se acercó, su mano rozando mi rodilla, cálida y firme.

—Si Ana está de acuerdo, yo entro al quite. Pero todo en confianza, ¿eh?

Asentimos, y el beso empezó con Luis. Sus labios familiares, su lengua saboreando el tequila en mi boca. Marco observaba, y cuando me volteé hacia él, su beso fue más salvaje, barba raspando mi piel, manos grandes apretando mi cintura. Olía a colonia fresca y hombre, un contraste perfecto.

Entramos al cuarto, luces bajas, velas de vainilla encendidas que llenaban el aire de dulzor. Me quitaron el vestido despacio, sus cuatro manos explorando: Luis besando mi cuello, saboreando el salado de mi piel; Marco lamiendo mis chichis, endureciendo mis pezones con dientes suaves. Gemí bajito, el sonido reverberando en mi pecho.

Esto es real, no un video. Sus respiraciones agitadas, el calor de sus cuerpos presionando el mío
.

Luis se arrodilló, separando mis piernas. Su lengua en mi clítoris, chupando suave al principio, luego con hambre. Marco me besaba, sus dedos pellizcando mis pezones, enviando chispas por mi espina. Sentí el primer orgasmo venir como ola, mis muslos temblando, jugos corriendo por las piernas de Luis. Grité su nombre, y el de Marco, mezclados.

Ellos se desnudaron, vergas duras saltando libres. La de Luis, gruesa y conocida; la de Marco, larga, venosa, palpitando. Me puse de rodillas, el piso fresco contra mis rodillas. Las tomé en las manos, piel suave sobre dureza. Lamí una, luego la otra, saboreando el salado pre-semen, sus gemidos roncos como música. Luis me jaló el pelo suave, Marco acariciaba mi mejilla.

Qué rica boca, Ana. Chúpala más profundo —gruñó Marco.

Me subieron a la cama, king size que crujía bajo nosotros. Me puse encima de Luis, su verga entrando despacio en mi panocha empapada. Cada centímetro estirándome, llenándome. Reboté lento, sintiendo cada vena rozar mis paredes. Marco se acercó por detrás, lubricante fresco goteando en mi ano. Su dedo primero, explorando, luego dos, abriéndome. El dolor placer me hizo jadear.

Cuando entró, fue explosión. Doblemente llena, sus vergas moviéndose en ritmo alterno: cuando uno salía, el otro entraba profundo. Sudor goteando, mezclándose con nuestros olores a sexo crudo, almizcle y vainilla. Manos por todos lados: nalgadas suaves, pechos amasados, clítoris frotado. Los sonidos: carne chocando, húmeda palmadas, nuestros ayes en coro.

Nunca sentí tanto. Como si me partieran en dos, pero en éxtasis puro. Mi cuerpo no era mío, era de ellos, y de mí al mando
.

Cambié posiciones, ahora Marco debajo, su verga golpeando mi G directo. Luis en mi boca, follándome la garganta suave. El sabor salado, el olor de su pubis. Orgasmos en cadena: el mío explotando con chorros, mojando las sábanas; el de Marco gruñendo, llenándome adentro caliente; Luis eyaculando en mi boca, tragándome todo, espeso y cálido.

Colapsamos en un enredo de extremidades, pechos agitados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El cuarto olía a sexo satisfecho, con la brisa trayendo aire fresco. Nos reímos bajito, besos suaves post-sexo.

Pinches locos, eso estuvo de lujo —dijo Marco, acariciando mi pelo.

Luis me abrazó por detrás.

—Te amo, Ana. Gracias por esto.

Yo, flotando en afterglow, pensé en grabarlo algún día, un video XXX de tríos nuestro, privado. Pero esa noche, solo éramos nosotros, conectados más que nunca. Marco se quedó a dormir, los tres en la cama grande, cuerpos entrelazados en sueño plácido.

Al amanecer, con sol filtrándose por las cortinas y olor a café de nuevo, supe que esto no era el fin. Era el principio de aventuras que nos unían, empoderándonos en el deseo compartido. Neta, los videos XXX de tríos palidecían ante lo nuestro: real, consensual, puro fuego mexicano.

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