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Bedoyecta Tri Precio de Éxtasis Salvaje

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Bedoyecta Tri Precio de Éxtasis Salvaje

Tú estás sentado en tu depa en la Condesa, con el calor de la tarde pegándote en la nuca mientras el ventilador zumba como un moscardón pendejo. El pinche trabajo te ha dejado hecho mierda, con las pilas al suelo, y piensas en ella, en Luisa, esa morra que te enciende con solo una mirada. Quieres estar al cien para esta noche, así que sacas el cel y buscas bedoyecta tri precio. Encuentras una buena oferta en la farmacia de la esquina, solo trescientos varos por la caja. Sales volando, pagas y te avientas una inyección rápida en el baño, sintiendo el fresco del líquido entrando en tu vena, prometiendo energía pura.

Regresas, el corazón ya latiendo más fuerte, un cosquilleo en los brazos como si el mundo se pusiera más vivo. Mandas un whatss: Ven güey, preparé unas enchiladas suizas que te van a volar la cabeza. Ella responde con un emoji de fuego y un Ya mero llego, carnal. Preparas la mesa en el balcón, luces tenues, velitas parpadeando, el olor a chile y queso derritiéndose en el aire. El sol se pone tiñendo todo de naranja, y tú sientes esa chinga de vitalidad subiendo, como si el bedoyecta tri te hubiera inyectado pura testosterona.

La puerta suena, y ahí está Luisa, con su falda ajustada que marca sus curvas perfectas, el escote dejando ver justo lo suficiente para que se te haga agua la boca. Huele a vainilla y a algo más salvaje, su perfume mezclado con su piel caliente. Te abraza fuerte, sus tetas presionando contra tu pecho, y te planta un beso que sabe a chicle de fresa y deseo. ¿Qué onda con tanta energía de repente? te dice riendo, mientras se sienta y cruza las piernas, rozándote la rodilla adrede.

Pinche Luisa, siempre sabe cómo ponerme a mil. Hoy voy a darle con todo, gracias al bedoyecta tri precio que valió cada peso.

Comen, platicando pendejadas del día, pero el aire se carga de electricidad. Cada vez que se ríe, su mano roza la tuya, sus ojos te comen vivo. Le cuentas lo del bedoyecta tri, cómo buscaste el bedoyecta tri precio y lo compraste pensando en tener pila para ella. ¿En serio, güey? ¿Eso es para qué? ¿Para que no te quedes corto en la cama? Se burla juguetona, lamiéndose los labios, y tú sientes el pulso acelerarse, el calor subiendo por tu verga que ya se despierta bajo el pantalón.

Terminan de comer, y ella se para, estirándose como gata, la falda subiéndose un poco para mostrar muslos suaves y bronceados. Ven, ayúdame a lavar los platos, dice, pero sabes que es pretexto. En la cocina, el agua corre caliente, jabón espumoso, y ella se pega a tu espalda, sus manos bajando por tu abdomen. Sientes sus uñas arañando suave, su aliento en tu oreja. ¿De verdad el bedoyecta te puso así de caliente? Susurra, mordiéndote el lóbulo. Tú giras, la agarras de la cintura, sus caderas redondas llenando tus palmas, piel tibia como seda bajo tus dedos.

La besas con hambre, lenguas enredándose, sabor a enchilada picosa y su saliva dulce. Gime bajito, un sonido que te eriza la piel, vibrando en tu pecho. La levantas sobre la encimera, platos olvidados, el agua salpicando. Tus manos suben por sus muslos, abriendo sus piernas, encontrando el calor húmedo de sus calzones. Ya estás mojada, cabrona, le dices, y ella ríe, jalándote el pelo. Es por ti, no por tu vitamina pendeja.

La llevas al cuarto, tropezando con la alfombra, riendo como niños traviesos. La tiras en la cama king size, sábanas frescas oliendo a suavizante de lavanda. Se quita la blusa despacio, tetas perfectas saltando libres, pezones duros como caramelos. Tú te desvestís rápido, verga parada dura como fierro gracias al subidón de energía. Ella te mira con ojos brillantes, lamiéndose los labios. Ven aquí, déjame probarte.

Se arrodilla en la cama, pelo negro cayendo en cascada, y te chupa la punta, lengua girando lenta, saliva caliente resbalando. Gimes fuerte, el sonido rebotando en las paredes, manos en su cabeza guiándola. Sabor salado tuyo mezclado con su boca húmeda, succiones que te hacen temblar las rodillas. Qué rico, Luisa, no pares. Pero ella sube, empujándote a la cama, montándote como amazona.

Siento cada vena de mi verga latiendo dentro de ella, el bedoyecta tri precio pagado con creces en este paraíso.

Sus caderas giran, vaquera experta, tetas botando al ritmo, sudor brillando en su piel morena. El cuarto huele a sexo crudo, almizcle de arousal, pieles chocando con palmadas húmedas. Tus manos aprietan sus nalgas firmes, dedos hundiéndose en carne suave, guiándola más rápido. Ella jadea, ¡Más duro, pendejo! ¡Dame todo!, voz ronca, uñas clavándose en tu pecho dejando marcas rojas que arden delicioso.

Cambian posiciones, tú encima ahora, misionero profundo, piernas de ella en tus hombros, entrando hasta el fondo. Sientes sus paredes apretándote, calientes y resbalosas, cada embestida un chapoteo jugoso. Besas su cuello, mordisqueando, sabor salado de sudor. Ella arquea la espalda, gritando tu nombre, ¡Sí, así, no pares!. El clímax se acerca, tensión en tu vientre como resorte, pulsos retumbando en oídos.

La volteas a cuatro patas, vista de su culo perfecto, redondo, invitándote. Entras de nuevo, manos en sus caderas, embistiendo salvaje. Piel contra piel, slap slap slap, su pelo revuelto, gemidos convirtiéndose en alaridos. Me vengo, güey, me vengo! grita ella, cuerpo temblando, apretándote como vicio. Tú no aguantas más, explosión dentro de ella, chorros calientes, piernas flaqueando, cayendo juntos en un enredo sudoroso.

Jadean pesados, corazones galopando al unísono, el aire espeso con olor a semen y jugos mezclados. La abrazas, su cabeza en tu pecho, pelo pegajoso en tu piel. Pinche bedoyecta tri precio, valió la pena, dices riendo, y ella te da un zape juguetón. Fue por nosotros, tonto. Pero la próxima invito yo. Se quedan así, caricias suaves, besos perezosos, el mundo afuera olvidado.

La noche avanza, luna colándose por la ventana, iluminando sus curvas. Hablan bajito de sueños, de viajes a la playa, de más noches como esta. Sientes la energía aún zumbando suave, pero ahora es paz profunda, conexión real. Ella se acurruca más, suspiro contento, y tú piensas que no hay precio mejor que este éxtasis compartido.

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