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XXX Trio con Mi Novia

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XXX Trio con Mi Novia

Neta que nunca pensé que mi vida sexual iba a dar un giro tan cabrón. Yo, un wey normal de veintiocho años, viviendo en un depa chido en la Roma, con mi novia Ana, que es una morra de veintiséis con curvas que te hacen babear. Pelo negro largo, ojos cafés que te clavan, y unas nalgas que parecen esculpidas por los dioses. Llevábamos como dos años juntos, y la química entre nosotros era pura pólvora. Pero esa noche, todo cambió cuando ella soltó la bomba.

Estábamos tirados en el sofá, con unas chelas frías en la mano, viendo una peli de Netflix que ya ni recordamos. El aire olía a su perfume de vainilla mezclado con el humo de su cigarro electrónico. ¿Sabes qué, carnal? me dijo de repente, recargando su cabeza en mi pecho. Últimamente he estado pensando en algo heavy. Un XXX trio con mi novio... contigo y otra morra. Sentí cómo mi verga dio un brinco instantáneo bajo los shorts. ¿Qué pedo? ¿En serio? Ella se rió, viéndome con esa mirada pícara que me pone como loco.

Imagina, wey, las dos chupándotela al mismo tiempo, montándote mientras nos comemos mutuamente. Neta que me moja nomás de pensarlo.
Mi pulso se aceleró, el corazón latiéndome en los oídos como tambores de mariachi. La besé duro, saboreando sus labios suaves y jugosos, con ese toque salado de la cerveza.

Al día siguiente, Ana no lo dejó pasar. Me mandó un mensaje: Esta noche viene Laura, mi compa de la uni. Es fire, wey. Prepárate para el XXX trio con tu novia. Laura era una chava que yo conocía de oídas: veintisiete años, gym adicta, con tetas firmes y un culo que desafía la gravedad. Rubia teñida, piel morena clara, y una risa que te calienta la sangre. Llegó puntual, con un vestido negro ajustado que dejaba poco a la imaginación. El olor a su colonia cítrica invadió el depa apenas cruzó la puerta. ¡Órale, qué chido lugar! exclamó, abrazando a Ana como si fueran hermanas. Yo les serví unos tequilas con limón y sal, y el ambiente se cargó de electricidad desde el primer trago.

Empezamos platicando pendejadas, recordando anécdotas de la chamba y la uni. Ana se sentó entre las dos en el sofá, su mano rozando mi muslo casualmente, mientras Laura cruzaba las piernas, dejando ver un pedacito de encaje rojo. El calor subía, no solo por el tequila que nos quemaba la garganta, sino por las miradas que se cruzaban. Mira nada más a tu carnal, Lau, dijo Ana, apretándome la verga por encima del pantalón. Ya está listo para el juego. Laura se mordió el labio, sus ojos verdes brillando.

¿Y si empezamos con un besito?
Susurró, inclinándose hacia Ana. Yo las vi besarse, lento al principio, lenguas danzando, el sonido húmedo de sus labios chupándose. Mi verga palpitaba dura como piedra, el olor a sus excitaciones empezando a mezclarse en el aire.

Ana me jaló hacia ellas, y de pronto estaba en medio. Sus manos por todos lados: las de Ana desabrochándome la camisa, sintiendo sus uñas arañando mi pecho peludo; las de Laura bajando mi zipper, liberando mi verga gruesa y venosa. ¡Qué pinga tan rica, wey! gimió Laura, lamiendo la punta con su lengua caliente y áspera. El sabor salado de mi pre-semen en su boca me hizo jadear. Ana se quitó el top, dejando ver sus chichis redondas con pezones oscuros erectos. Las chupé una por una, succionando fuerte, oyendo sus gemidos agudos que rebotaban en las paredes. El sudor empezaba a perlar sus pieles, oliendo a deseo puro, a feromonas mexicanas calientes.

Nos movimos al cuarto, tirando ropa por el camino. El colchón king size crujió bajo nuestro peso. Ana se puso a cuatro patas, su panocha rosada y empapada brillando bajo la luz tenue. Cómeme, Lau, ordenó, y Laura se hundió entre sus nalgas, lamiendo con avidez, el sonido chapoteante de su lengua en la concha jugosa llenando la habitación. Yo me posicioné atrás de Laura, escupiendo en mi verga para lubricar, y la embestí de un solo empujón. ¡Aaaah, cabrón! gritó ella, su culo rebotando contra mi pelvis. Cada estocada era un trueno: piel contra piel, slap-slap-slap, su coño apretado ordeñándome la verga como si no quisiera soltarla. Ana se retorcía, masturbándose mientras veía, sus jugos chorreando por los muslos de Laura.

El calor era infernal, el aire espeso con olor a sexo: almizcle, sudor, tequila rancio. Cambiamos posiciones como en una coreografía salvaje. Ana se montó en mi cara, su panocha sabrosa aplastándome la boca. La chupé con furia, lengua metiéndose en sus pliegues calientes, bebiendo su miel dulce y salada. Laura cabalgaba mi verga, sus tetas saltando hipnóticamente, pezones rozando mi pecho.

Esto es el XXX trio con mi novia que siempre quise, wey
, pensé, perdido en el éxtasis, mi mente nublada por el placer. Sus paredes vaginales me apretaban rítmicamente, y yo empujaba desde abajo, sintiendo cada vena de mi verga frotando sus entrañas.

La tensión crecía como una tormenta. Ana se corrió primero, temblando sobre mi rostro, gritando ¡Me vengo, pinche wey!, inundándome con su squirt caliente que me ahogaba deliciosamente. Laura no se quedó atrás, su coño convulsionando alrededor de mi polla, uñas clavadas en mis hombros dejando marcas rojas. Yo aguanté lo más que pude, pero cuando Ana se bajó y las dos se arrodillaron para mamármela juntas... fue demasiado. Sus lenguas gemelas lamiendo mi tronco, chupando mis huevos pesados, labios rozándose en la punta. Córrete, amor, llénanos la boca, suplicó Ana. Explote con un rugido gutural, chorros espesos de leche caliente salpicando sus caras, gargantas, tetas. Ellas se besaron, compartiendo mi semen, el sabor amargo y cremoso en sus lenguas.

Nos derrumbamos en un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El cuarto olía a clímax: semen fresco, coños satisfechos, pieles húmedas. Ana se acurrucó en mi pecho, su mano acariciando mi verga flácida. ¿Ves? El XXX trio con mi novia fue épico, murmuró, besándome la oreja. Laura, del otro lado, trazaba círculos en mi abdomen. Neta que hay que repetir, carnales. Reí bajito, el cuerpo pesado de placer, sintiendo una paz profunda. Fuera, la ciudad zumbaba con sus luces y ruidos lejanos, pero adentro, éramos un mundo propio de lujuria compartida.

Desde esa noche, nuestra relación se volvió más fuerte, más abierta. Ana y yo hablamos de todo, sin tabúes. Laura se convirtió en nuestra cómplice ocasional, pero siempre con respeto y cariño. Ese XXX trio con mi novia no fue solo sexo; fue una conexión que nos unió más, rompiendo barreras que ni sabíamos que teníamos. Y cada vez que lo recordamos, mi verga se para sola, lista para más aventuras en este pinche paraíso mexicano de placeres infinitos.

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