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Biografia De El Tri

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Biografia De El Tri

Todo empezó en una fiesta en Polanco, de esas donde el aire huele a perfume caro mezclado con el humo de cigarros finos y el eco de risas que prometen aventuras. Yo, Ana, acababa de cumplir treinta, con el cuerpo todavía firme como fruta madura, lista para morderse. Llevaba un vestido negro ajustado que marcaba mis curvas, y el calor de la noche me hacía sudar un poquito en la nuca, ese sudor que atrae miradas. Ahí los vi: Marco y Luis, carnales inseparables, altos, morenos, con esa pinta de rockeros mexicanos que te hacen mojar con solo una sonrisa.

Marco era el más guapo, con ojos verdes que te desnudan, y Luis, el bromista, con tatuajes que asomaban por la camisa abierta. Estábamos platicando de música, de El Tri, la banda que nos unía desde chavos. "Órale, ¿ya leíste la biografia de el tri?", dijo Marco, pasándome un trago de tequila reposado que quemaba dulce en la lengua. "Es la neta, carnal, cuenta cómo se armó su triángulo de pasión en los escenarios". Reí, sintiendo el alcohol calentar mi vientre, y pensé: ¿Y si yo vivo mi propia biografia de el tri esta noche?

La tensión creció como el volumen de una rola en vivo. Bailamos pegaditos, sus manos en mi cintura, el roce de sus cuerpos contra el mío. Sentía el bulto de Marco presionando mi cadera, duro como piedra, y Luis susurrándome al oído: "Estás cañona, nena, nos traes locos". Mi piel erizaba, el olor a su colonia masculina me mareaba, y entre mis piernas un cosquilleo húmedo que no paraba.

"¿Quieren seguir la fiesta en mi depa? Vivo cerca", les solté, con la voz ronca de deseo.
No lo pensaron dos veces. En el Uber, sus manos ya exploraban: Marco por mi muslo arriba, Luis besando mi cuello, saboreando el salado de mi piel.

Acto dos: la escalada

Llegamos a mi penthouse en Reforma, luces tenues, música de El Tri sonando bajito: "Abuso", qué apropiado. Nos quitamos la ropa como si quemara. Yo en el centro, desnuda, mis tetas firmes con pezones duros como balas, mi panocha ya brillando de jugos. Marco y Luis se desabrocharon los jeans, sacando sus vergas gruesas, venosas, palpitantes. El aire se llenó del olor a macho excitado, ese almizcle que te hace gemir sin querer.

Me arrodillé primero, porque quería saborearlos. Tomé la verga de Marco en la boca, chupando lento, sintiendo el sabor salado de su prepucio, la vena latiendo contra mi lengua. Luis se masturbaba viéndome, su mano subiendo y bajando con un shluck shluck húmedo. "Qué chingona mamada, Ana", gruñó Marco, enredando sus dedos en mi pelo. Cambié a Luis, su verga más gruesa, me llenaba la boca hasta la garganta, haciendo que babeáramos. Mis manos jugaban con sus huevos pesados, suaves como terciopelo.

Me levantaron como pluma, me tiraron en la cama king size. Marco se hundió entre mis piernas, lamiendo mi clítoris con lengua experta, círculos rápidos que me hacían arquear la espalda. "¡Ay, cabrón, qué rico!", grité, mis jugos chorreando en su cara barbuda. Luis mamaba mis tetas, mordisqueando suave, el dolor placentero mandando chispas a mi coño. Sentía sus pulsos acelerados contra mi piel, el sudor perlando sus cuerpos morenos, oliendo a sexo puro.

El conflicto interno me azotaba: ¿Soy una puta por quererlos a los dos? No, soy reina, esto es mi biografia de el tri, mi historia de placer sin culpas. Les pedí: "Cárguenme, pendejos, fóllenme juntos". Marco se acostó, yo cabalgándolo, su verga abriéndome como nunca, rozando mi punto G con cada rebote. El sonido de carne contra carne, plaf plaf, música erótica. Luis detrás, lubricándonos con saliva, metiendo su verga en mi culo despacio. Dolor inicial, luego éxtasis puro. Llenos los dos, me movía entre ellos, gemidos sincronizados como coro de rola.

Escalaba la intensidad: sus manos por todos lados, pellizcando, acariciando. Olía a tequila en sus alientos, a mi aroma almizclado de hembra en celo. Marco aceleraba embestidas, "Te voy a llenar, puta rica", y Luis gruñía: "Tu culo es mío". Mi orgasmo vino como tsunami, contracciones apretándolos, gritando "¡Sí, chingado, sí!" hasta que vi estrellas. Ellos explotaron: Marco chorros calientes en mi útero, Luis pintando mis nalgas. Colapsamos, pieles pegajosas, respiraciones jadeantes.

Pero no paró ahí. Descansamos bebiendo agua fría, riendo de lo chido. Segunda ronda: yo de perrito, Marco en panocha, Luis en boca. Sus vergas relucientes de fluidos nuestros. Lamí sus culos, saboreando lo prohibido, ellos gimiendo como locos. "Eres la mejor, Ana, nuestra diosa del tri", dijo Luis. El roce de sus cuerpos contra mí, el calor irradiando, me llevó a otro clímax, temblando entera.

Acto tres: el afterglow

Al amanecer, el sol filtrándose por las cortinas, yacíamos enredados. Sus cabezas en mi pecho, dedos trazando círculos perezosos en mi piel aún sensible. El olor a sexo impregnaba las sábanas revueltas, un perfume de satisfacción. Marco besó mi frente: "Esto fue épico, como la biografia de el tri que leímos". Reí suave, sintiendo mi cuerpo saciado, músculos flojos de placer.

Internamente reflexionaba:

Esta noche escribí mi propia biografia de el tri, no de una banda, sino de pasiones que se cruzan sin remordimientos. Me empoderó, me hizo sentir viva, deseada, completa.
Se despidieron con besos largos, prometiendo repetición. Yo me quedé en la cama, tocándome suave recordando, un último orgasmo solitario sellando la noche.

Ahora, cada vez que escucho El Tri, mi cuerpo vibra, recordando esa biografia de el tri que cambió mi forma de gozar. ¿Y tú, lector? ¿Listo para la tuya?

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