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Trio en la Ducha XXX Ardiente

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Trio en la Ducha XXX Ardiente

El calor de la noche en la Ciudad de México nos tenía sudando como locos. Yo, Ana, acababa de llegar a mi depa después de una fiesta épica con mi novio Luis y su carnala Sofía. Habíamos bailado salsa hasta que nos dolían los pies, con el ritmo pegajoso de cumbia rebajada retumbando en los oídos. El aire olía a tequila y perfume barato mezclado con sudor fresco, ese olor que te pone la piel de gallina de pura excitación. Luis, con su sonrisa pícara y esos brazos tatuados que tanto me gustan, me jaló hacia la cocina mientras Sofía se recargaba en la barra, riendo con esa risa ronca que me erizaba los vellos.

Órale, neta que estamos hechos un desastre, dijo Sofía, pasándose la mano por el escote de su blusita ajustada, dejando ver un brillo de sudor entre sus pechos. Yo la miré de reojo, sintiendo un cosquilleo raro en el estómago. Siempre había sido la amiga guapa, con curvas que volvían locos a todos, pelo negro largo y ojos cafés que prometían travesuras. Luis, ese pendejo encantador, soltó: ¿Y si nos echamos un trio en la ducha xxx para limpiarnos rapidito? Lo dijo en broma, pero su mirada se clavó en nosotras dos, y el ambiente se cargó de electricidad. Mi corazón latió más fuerte, imaginando el agua cayendo sobre nuestros cuerpos desnudos.

Al principio reí, pero Sofía se mordió el labio y contestó: ¿Por qué no, güeys? Suena chido. Sentí un calor subir por mis muslos, un deseo que no esperaba.

¿De verdad voy a hacer esto? ¿Con mi carnal y su amiga? Neta que sí, se siente tan correcto, tan mojado ya en mis panties
, pensé mientras nos dirigíamos al baño grande, el que tiene regadera de lluvia con chorros por todos lados. El vapor empezó a llenar el aire cuando abrí la llave, y el sonido del agua golpeando las baldosas blancas era como un tambor lejano, invitándonos.

Luis se quitó la playera primero, revelando su pecho moreno y marcado por horas en el gym. Sofía lo siguió, deslizando su falda al piso con un movimiento lento, sensual, quedando en tanga roja que apenas cubría su culazo redondo. Yo me desvestí temblando un poco, mis tetas medianas saltando libres, pezones ya duros por el fresco del baño. Nos metimos los tres bajo el chorro caliente, el agua cayendo como una cascada tropical, oliendo a jabón de lavanda que Luis siempre usa, mezclado con nuestro aroma natural, ese almizcle de excitación que te hace salivar.

Las manos de Luis rozaron mi cintura primero, suaves pero firmes, mientras Sofía se pegaba por detrás, sus pechos aplastándose contra mi espalda. Qué rica estás, Ana, murmuró ella al oído, su aliento caliente contra mi cuello mojado. Sentí su lengua lamiendo una gota de agua que bajaba por mi hombro, salada y dulce a la vez. Mi piel se erizó, pulsos acelerados latiendo en mis sienes. Luis nos miró con ojos hambrientos, su verga ya semi-dura rozando mi muslo, gruesa y venosa, palpitando con el calor del agua.

El tension se acumulaba como una tormenta. Yo giré hacia Sofía, curiosa, y le di un beso tentativo en los labios. Eran suaves, carnosos, sabiendo a menta de su chicle y a deseo puro. Ella respondió con hambre, metiendo la lengua, explorando mi boca mientras sus manos bajaban a mis nalgas, amasándolas con fuerza. Luis gruñó, besando mi cuello, mordisqueando la piel sensible justo debajo de la oreja.

Esto es el paraíso, neta. Sus cuerpos contra el mío, el agua resbalando, oliendo a sexo inminente. No quiero que pare
.

Gradualmente, las caricias se volvieron más intensas. Sofía se arrodilló, el agua empapando su pelo, y lamió mis pezones, chupándolos con succiones que me hicieron gemir alto. El sonido rebotaba en las paredes de azulejos, amplificado, erótico. Luis me levantó una pierna, apoyándola en el borde, y sus dedos encontraron mi clítoris hinchado, frotándolo en círculos lentos. Estás chorreando, mi amor, dijo ronco, mientras yo jadeaba, el placer subiendo como olas. Olía a mi propia excitación, ese jugo dulce y pegajoso mezclándose con el jabón.

Yo no me quedé atrás. Bajé la mano y envolví la verga de Luis, masturbándola con movimientos firmes, sintiendo cómo se ponía dura como piedra, latiendo en mi palma. Sofía se unió, lamiendo la punta, su lengua rosada girando alrededor del glande mientras yo la bombeaba. Él echó la cabeza atrás, gimiendo: ¡Carajo, qué rico! El agua caía sobre nosotros como lluvia de verano en el DF, caliente y constante, haciendo que todo resbalara, facilitando cada toque.

El conflicto interno me azotaba:

¿Y si Luis se pone celoso? ¿O Sofía se arrepiente? Pero neta, se siente tan bien, tan liberador. Somos adultos, güeyes, disfrutemos
. Sofía se levantó y me besó de nuevo, compartiendo el sabor salado de Luis en su boca. La giramos, poniéndola contra la pared, y Luis la penetró despacio desde atrás, su verga desapareciendo en su coño depilado y rosado. Ella gritó de placer, ¡Más duro, pendejo!, y yo me arrodillé para lamer donde se unían, sintiendo el roce de su clítoris contra mi lengua, el sabor agridulce de sus jugos mezclados con el agua.

La intensidad crecía. Cambiamos posiciones fluidamente, como en un baile improvisado. Yo me subí a los hombros de Luis, él lamiendo mi coño mientras Sofía lo montaba por delante, rebotando con gemidos que llenaban el baño. Sus tetas grandes saltaban, chapoteando contra su pecho, y yo las pellizcaba, tirando de los pezones oscuros. El vapor nos envolvía, el olor a sexo denso, almizclado, haciendo que mi cabeza diera vueltas. Mis muslos temblaban, el orgasmo acercándose como un tren.

Luis nos puso a las dos de rodillas, su verga frente a nosotras. La chupamos juntas, lenguas entrelazadas alrededor del tronco, succionando las bolas pesadas que olían a hombre puro. Él jadeaba, No aguanto más, y explotó, chorros calientes de semen salpicando nuestras caras y tetas, mezclándose con el agua que nos lavaba al instante. Ese fue el detonante. Yo me toqué frenéticamente, Sofía igual, y llegamos juntas, gritando, cuerpos convulsionando bajo el chorro imparable.

El clímax nos dejó temblando, exhaustos pero felices. Salimos de la ducha envueltos en toallas suaves, el baño empañado como después de una neblina. Nos secamos mutuamente, riendo bajito, caricias tiernas ahora. Luis me abrazó por la cintura, besando mi sien: Te amo, Ana. Esto fue increíble. Sofía nos sonrió, Repetimos cuando quieran, carnalas. Nos fuimos a la cama los tres, pieles aún calientes, oliendo a jabón y placer residual.

Acostada entre ellos, con el corazón latiendo suave ahora, reflexioné.

El trio en la ducha xxx había sido más que sexo: una conexión profunda, un desahogo de tensiones acumuladas. Nos hizo más cercanos, más libres. Neta, la vida es para vivirse así, sin miedos
. El amanecer entraba por la ventana, tiñendo todo de rosa, y supe que esto cambiaría nuestras noches para siempre. Durmiéndonos pegados, con sonrisas en los labios, el mundo afuera podía esperar.

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