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El Fuego del USD Try

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El Fuego del USD Try

Estaba sentada frente a mi compu en el depa de Polanco, con las luces bajas y el aire acondicionado zumbando bajito. El chart del USD try parpadeaba en la pantalla grande, subiendo como mi propia temperatura. Neta, ese par siempre me pone caliente, con sus picos y valles que me hacen imaginar curvas de cuerpos sudados. Yo, Ana, trader independiente de veintiocho pirulos, vestida nomás con una playera holgada y sin bra, sentía el calor entre las piernas cada vez que veía esa línea verde trepando. Olía a café recién hecho mezclado con mi perfume de vainilla, y el sonido de las notificaciones pip-pip me tenía al borde.

De repente, la puerta se abrió y entró Carlos, mi carnal en esto de los trades, con su camisa desabotonada mostrando ese pecho moreno y tatuado. "Órale, mami, ¿ya viste el USD try? Está rompiéndola hoy, wey", dijo con esa voz ronca que me eriza la piel. Él traía el pelo revuelto, como si hubiera corrido desde su oficina en Reforma, y sus ojos cafés me recorrieron de arriba abajo, deteniéndose en mis tetas que se marcaban bajo la tela delgada.

"Puta madre, este cuate siempre sabe cómo entrarme al ojo. ¿Será que hoy por fin nos animamos a más que trades?"

Me levanté despacio, sintiendo el roce fresco del piso de madera contra mis pies descalzos, y me acerqué a él. "Sí, carnal, el USD try está en su punto. ¿Vamos a meternos long o qué?", le contesté juguetona, rozando mi cadera contra la suya. Su olor a colonia masculina y sudor ligero me invadió las fosas nasales, y sentí un cosquilleo en el estómago. Él sonrió picoso, ese gesto de pendejo confiado que me encanta, y me jaló por la cintura.

Nos sentamos juntos frente a las pantallas, nuestras piernas tocándose, el calor de su muslo traspasando mis shorts de algodón. El chart seguía subiendo, el volumen explotando. "Mira cómo se mueve, Ana, como si estuviera desesperado por penetrar resistencias", murmuró cerca de mi oreja, su aliento cálido rozándome el lóbulo. Mi corazón latió fuerte, pum-pum, y bajé la mano disimuladamente a su entrepierna, sintiendo cómo se ponía duro al instante bajo el pantalón.

"Ponte a operar conmigo, wey. Hagamos esta posición juntos", le dije, mi voz ya ronca de deseo. Abrió la plataforma, sus dedos volando sobre el teclado con ese clac-clac rítmico que me hipnotizaba. Yo me recargué en su hombro, mi pecho presionando contra su brazo, y el olor de mi excitación empezaba a flotar en el aire, ese almizcle dulce que no se confunde. El USD try tocó el 1.85, y Carlos gritó "¡Sí, cabrón!" mientras entraba la orden. Su euforia me prendió más, y sin pensarlo, le metí mano por dentro del pantalón, agarrando su verga gruesa y caliente, palpitante como el pulso del mercado.

Él jadeó, girándose para besarme con hambre. Sus labios carnosos aplastaron los míos, lengua invadiendo mi boca con sabor a menta y deseo puro. "Ana, neta te quiero desde hace rato", gruñó entre besos, sus manos subiendo por mis muslos, abriéndolos despacio. Yo gemí bajito, el sonido ahogado por su boca, mientras le bajaba el cierre y sacaba su miembro tieso, venoso, listo para la acción. El tacto era terciopelo caliente sobre acero, y lo apreté suave, sintiendo cómo latía en mi palma.

Nos paramos, tropezando un poco con las sillas, riendo como pendejos excitados. Lo empujé contra la mesa, donde los monitores brillaban con gráficos eróticos. "Quítate todo, Carlos", le ordené, mi voz autoritaria como cuando cierro un trade ganador. Él obedeció rápido, su cuerpo atlético desnudo frente a mí: abdomen marcado, verga erguida apuntándome. Olía a hombre puro, sudor fresco y testosterona. Yo me quité la playera, dejando mis tetas libres, pezones duros como piedritas, y los shorts cayeron al suelo con un susurro.

"Chingado, su mirada me quema. Quiero que me coma entera, que me haga gritar más fuerte que cualquier alerta de trade."

Me arrodillé, el piso frío contra mis rodillas, y lo tomé en la boca despacio. Su sabor salado explotó en mi lengua, grueso llenándome la garganta mientras chupaba con ganas, succionando la cabeza hinchada. Él metió las manos en mi pelo, gimiendo "¡Ay, wey, qué rico!", sus caderas moviéndose leve. El sonido de su respiración agitada, el slap-slap de mi boca contra su piel húmeda, y el pitido del USD try subiendo más me tenían empapada. Mi concha chorreaba, el jugo resbalando por mis muslos internos, olor almizclado invadiendo el cuarto.

"Ya basta, mami, ven acá", me dijo jalándome arriba. Me sentó en la mesa, pantallas iluminando mi piel desnuda con destellos verdes y rojos. Sus dedos exploraron mi entrepierna, abriendo mis labios hinchados, frotando el clítoris con círculos perfectos. "Estás chingada de mojada, Ana", rio pícaro, metiendo dos dedos adentro, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Yo arqueé la espalda, gimiendo alto, el tacto resbaloso y preciso mandándome ondas de placer. "¡Más, pendejo, no pares!" grité, mis uñas clavándose en sus hombros.

El chart del USD try explotaba en la esquina de mi ojo, pero ya no importaba. Él sacó los dedos brillantes de mi jugo y me penetró de un solo empujón, su verga llenándome hasta el fondo. "¡Puta madre!" aullé, el estiramiento delicioso, su grosor rozando cada pared sensible. Empezó a bombear lento al principio, saliendo casi todo y metiendo profundo, el slap-slap de carne contra carne resonando con el zumbido de las fans de las compus. Sudor corría por su pecho, goteando en mis tetas, salado al lamerlo. Yo envolví mis piernas alrededor de su cintura, clavándole los talones, urgiéndolo más rápido.

"Te sientes como un trade perfecto, cabrón", jadeé, mis tetas rebotando con cada estocada. Él aceleró, gruñendo animalesco, sus bolas golpeando mi culo. El olor a sexo crudo llenaba todo, mezclado con el plástico caliente de los teclados. Mi clítoris rozaba su pubis peludo, chispas de placer acumulándose. "¡Me vengo, Ana!" rugió, y sentí su verga hincharse, chorros calientes inundándome adentro mientras yo explotaba, mi concha contrayéndose en espasmos, jugos mezclándose con su leche.

Nos quedamos pegados, respirando como perros, su peso sobre mí reconfortante. El USD try seguía arriba, un take profit perfecto sonando con un ding triunfal. Bajó despacio, besándome suave ahora, labios hinchados rozándose. "Eso fue mejor que cualquier bono, wey", murmuró riendo bajito.

Nos limpiamos con toallas suaves, riendo de lo pendejos que habíamos sido operando desnudos. Me abrazó en la cama después, su piel aún tibia contra la mía, el olor a nosotros persistiendo en las sábanas. "¿Repetimos mañana con el EUR USD?", bromeó, y yo le pellizqué juguetona.

"Neta, este USD try no solo me dio lana, me dio fuego puro. Con Carlos, los mercados nunca serán lo mismo."

Me dormí con su brazo alrededor, el pulso calmado pero el cuerpo recordando cada roce, cada gemido, lista para la próxima subida.

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