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Ocupada Inténtalo Más Tarde

6551 palabras

Ocupada Inténtalo Más Tarde

El ping del WhatsApp te saca de tu siesta en el sofá del depa. Es ella, Karla, la morra que te tiene loco desde hace semanas. Abres el chat con el corazón latiéndote fuerte, esperando un mensajito caliente como los de anoche. Pero no. Solo tres palabras en inglés: "busy try later". Neta, ¿qué pedo? Te imaginas su carita de pendeja sonriendo mientras teclea eso, sabiendo que te va a dejar con la verga parada todo el día.

Te recuestas más en el sillón, el aire acondicionado zumbando bajito, trayendo ese olor fresco a limón del desinfectante que usaste esta mañana. Cierras los ojos y recuerdas su piel, suave como el pétalo de una bugambilia, oliendo a vainilla y sudor dulce después de un polvo rápido en el carro la semana pasada. ¿Por qué chingados me manda eso ahora? Piensas, mientras tu mano baja instintiva al bulto en tus jeans. Ella trabaja en una agencia de publicidad en Reforma, siempre ocupada con clientes gringos que la tienen corriendo de junta en junta. Pero neta, ese "busy try later" te prende más que un mensaje directo de "ven y fóllame". Es como un juego, una promesa de que después va a ser épico.

El sol de la tarde se cuela por las cortinas, calentando tu piel morena, y decides no contestar de una. En cambio, le mandas un emoji de fuego y uno de lengua. Su respuesta tarda media hora: "Jajaja pendejo, estoy en meeting. Aguántate". Sonrías, sintiendo el pulso acelerarse en tu cuello. Ya la ves en tu mente, sentada en esa sala de juntas con su blusita escotada, las tetas prietas asomando justo lo suficiente para volver loco a cualquier cabrón. Su pelo negro largo cayéndole por la espalda, esos labios carnosos pintados de rojo que chupan verga como diosa.

¿Y si no aguanto? ¿Y si me aviento y voy por ella ahorita?

Pero no, sabes que odia las interrupciones en el jale. Así que te levantas, te echas un chorro de agua fría en la cara en el baño, el espejo empañado reflejando tus ojos cafés llenos de deseo. Sales a la cocina, abres una cerveza fría del refri, el psssht del gas liberándose como un suspiro. Te la echas de un trago, el amargo bajando por tu garganta, calmando un poco el fuego en tus bolas.

Pasan las horas. El tráfico de la Ciudad de México ruge afuera, cláxones y vendedores ambulantes gritando "¡Elotes!". Tú caminas por el pasillo del depa, oliendo tu propia colonia, esa que a ella le encanta porque dice que la hace mojar. Otro ping. "Ya saliendo wey. ¿Vienes o qué?". Tu verga salta al instante. "Simón, en 20".

Acto dos. Llegas a su edificio en Polanco, ese lugar chido con alberca en el roof y porteros que no chismosean. Subes en el elevador, el zumbido suave y el espejo mostrándote listo para la guerra: camisa negra ajustada marcando tus pectorales del gym, jeans que aprietan justo donde debe. Tocas el timbre y ella abre, fresca de la ducha, envuelta en una bata de seda que apenas cubre sus muslos gruesos y torneados. Huele a jabón de coco y a esa crema que usa, dulce como un sueño húmedo.

"Orale, qué rápido llegaste, ansioso eh", dice con esa voz ronca, jalándote adentro por la camiseta. Cierras la puerta y la empotras contra la pared del pasillo, tus labios chocando con los suyos. Sabe a menta del chicle y a deseo reprimido. Sus manos bajan a tu culo, apretando fuerte mientras gimes en su boca. "Todo el día pensando en ti por culpa de ese pinche mensaje", le murmuras al oído, mordisqueando su lóbulo. Ella ríe bajito, el sonido vibrando en tu pecho. "Neta, busy try later fue lo mejor que pude mandar. Te quería ver así de caliente".

La cargas en brazos, sus piernas envolviéndote la cintura, caminando hacia la recámara. El piso de madera cruje suave bajo tus pies, y el aire huele a su perfume mezclado con el aroma de las velas que prendió. La tiras en la cama king size, las sábanas blancas arrugándose. Se quita la bata despacio, provocándote, revelando sus chichis perfectas, pezones duros como piedras cafés. Tú te desvestís rápido, la verga saltando libre, venosa y lista, goteando pre-semen.

Te subes encima, besando su cuello, lamiendo el sudor salado que ya perla ahí. Ella arquea la espalda, gimiendo "¡Ay cabrón, qué rico!". Tus manos exploran, bajando por su panza suave hasta su panocha depilada, ya inundada. Metes dos dedos, sintiendo el calor apretado, el jugo chorreando por tu mano. "Estás empapada, nena", le dices, y ella responde jadeando: "Por ti, pendejo. Todo el día fantaseando con tu verga". La chupas despacio, lengua girando en su clítoris hinchado, saboreando su miel salada y dulce. Sus muslos tiemblan contra tus mejillas, uñas clavándose en tu cabeza mientras grita "¡No pares, órale!".

La tensión sube como el volcán en erupción. La volteas boca abajo, nalga arriba, y le das una nalgada juguetona que resuena en la habitación. Ella voltea con ojos de fuego: "Métela ya, no seas mamón". Te posicionas, la cabeza de tu verga rozando su entrada húmeda, y empujas lento. Sientes cada centímetro abriéndose, caliente y apretado como guante de terciopelo. Gimes fuerte, el sudor goteando de tu frente a su espalda. Empiezas a bombear, primero suave, el plaf plaf de piel contra piel llenando el aire, sus gemidos mezclándose con los tuyos.

Aceleramos. La agarras del pelo, jalando suave, ella empuja hacia atrás queriendo más. "¡Más duro, chingame fuerte!". Obedeces, el cuarto oliendo a sexo puro, almizcle y sudor. Sientes tus bolas apretándose, el orgasmo acercándose como tren. Ella se tensa primero, gritando "¡Me vengo, ay wey!", su panocha contrayéndose ordeñándote. No aguantas, explotas dentro, chorros calientes llenándola, el placer cegador haciendo que veas estrellas.

Acto tres. Caen los dos exhaustos en la cama, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Su cabeza en tu pecho, escuchas su corazón latiendo fuerte aún. Acaricias su cabello húmedo, oliendo a sexo y victoria. "Neta, ese busy try later valió la pena", murmuras riendo. Ella levanta la cara, besándote suave: "Simón, la próxima te lo mando más seguido para que vengas así de salvaje". Se acurrucan, el aire nocturno entrando por la ventana con sonidos de la ciudad lejana. Sientes paz, esa conexión profunda más allá del polvo, sabiendo que esto apenas empieza. El deseo satisfecho deja un calor lingering, prometiendo más noches como esta.

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