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El Fuego de la Cancion Chilango del Tri

6582 palabras

El Fuego de la Cancion Chilango del Tri

La noche en la Roma Norte vibra con ese pulso chilango que solo los que somos de aquí entendemos. Tú entras al bar, el aire cargado de humo de cigarro y olor a tequila reposado, mezclado con el perfume dulce de las mujeres que se arreglan pa' la cacería. Las luces tenues pintan sombras en las paredes grafiteadas, y de pronto, los parlantes escupen la canción chilango del Tri, esa rola de El Tri que te eriza la piel como caricia de amante borracho. "¡Chilango blues, chilango blues!", grita la voz rasposa de Alex Lora, y sientes el bajo retumbar en tu pecho, bajando hasta tu entrepierna.

Estás sentada en la barra, con tu chela helada sudando en la mano, cuando él aparece. Alto, moreno, con esa mirada pendeja pero chida de los chilangos que saben lo que traen. Camisa negra ajustada que marca sus pectorales, jeans gastados que abrazan sus muslos firmes.

"¿Bailas la canción chilango del Tri, nena?",
te dice con voz grave, extendiendo la mano. Su aliento huele a mezcal y menta, y tú, sin pensarlo dos veces, dejas la chela y te levantas. Tus tetas rozan su pecho al acercarte, y ya sientes el calor subiendo por tus piernas.

La pista está llena de cuerpos sudados, moviéndose al ritmo rockero. Él te pega a su cuerpo, sus manos en tu cintura, bajando despacito hasta tus nalgas. El roce de su verga dura contra tu vientre te hace morderte el labio. Chingao, qué rico se siente este wey, piensas mientras giras, tu culo presionando su paquete. La canción termina, pero él no te suelta.

"¿Vamos a otro lado? Mi depa está cerquita."
Sus ojos brillan con promesas sucias, y tú asientes, el deseo ya ardiendo en tu panocha.

Acto dos: La escalada

Salen a la calle, el viento fresco de la noche mexicana lame tu piel caliente. Caminan por Insurgentes, riendo de pendejadas, su brazo alrededor de tu hombro, dedo juguetón rozando el nacimiento de tus chichis. Llegan al edificio viejo pero chulo, con vista al skyline de la Ciudad. Suben en el elevador, y apenas cierran la puerta de su depa, él te empuja contra la pared. Sus labios capturan los tuyos, lengua invadiendo tu boca con sabor a tequila y hambre. Sabe a puro vicio chilango, piensas mientras tus uñas se clavan en su espalda.

El lugar huele a incienso y café recién hecho, posters de El Tri en las paredes, una guitarra eléctrica en la esquina. Pone la canción chilango del Tri otra vez, bajito, de fondo.

"Esta rola siempre me pone caliente, como tú."
Te quita la blusa despacio, besando tu cuello, lamiendo el sudor salado que perla tu clavícula. Tus pezones se endurecen bajo su mirada, y él los chupa con hambre, mordisqueando suave hasta que gimes. ¡Ay, cabrón, no pares!

Te lleva al sillón de piel gastada, te sientas a horcajadas sobre él. Tus manos exploran su pecho velludo, bajando al cinturón. Lo desabrochas, liberas su verga gruesa, venosa, palpitante. La tocas, sientes su calor en la palma, el precum resbaloso en la punta. Él gime,

"Chúpamela, preciosa."
Te arrodillas, el piso fresco contra tus rodillas, y la metes en tu boca. Sabe a hombre puro, salado y almizclado. La chupas lento, lengua girando en la cabeza, mientras él te acaricia el pelo. Me encanta cómo me mira, como si fuera su reina.

Pero no se queda ahí. Te levanta, te lleva a la cama king size, sábanas revueltas oliendo a su colonia varonil. Te desnuda por completo, admira tu cuerpo desnudo bajo la luz de neón que se filtra por la ventana.

"Eres una chingona, wey."
Sus dedos recorren tu piel, desde los tobillos hasta tus labios vaginales hinchados. Introduce uno, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que te hace arquear la espalda. Estás empapada, el sonido chapoteante de tus jugos llena el cuarto, mezclado con la guitarra eléctrica de la canción que sigue sonando en loop.

La tensión crece, tus caderas se mueven solas, buscando más. Él se posiciona entre tus piernas, verga rozando tu clítoris, lubricándote más. Lo quiero adentro, ya, pendejo, ruegas en silencio. Te mira a los ojos,

"¿Lista, mi amor?"
Asientes, y entra despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Gritas de placer, sus embestidas lentas al principio, profundas, tocando tu cervix con cada empujón. El sudor nos une, piel contra piel resbalosa, pechos aplastados contra su torso.

Aceleramos, el ritmo de la canción chilango del Tri dicta el nuestro: fuerte, salvaje, chilango. Él te voltea a cuatro patas, te agarra las caderas, azota tu culo suave, dejando marcas rojas que arden rico.

"¡Dame más, cabrón!",
le exiges, y él obedece, follando como animal en celo. Sientes el orgasmo construyéndose, una ola en tu vientre, pulsos en tu coño apretándolo. Él gruñe, está cerca también.

Acto tres: La liberación

El clímax explota. Tú primero, gritando su nombre inventado en el calor –Juan, o lo que sea, pero es tuyo ahora–, tu panocha convulsionando, chorros de placer mojando las sábanas. Él te sigue, sacándola a último segundo, semen caliente salpicando tu espalda, goteando por tus nalgas. Cae sobre ti, exhausto, besando tu nuca sudorosa.

Se quedan así, jadeando, la canción terminando en fade out. El cuarto huele a sexo crudo: esperma, sudor, tus jugos dulces. Él te abraza por detrás, verga semi-dura aún rozando tu culo.

"Eso fue chingón, nena. La mejor interpretación de la canción chilango del Tri."
Ríes bajito, giras para besarlo lento, lenguas perezosas ahora.

Se levantan por agua, charlan de la vida chilanga: el tráfico en Reforma, los tacos al pastor de la esquina, sueños de rockeros frustrados. Vuelven a la cama, follan otra vez, más suave, misionero, mirándose a los ojos. Esta vez él se corre adentro, con tu permiso, llenándote de calor líquido que sientes escurrir.

Al amanecer, la ciudad despierta con cláxones y vendedores ambulantes. Tú te vistes, piernas temblorosas, coño adolorido pero satisfecho.

"Vuelve cuando quieras, mi chilanga favorita."
Le das un beso largo, sales al balcón, el sol tiñendo el skyline de oro. La canción chilango del Tri sonará en mi cabeza por días, recordándome esta noche de puro fuego. Cierras la puerta, con una sonrisa pendeja, lista para más aventuras en esta jungla concreta.

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