Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo XXX En Trio Inolvidable XXX En Trio Inolvidable

XXX En Trio Inolvidable

5970 palabras

XXX En Trio Inolvidable

Estábamos en una cabaña frente a la playa de Puerto Vallarta, con el sonido de las olas rompiendo suave contra la arena y el olor salado del mar colándose por las ventanas abiertas. Yo, Marco, acababa de cumplir treinta y cinco, y mi esposa Ana, esa morena de curvas que me volvía loco desde el primer día, había planeado este viaje para reconectar. Pero lo que no esperaba era la llegada de su mejor amiga, Luisa, una culona de ojos verdes que siempre andaba coqueteando con todo mundo.

¿Y si probamos algo nuevo, carnal? —me dijo Ana esa mañana por WhatsApp, antes de que Luisa aterrizara—. Algo como ese xxx en trio que vimos en un video la otra noche. Neta, me prendió.

Me quedé helado leyendo eso. Ana y yo teníamos una relación chida, abierta en la cama cuando se ponía el mood, pero un trío real? El corazón me latió fuerte solo de imaginarlo. Cuando Luisa llegó, con su bikini rojo asomando bajo el vestido ligero, el aire se cargó de electricidad. Traía una botella de tequila reposado y una sonrisa pícara.

—Wey, qué chido lugar —dijo Luisa abrazándome más de lo necesario, su perfume a coco y vainilla invadiendo mis sentidos—. Ana me contó que andan en mood salvaje.

Ana rio, sirviendo shots. El sol se ponía, tiñendo el cielo de naranja y rosa, mientras poníamos cumbia rebajada en los bocinas. Bailamos en la terraza, sus cuerpos rozándose contra el mío accidentalmente al principio. Sentí el calor de la piel de Ana en mi espalda, el roce suave de la mano de Luisa en mi cintura. El tequila bajaba ardiente por mi garganta, soltando las inhibiciones.

La noche avanzaba, y el deseo se cocía lento. Nos sentamos en el sofá de la sala, con velas parpadeando y el rumor del mar de fondo. Ana se acurrucó en mi regazo, sus labios rozando mi cuello, saboreando a sal y sudor fresco.

—Marco, ¿te late la idea del xxx en trio? —susurró Luisa, su voz ronca como el viento nocturno, mientras sus dedos jugaban con el borde de mi short.

Yo tragué saliva, el pulso acelerado. Neta, esto va en serio, pensé, sintiendo mi verga endurecerse contra el pantalón.

—Si a ustedes les prende, ¿por qué no? —respondí, mi voz grave, mirando sus ojos brillantes.

Ana sonrió, besándome profundo, su lengua danzando con la mía, sabor a tequila y menta. Luisa se acercó, besando mi hombro, su aliento cálido en mi piel. Las manos empezaron a explorar: las de Ana bajando por mi pecho, las de Luisa subiendo por mis muslos. El tacto era eléctrico, piel contra piel, suave y ardiente.

Nos movimos a la cama king size, con sábanas blancas oliendo a lavanda fresca. Ana se quitó el top, dejando ver sus chichis firmes, pezones duros como caramelos. Luisa la imitó, su cuerpo atlético brillando bajo la luz tenue. Yo me desvestí rápido, mi verga saltando libre, palpitante y lista.

—Qué rica verga, wey —dijo Luisa lamiéndose los labios, arrodillándose.

Empezó chupándomela despacio, su boca húmeda y caliente envolviéndome, lengua girando alrededor de la cabeza mientras Ana me besaba, sus uñas arañando mi espalda ligera. El sonido de succión era hipnótico, mezclado con gemidos bajos. Olía a excitación, ese aroma almizclado y dulce que llena el aire cuando los cuerpos se encienden.

Esto es el paraíso, pensé, mientras cambiábamos posiciones. Ahora Ana estaba encima de mí, su panocha mojada rozando mi verga, bajando lento hasta tragármela entera. El calor apretado me volvía loco, sus caderas moviéndose en círculos, nalgas rebotando contra mis bolas. Luisa se sentó en mi cara, su coñito depilado goteando jugos en mi lengua. La saboreé, salado y dulce como mango maduro, lamiendo su clítoris hinchado mientras ella gemía alto, tirando de mi pelo.

—¡Ay, cabrón, qué chido! —gritó Luisa, su voz rompiendo el ritmo de las olas.

El sudor nos cubría, piel resbalosa chocando, sonidos de carne húmeda y respiraciones jadeantes. Ana aceleró, sus tetas botando, uñas clavadas en mi pecho. Sentí su interior contraerse, ordeñándome, mientras yo lamía más fuerte a Luisa, metiendo dos dedos en su culo apretado para volverla loca.

Pero queríamos más. Cambiamos: yo de rodillas detrás de Ana, embistiéndola doggy style, mi verga entrando y saliendo con fuerza, chapoteando en su humedad. Luisa debajo de ella, lamiéndole el clítoris, sus lenguas uniéndose en un beso mojado sobre la panocha de Ana. El olor era intenso, sexo puro, mezclado con el salitre marino que entraba por la ventana.

—Fóllame más duro, amor —suplicó Ana, empujando contra mí, su voz temblorosa.

Luisa se incorporó, besándome mientras yo la penetraba con los dedos, su coño chorreando. El ritmo subió, corazones latiendo al unísono, pieles en llamas. Sentí el orgasmo construyéndose, una ola imparable en mi vientre.

—Me vengo, putas —gruñí, saliendo de Ana para que Luisa me mamara las bolas, Ana frotándose contra mi muslo.

Exploté en chorros calientes sobre sus caras, ellas abriéndose de boca para recibirlo, lamiendo y besándose con mi leche entre ellas. Ana se vino segundos después, gritando mi nombre, su cuerpo convulsionando. Luisa la siguió, frotando su clítoris furiosamente hasta derrumbarse temblando.

Nos quedamos ahí, enredados en un montón sudoroso y satisfecho, el aire pesado con nuestro aroma compartido. El mar susurraba afuera, como aplaudiendo. Ana me acarició el pecho, Luisa apoyada en mi hombro.

El mejor xxx en trio de mi vida —murmuró Ana, besándome suave.

Luisa rio bajito. —Neta, tenemos que repetir, carnales.

Me quedé pensando en cómo algo tan simple como una fantasía vista en un video había explotado en esta noche épica. Nos dormimos así, cuerpos entrelazados, con la promesa de más aventuras bajo el sol mexicano. El deseo no se apaga fácil; solo se enciende más fuerte.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.